Autor e ilustrador: Ximo Abadía
Editorial: Zahorí Books, 2003
Recuerdo el día que encontré este libro en una caseta de la Feria del Libro de Madrid. No estaba a la vista, pero el rojo intenso de su portada sobresalía entre otros títulos. Decidí sacarlo de su discreto lugar del montón. para mi sorpresa, la cubierta era toda una declaración de intenciones. Sentí el nudo en la garganta, la fascinación por una imagen que vale más que mil palabras. La palabra GUERRA en blanco sobre fondo carmesí; un hombre sentado a un piano encerrado en una jaula. ¡Madre mía! ¡Cuánto poder en ese grito de tinta sobre papel! No pude menos que llevarlo conmigo. Para cuando comencé a leerlo, creía que ya había cubierto mi cuota de sorpresa, pero no.
La guerra llama a la puerta. Llega sin que nadie la invite. Trae una lista de cosas que no le gustan.
Así comienza Lo que no le gusta a la guerra, un álbum ilustrado que nos cuenta de manera concreta, con frases cortas y contundentes lo que irrita, odia, detesta, enfurece, fastidia y enloquece a ese monstruo destructor de ilusiones, sueños y vidas.
Con un ritmo sincopado, Ximo Abadía nos va mostrando todo aquello que la guerra aniquila sin compasión: los pájaros, las canciones, los colores, la luz, los abrazos, los niños, el amor, la libertad… con una lista tan extensa de emociones y cosas bellas que detesta, no es extraño que su única pasión sea destruir.
Si el texto es un claro ejemplo de lo mucho que se puede decir utilizando la palabra exacta, el verbo preciso y el punto y aparte a modo de silencio contenido, la elección de la paleta de colores es la compañía perfecta para una sinfonía por la paz. Tres colores para una amplia gama de emociones que provoca en el lector: rojo, negro y blanco. No necesita más. Bueno, sí. Líneas rectas, ángulos agudos, el juego irreverente de las proporciones o la perspectiva. Todo cuenta en este relato que navega entre la inocencia y la cruda realidad tan vigente como en 2023, año de su publicación.
¿Alguna vez te has preguntado qué no le gusta a la guerra? Quizá no. Porque solemos contar las consecuencias que conlleva un conflicto armado, pero aquí tenemos una nueva forma de mirar al monstruo. Es un juego, una propuesta, un paso para la reflexión, un ejercicio de pensamiento crítico. Da igual la edad que se tenga, todos podemos jugar. La respuesta más o menos ingeniosa dependerá de la edad y la sensibilidad del lector.



