“La jirafa y el ratón”: el Ungerer menos conocido

Título: La jirafa y el ratón
Autora: Barbara Brenner
Ilustrador: Tomi Ungerer
Traductores: Sandra Senra y Óscar Senra
Editorial: Kalandraka, 2026
Edad recomendada: a partir de 3 años

En 1966, el mismo año en que publicaba Mr. Tall and Mr. Small (el título original en inglés de La jirafa y el ratón) en la editorial neoyorquina Young Scott Books, Tomi Ungerer lanzaba también El hombre luna (Moon Man), una de las obras cumbre de la literatura infantil del siglo XX, que fue elogiada por el propio Maurice Sendak como uno de los mejores libros de su época.

Ungerer, instalado en Nueva York desde finales de los años cincuenta, se convirtió en un tiempo récord en una de las firmas más solicitadas y polifacéticas del momento. Dibujaba para medios como The New York Times, Esquire, Life o Harper’s Bazaar, concebía el memorable cartel cinematográfico para Dr. Strangelove de Stanley Kubrick y, en paralelo, firmaba clásicos infantiles como Los tres bandidos, Ningún beso para mamá, Emilio o Críctor. Sin embargo, en su trayectoria también existe esta vertiente como ilustrador al servicio de textos ajenos. Así, trabajó en Flat Stanley de Jeff Brown (1964), en las antologías poéticas reunidas por William Cole (1966-1972) o más recientemente en la reinterpretación visual del Heidi de Johanna Spyri (1997).

La jirafa y el ratón pertenece a esta faceta menos conocida pero muy interesante. El trabajo de Ungerer en este álbum es un ejemplo de sobriedad y expresividad. En lugar de recargar las páginas, utiliza una contención cromática que cede todo el protagonismo al dibujo a tinta, con una paleta de marrones suaves, muy lavados, y toques de rojo para resaltar detalles como una flor, las llamas del incendio, el sol… Una gama cromática que se refleja perfectamente en el nuevo diseño gráfico de cubierta (en oposición al primero), con fondo blanco, y con algunos textos aportando ese toque de rojo vivo.

Vista a través de la óptica de Ungerer, la jirafa se aleja de su representación científica. Tiene una gran elegancia, un cuello interminable que recorre las páginas y una mirada cargada de empatía e inteligencia. El ratón representa el nervio, la astucia y la determinación. A pesar de su escala diminuta, su presencia compite en igualdad de condiciones con la de su amiga.

Barbara Brenner no era una escritora cualquiera, sino una destacada redactora, investigadora y teórica vinculada al Bank Street College of Education de Nueva York. Esta institución fue pionera en el estudio del desarrollo cognitivo infantil y en el diseño de lecturas graduadas adaptadas a las primeras etapas del aprendizaje lector (los denominados Beginning Readers).

Este contexto explica mejor la arquitectura del relato: Brenner construye el texto como una cadencia directa de frases cortas, estructuras fijas y repeticiones de palabras. Esta economía de medios responde a ese riguroso planteamiento pedagógico diseñado para afianzar el ritmo, la comprensión y la memoria auditiva en los niños pequeños.

La premisa narrativa del álbum es muy sencilla: una jirafa enorme y un ratón diminuto entablan amistad a través de una serie de pequeños retos cotidianos. Una historia que en otras manos podría haberse convertido en una lección moralizante y pesada sobre la tolerancia o la aceptación de la diversidad, se transforma aquí en una comedia de ingenio visual. La diferencia de tamaño deja de ser un problema o una barrera para convertirse en una herramienta positiva: lo que la jirafa no puede alcanzar por exceso de altura o falta de agilidad, lo resuelve el ratón con su tamaño minúsculo; y lo que el ratón no logra divisar desde el suelo, lo soluciona la jirafa gracias a su atalaya privilegiada.

A pesar de esta premisa, no existe una moralina explícita en el álbum: no hay un párrafo final de conclusiones con el mensaje aleccionador que indique al lector qué aprendizaje debe extraer. La autora muestra así su confianza en la inteligencia del lector infantil, dejando que sea él mismo quien encuentre el valor del respeto y la cooperación al observar el divertido comportamiento de esta pareja.

En definitiva, aunque estemos ante una obra sin pretensiones y con menos garra que obras emblemáticas como Los tres bandidos, es en esa aparente sencillez donde reside su virtud. La jirafa y el ratón es un álbum redondo, muy bien construido y atemporal. Funciona como lectura compartida en voz alta para los prelectores y es una buena puerta de entrada al universo visual de uno de los grandes maestros de la ilustración del siglo XX.

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