“La caza del Snark”: edición bilingüe de lujo en el 150 aniversario

Título: La caza del Snark. Una agonía en ocho episodios
Autor: Lewis Carroll
Ilustrador: Henry Holiday
Traductor: Juan Gabriel López Guix
Editorial: Folioscopio, 2026
Edad recomendada: A partir de 12 años y lectores adultos

Un día de julio de 1874, mientras paseaba por la campiña en las afueras de Guildford, Charles Lutwidge Dodgson —al que todos conocemos por el seudónimo de Lewis Carroll— fue asaltado por un verso que le vino a la cabeza: «Porque el Snark era un Boojum, verás» (traducido en esta edición como «pues resultó que un Búyum era aquel Snark»). Con este verso final nació La caza del snark (The Hunting of the Snark), el poema épico-burlesco publicado en 1876. Un siglo y medio después de aquella primera edición, la editorial Folioscopio conmemora su sesquicentenario con una cuidada edición de lujo bilingüe que reproduce en formato facsímil el diseño original. Un precioso libro objeto con cubierta gofrada, golpe seco y elegantes acabados en estampado dorado.

La génesis de esta obra encaja perfectamente con la lógica “carrolliana”, pues invierte el orden natural de composición de un poema (por el primer verso, generalmente). Al hacerlo desde la última estrofa, Carroll recurrió al mismo procedimiento de «vivir al revés» que aplicó en A través del espejo, donde la Reina Blanca grita antes de pincharse o el Mensajero del Rey es encarcelado antes de cometer el delito. Este mecanismo —que fue el que dio origen a su propio seudónimo mediante una doble traducción al latín y de nuevo al inglés (Charles > Carolus > Carroll; Lutwidge > Ludovicus > Lewis)—  sedujo al surrealismo (Louis Aragon fue su primer traductor al francés en 1929) y al grupo Oulipo, que consagró a Carroll como un ilustre «plagiario por anticipación».

La historia de La caza del Snark arranca con el desembarco de una tripulación pintoresca en una isla remota. Son diez miembros —el capitán, ocho hombres y un castor— cuyas profesiones u ocupaciones en inglés comienzan por la letra B, pero en la traducción española López Guix ha decidido con buen criterio utilizar apodos relacionados para mantener ese juego: Badajero, Botas, Bonetes, Bufete, Balanza, Billarista, Banquero, Befre, Bizcocho y Babilla. Cuando en su momento preguntaron a Dodgson por la razón de esta omnipresente «B», su respuesta fue «¿Y por qué no?», emulando la respuesta que le dio la Liebre de Marzo a Alicia. El libro incluye, en la parte de anexos, un glosario de personajes con el dibujo de Holiday, el nombre en inglés y español, y una breve descripción.

La caza del Snark - The Ocean ChartUnidos por una búsqueda tan poco concreta, los marineros se lanzan tras la pista de la criatura con una carta náutica en blanco (Ocean-Chart) y con indicaciones incongruentes en el margen. Este viaje ha sido definido como «el viaje imposible de una tripulación improbable en pos de una criatura inconcebible». Sin embargo, la expedición oculta un peligro latente: aunque la mayoría de los Snarks son inofensivos, algunos pertenecen a la temible variedad de los Búyum (Boojum). Si alguien se topa con un Búyum, la consecuencia no es la muerte convencional, sino una desaparición suave, repentina y absoluta de la existencia, sin dejar rastro alguno («blandamente te esfumarás para no volver a aparecer»).

Con esta premisa, Carroll desplegó su maestría en el nonsense, estructurando el poema en ocho episodios o «espasmos» (fits, un juego de palabras que combina distintos significados, desde la sección de un poema a un ataque convulsivo). El ritmo de las 141 estrofas de cuatro versos, marcado por una métrica rigurosa de balada tradicional, contrasta con la disparatada lógica interna. En su prólogo, el propio Carroll parodia la lógica al explicar cómo el barco navegaba marcha atrás porque Badajero desmontaba el bauprés para barnizarlo y luego lo ataban sobre el timón, impidiendo al timonel protestar por una restrictiva norma del reglamento marítimo.

El relato ha tenido múltiples lecturas e interpretaciones. En vida de Carroll, los lectores vieron referencias a acontecimientos contemporáneos de gran repercusión social. Por un lado, se leyó como una sátira del «caso Tichborne», un célebre juicio por suplantación de identidad donde un carnicero de Australia afirmó ser un rico heredero noble fallecido en un naufragio; por otro, como una parodia de la fallida expedición ártica del capitán Georges Nares en 1875, que partió vitoreada por la multitud para conquistar el Polo Norte y regresó derrotada por el hielo.

Sin embargo, otras lecturas conectan el poema con la angustia existencial y la tragedia personal del autor. La mañana de julio en que nació el poema, Dodgson no disfrutaba de un mero paseo relajante: había pasado la noche velando a su ahijado de 22 años, Charlie Wilcox, quien agonizaba consumido por la tuberculosis. A esta pérdida se sumó la repentina muerte de su tío Skeffington Lutwidge, inspector de manicomios, tras ser agredido en la cabeza por un interno.

© Folioscopio

Por ello, especialistas como Martin Gardner han visto en el Snark una reflexión sobre la nada y el pavor a la aniquilación del ser. Otros, como Edward Guiliano, señalan que el humor de la obra es la única válvula de escape frente al horror metafísico de desaparecer. El propio Carroll esquivó siempre las explicaciones sesudas y afirmó en varias cartas que no sabía qué significaba el poema, aunque admitió que la interpretación que más le agradaba era la de una señora que definió el libro como «una alegoría de la búsqueda de la felicidad».

Traducir una obra fundamentada en el juego de palabras, el ritmo anapéstico, la asociación fónica y la métrica de balada exige una destreza extraordinaria. Juan Gabriel López Guix, traductor de acreditada solvencia que ya había acometido las dos entregas de Alicia, asume el reto de trasladar el verso carrolliano al castellano, y logra conservar la rima consonante, la agilidad cómica y las consonancias internas del original.

Un logro notable de esta versión es la conservación del acróstico vertical contenido en la dedicatoria inicial a Gertrude Chataway, una niña que Carroll conoció durante unas vacaciones en la isla de Wight en 1875 y a quien retrató vestida de marinero (dibujo incluido también en esta edición). Las letras iniciales de los versos de la dedicatoria forman el nombre completo de la niña, una filigrana poética que muy pocas traducciones al castellano han conseguido reproducir con éxito. El trabajo de López Guix se complementa con una minuciosa introducción histórica, las biografías de autor, ilustrador y traductor y un exhaustivo catálogo de las ediciones de la obra publicadas en castellano, catalán, gallego y euskera, detallando las bibliotecas públicas donde se encuentran depositadas.

En cuanto a las ilustraciones, tras el agotamiento de John Tenniel —quien rechazó ilustrar más libros tras finalizar A través del espejo—, Carroll reclutó al pintor prerrafaelita Henry Holiday. Conocido por su célebre cuadro Dante y Beatriz (1883), Holiday creó un conjunto de nueve grabados interiores de atmósfera inquietante que complementan a la perfección el texto. Como curiosidad, Carroll rechazó una ilustración que Holiday había preparado para mostrar al Snark, argumentando que la bestia debía permanecer estrictamente inimaginable para el lector. No obstante, esta edición de Folioscopio incluye un guiño conmemorativo en el colofón con este dibujo vetado del Snark. Y, además, un anexo que cuenta el proceso de trabajo y reproduce bocetos de las ilustraciones y estudios de personajes.

Para completar esta estupenda edición, se incluye la parodia filosófica “Un comentario al Snark”, firmado por Snarkophilus Snobbs. Detrás de este nombre se hallaba en realidad el filósofo inglés Ferdinand Canning Scott Schiller, quien en 1901 publicó en la revista Mind! esta sátira contra los idealistas neohegelianos británicos, comparando célebremente la búsqueda del «Absoluto» filosófico con la absurda cacería del Snark y adjuntando una lámina en blanco como «retrato auténtico del Absoluto».

En definitiva, una gran edición de La caza del Snark que destaca por devolver al lector el objeto físico en todo su esplendor artesanal. Un tributo a un clásico inmortal que ofrece a seguidores de Carroll, bibliófilos y amantes del lenguaje una obra de referencia tan bella en la forma como impecable por su contenido.

© Folioscopio

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