Título: Animalotes 1 y 2. El comienzo / Misión implumable (edición especial a color)
Autor e ilustrador: Aaron Blabey
Traductor: Jaime Valero
Editorial: Anaya Infantil y Juvenil, 2026
Edad recomendada: A partir de 8 años
¿Es posible escapar de los corsés impuestos por la naturaleza y la sociedad que te etiquetan siempre como el malo de la película? Esta premisa es el punto de partida para la irreverente obra del australiano Aaron Blabey. Publicada originalmente en Australia por la editorial Scholastic bajo el título The Bad Guys en 2015, esta serie irrumpió en el mercado español en 2017 de la mano de Anaya Infantil y Juvenil bajo el ingenioso nombre de Animalotes, diferenciándose de la versión latina, en la cual Scholastic conservó la traducción literal Los tipos malos.
La trayectoria de Aaron Blabey se caracteriza por la comedia visual y el absurdo. Conocido por álbumes ilustrados de gran éxito como Telma, el unicornio, la divertida serie Coco el perro (Pig the Pug), Gata a la fuga (Cat on the run), o álbumes entrañables como Necesito un abrazo y desternillantes como Las pirañas no comen bananas, Blabey demuestra en Animalotes una gran habilidad para conectar con el humor de los lectores infantiles.
Este volumen especial con ilustraciones a color y cantos tintados rompe con la sobriedad de los episodios clásicos, e incluye los dos primeros: El comienzo y Misión implumable. La colección original, estructurada en veinte entregas en blanco y negro (en España aparecieron en 10 volúmenes con dos episodios cada uno), recibe aquí una cuidada remasterización a todo color. Esta actualización potencia la expresividad del dibujo sin alterar la esencia gamberra que impulsó a la serie a convertirse en un éxito de ventas en todo el mundo, además de inspirar las diferentes adaptaciones cinematográficas y series producidas por DreamWorks que se pueden ver en plataformas de VOD.
La premisa de esta serie arranca con la iniciativa del Sr. Lobo, un depredador incomprendido cansado de infundir pavor. Decidido a limpiar la reputación de su grupo de delincuentes (formado por un elenco de criaturas tradicionalmente malvadas con nombres tan “tarantinianos” como Sr. Serpiente, Sr. Piraña y Sr. Tiburón), su objetivo es constituir “El Club de los Chicos Buenos” y ejecutar actos heroicos y altruistas. El primer episodio narra los torpes y desastrosos intentos de la banda por rescatar a un gatito atrapado en un árbol. En el segundo episodio, Misión implumable, el grupo escala la complejidad de sus operaciones e intenta liberar a diez mil gallinas confinadas en una granja avícola de alta seguridad.
El estilo narrativo de Blabey destaca por un lenguaje muy cinematográfico, como si las viñetas fueran un storyboard. No hay cartelas narrativas, todo se basa en la secuenciación rápida, el uso de la tipografía para destacar palabras y onomatopeyas, y una ruptura constante de la “cuarta pared”. Las intervenciones de los personajes, siempre rápidas e irónicas, generan un ritmo ágil que resulta especialmente atractivo tanto para lectores consolidados como para aquellos que se muestran reacios a la lectura de libros más tradicionales.
El diseño de personajes es el verdadero motor de la obra. Blabey no intenta edulcorar a los temidos protagonistas: mantienen su aspecto imponente, sus dientes afilados y sus impulsos primarios. El conflicto cómico reside precisamente en la fricción entre su temible apariencia e instinto natural y sus desastrosos esfuerzos por actuar con bondad. El Sr. Lobo es el líder optimista y dramático; el Sr. Serpiente encarna el cinismo imprudente; el Sr. Tiburón aporta el humor absurdo gracias a su maestría para el disfraz inverosímil; y el Sr. Piraña añade un toque de impredecible volatilidad. Piernecitas, que aparece en el episodio 2, es la araña hacker que ayuda a la banda a sabotear todos los sistemas de seguridad.
Detrás de las persecuciones, las explosiones cómicas y el humor escatológico contenido, la obra aborda cuestiones de mucha profundidad. La serie reflexiona sobre los prejuicios, la identidad impuesta por el entorno y la capacidad de redención. Blabey demuestra que el deseo de ser mejor persona no requiere convertirse en un modelo de perfección inalcanzable, sino tener la valentía de contradecir lo que se espera de nosotros. La empatía se presenta como una aventura caótica llena de tropiezos.
El gran trabajo de traducción realizado por Jaime Valero en estos veinte episodios es digno de mención. Mantener el tono desenfadado, los juegos de palabras y los chistes visuales del inglés sin perder la naturalidad del castellano es una tarea compleja, pero Valero logra trasladar el humor y la fluidez de los diálogos con frescura, manteniendo el pulso cómico del original y garantizando que las bromas tengan el mismo efecto en los lectores españoles.
En el aspecto visual, la transición del blanco y negro al color aporta volumen, delimita con mayor claridad las viñetas y acentúa la expresividad de los personajes. El trazo desencajado y de corte caricaturesco de Blabey gana con este cambio, logrando que los escenarios y los primeros planos expresivos adquieran una energía más vibrante y cercana a la estética de la animación moderna.
En general, Animalotes huye del paternalismo, y a diferencia de otras propuestas que buscan instruir de manera más evidente, Blabey confía en la inteligencia del lector con una obra que privilegia el disfrute puro, la risa y el ritmo festivo. En este sentido, la serie se emparenta con otras obras irreverentes (e inteligentes) del cómic contemporáneo como las de Dav Pilkey, aunque las de Blabey van dirigidas a lectores de mayor edad.
Esta reedición a color reafirma la vigencia de una saga que ha marcado una época en el cómic infantil de los últimos años. Ofrece una oportunidad inmejorable para que nuevos lectores se adentren en las disparatadas misiones de este grupo de villanos en reconversión y ofrece a los adultos una opción de la lectura atractiva con un valioso trasfondo sobre la empatía y la superación de los estereotipos.





