Título: In nomine. Las historias escondidas en los nombres científicos
Autor: Alex Nogués
Ilustrador: Guido Ferro
Editorial: Zahorí Books, 2026
Edad recomendada: a partir de 12 años
Si pronunciamos en voz alta Draco volans, Bombus funebris o Tenebrio molitor parece que estemos haciendo una serie de encantamientos. Sin embargo, estas parejas de palabras latinas no son fórmulas mágicas, sino la nomenclatura con la que la ciencia identifica al lagarto planeador, al abejorro sudamericano y al gusano de la harina. Esta capacidad evocadora de ciertos nombres científicos constituye el punto de partida de In nomine. Las historias escondidas en los nombres científicos, un libro informativo que explora las raíces culturales y anécdotas que pueblan la taxonomía científica.
El autor del texto es Alex Nogués, geólogo y paleontólogo con una sólida trayectoria en el ámbito de la divulgación científica para niños y jóvenes, y cuya prosa se caracteriza por su capacidad para combinar precisión científica y estilo literario. En este título recién publicado por Zahorí Books, Nogués une fuerzas con el ilustrador argentino Guido Ferro para construir entre ambos una obra que revela de forma amena y divertida las vicisitudes, homenajes, rivalidades, sesgos y malentendidos que se ocultan tras el latín científico.
El objetivo del libro es abordar las rarezas del sistema de nomenclatura binomial ideado por Carlos Linneo en el siglo XVIII y analizar cómo esta herramienta sirvió para organizar el conocimiento biológico, pero también para proyectar la cultura, la mitología y las pasiones humanas sobre la manera en que clasificamos el mundo natural. A lo largo de sus 64 páginas, cada palabra se convierte en una ventana hacia la historia de la ciencia, dándonos pistas del contexto social en el que fueron concebidas.
Entre las historias que componen el libro hay casos célebres e insólitos. Uno de los más ilustrativos es el error histórico cometido con Oviraptor philoceratops, bautizado por Henry F. Osborn como “ladrón de huevos” al hallarse sobre un nido fósil en el desierto de Gobi, cuando hallazgos posteriores demostraron que en realidad estaba incubando sus propios huevos. Asimismo, la obra recupera la fascinante expedición del siglo XVIII en la que Jeanne Baret, disfrazada de hombre para eludir las prohibiciones de la Armada francesa, recolectó junto a Philibert Commerson los especímenes que darían nombre al género Bougainvillea. También hay espacio para homenajes literarios, como el de la tortuga fósil Psephophorus terrypratchetti, dedicada a Terry Pratchett, creador del magnífico y divertido universo de Mundodisco.
La selección de organismos incluidos en este volumen incluye ejemplos de la botánica, la micología y la zoología. Por ejemplo, tenemos a la planta carnívora Nepenthes jamban, cuyo epíteto significa “retrete” en indonesio debido a la forma de jarra de sus trampas, donde las musarañas acuden a alimentarse de néctar y depositar excrementos que nutren a la planta. En el ámbito de la micología, tenemos el caso de la Amanita caesarea, manjar de los emperadores romanos, en oposición a la mortífera Amanita phalloides. En zoología, conocemos la historia de la araña Bagheera kiplingi, bautizada en honor a la pantera de El libro de la selva por el matrimonio de aracnólogos George y Elizabeth Peckham, y conocida por ser una de las pocas arañas predominantemente herbívoras.
A nivel formal, la obra tiene una estructura híbrida que combina los elementos del cuaderno de campo del naturalista con los recursos gráficos del lenguaje del cómic y el libro divulgativo. Este enfoque ayuda a hacer más amigable la lectura sin restar rigor al contenido. Las viñetas integran referencias históricas y diálogos cómicos que conviven con esquemas taxonómicos detallados, fichas de etiquetado técnico y mapas de contexto. El ritmo resulta equilibrado, intercalando la explicación teórica de los niveles de clasificación —reino, filo, clase, orden, familia, género y especie— con anécdotas de exploración y descubrimiento.
En el apartado gráfico, Guido Ferro emplea una paleta cromática sobria pero expresiva, con composiciones visuales que recuerdan a las láminas científicas del siglo XIX pasadas por el filtro de la historieta contemporánea. La relación entre texto e imagen es estrecha: las ilustraciones nos acercan los retratos de los científicos, la morfología de los organismos y los paisajes de las expediciones, añadiendo una dimensión muy amigable a conceptos teóricos abstractos.
En cuanto al lenguaje, como comentábamos al principio, Nogués elude la jerga académica utilizando analogías cercanas y un tono coloquial que respeta el tema y al lector. Pero, al mismo tiempo, la riqueza del vocabulario permite asimilar conceptos como los taxones, la sinonimia o la nomenclatura casi sin darnos cuenta.
El valor diferencial de In nomine radica en su dimensión humanística. Al situar el foco en las motivaciones, aciertos y malentendidos de quienes nombraron cada organismo, la obra demuestra que la taxonomía no es una disciplina estática, sino un proceso vivo y tras el que hay seres humanos con filias, fobias y contextos muy diferentes. El volumen concluye con un alegato en favor de la conservación, recordando que cada año se nombran miles de especies nuevas al mismo tiempo que muchas otras se extinguen en el anonimato.





