La niña de rojo

La niña de rojoAaron Frisch
Ilustraciones de Roberto Innocenti
Traducción de Carlos Heras Martínez
Pontevedra: Kalandraka, 2013

Se han hecho muchas versiones de este cuento popular, recogido por Charles Perrault a finales del siglo XVII, tanto en literatura infantil como en televisión, cine, cómic… Pero esta que recomendamos hoy posiblemente sea la más brutal, y la más auténtica. Muchas versiones juegan con el universo atemporal del cuento popular (Caperucita, el bosque, el lobo), pero pocas consiguen trasladar los arquetipos de este relato a nuestro mundo actual, obedeciendo así el sentido original de este relato (“Vemos aquí que los adolescentes y más las jovencitas elegantes, bien hechas y bonitas, hacen mal en oír a ciertas gentes, y que no hay que extrañarse de la broma de que a tantas el lobo se las coma”, nos alecciona Perrault).

La primera ilustración que nos encontramos, después de las guardas, es ya una declaración de intenciones, y una estampa estremecedora del universo que rodea a los niños hoy en día. Un grupo está sentado en una mesa, alrededor de una abuela de juguete de esas que cuentan cuentos: “Acercaos, niños, os voy a tejer un cuento”. El hecho de que sea la abuela un ingenio mecánico ya nos pone en situación. Pero si observamos los innumerables detalles de la habitación, veremos un surtido de juguetes con un punto tenebroso: una muñeca de aspecto sospechosamente “callejero”, un tiburón con un trozo de pie asomando de su boca, un avión de la II Guerra Mundial pilotado por Mickey Mouse, una granada de mano… El vestuario de los niños no es más tranquilizador: todos ellos están repletos de marcas, ataviados con publicidad. Ese es el mundo en el que viven hoy los niños. El cuento está situado ya en un contexto.

Este contexto, esta ambientación urbana actual, es la que flota a lo largo de todo el álbum mientras leemos y vemos la historia de Sofía, “una niña tranquila”, que sale de casa para visitar a su abuela y hacerle compañía. Para ello, tendrá que atravesar la ciudad, repleta de peligros, mensajes publicitarios, comercios, gente y vehículos amenazantes, pasajes sombríos llenos de miseria. El bosque es la ciudad, retratada por Innocenti de una manera muy intencionada, pero que en realidad no difiere demasiado de lo que vemos día a día. Estamos acostumbrados a ello.

En un momento dado, aparece el lobo: es el líder de una pandilla, se hace pasar por su salvador cuando Sofía es acechada por una banda de “chacales” en moto, en los callejones de un suburbio (mientras a lo lejos, en una valla publicitaria, nos parece ver a Berlusconi junto a la frase “I’m the best”). Y se ofrece a llevarla a su destino. Antes de llegar, sin embargo, la deja para que tome un atajo, mientras él se dirige en su moto al destartalado carromato donde vive la abuela. Le vemos entrar, e instantes después vemos a Sofía llegar hasta la puerta, ignorante de lo que hay en el interior.

Para contar el resto de la historia, hemos de decir que hay dos finales: el real y el mágico. En el real, los niños que escuchan el relato lloran como magdalenas. En el mágico, una troupe de policías y periodistas sacan pecho por su hazaña.

Cerramos el libro con el corazón en un puño, después de haber presenciado una historia terrible, pero real, después de haber paseado por una ciudad como las que habitamos, a través de la mirada del ilustrador, que no ha escatimado detalles, que no ha hecho concesiones, y que nos lleva de la mano como un guía de las cloacas, mostrándonos en que se están conviertiendo las grandes urbes, y en general el mundo actual.

El cuento de Perrault acaba mal, el lobo se come a Caperucita. Los hermanos Grimm, en cambio, trajeron al cazador para que le diera un final feliz a la historia. Este álbum nos da las dos opciones. Pero ¿hay opción realmente?

1 comentario en “La niña de rojo

  1. Carmen
    07/12/2013 a las 18:07

    Ningún NIÑO necesita este relato y no creo que le produzca catarsis ni le haga ningún bien. Tal vez para adultos vale, aunque yo prefiero literatura específica. Pero para gustos los colores.

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