“Caperucita en Manhattan” revive en cómic

Guion: Catalina González Vilar
Ilustraciones: Helena Bonastre
Basado en la obra de Carmen Martín Gaite
Editorial: Siruela, 2025
Edad recomendada: a partir de 10 años

En 2025 Carmen Martín Gaite habría cumplido cien años, en Siruela han decidido celebrarlo con una nueva propuesta visual para una de sus obras más emblemáticas. Con más de 600.000 ejemplares vendidos desde 1990 y traducida a quince idiomas, Caperucita en Manhattan se consagró como un clásico moderno que ahora salta a las viñetas con una fuerza renovada.

Helena Bonastre y Catalina González Vilar han logrado con esta adaptación respetar la esencia del original y al mismo tiempo crear un lenguaje visual propio que casa bien con el espíritu de la obra.

En tiempos donde los jóvenes navegan entre pantallas, recuperar esta historia ambientada en el Nueva York de los años 80 que tan lejos les queda es un gesto valiente. Carmen Martín Gaite publicó en 1990 esta relectura del cuento tradicional que transformaba el bosque de lobos en una jungla de asfalto donde los personajes más excéntricos resultaban, paradójicamente, los más protectores. La protagonista es Sara Allen, una niña que vive en Brooklyn (que comparte apellido artístico con otro neoyorkino ilustre), y cuyo mayor deseo es ir sola a Manhattan para llevarle a su abuela una tarta de fresa. Parece una tarea sencilla, pero en realidad se trata de una gran travesía iniciática, como la que emprendió la Caperucita de Perrault.

El universo que presenta el cómic mantiene toda la magia del original: la excéntrica abuela Rebeca Little, antigua cantante de music-hall conocida como Gloria Star, que vive en el barrio pobre de Morningside (y se parece sospechosamente a una escritora salmantina); el misterioso míster Woolf, un pastelero multimillonario que habita un rascacielos con forma de tarta cerca de Central Park; y sobre todo, miss Lunatic, esa mendiga extraordinaria que vive oculta durante el día en la Estatua de la Libertad y sale por las noches para aliviar las desgracias humanas.

Helena Bonastre, formada en Londres y con experiencia en cine y televisión, demuestra aquí su capacidad para capturar no solo la apariencia, sino también la personalidad de los personajes. Su trazo claro construye un mundo vibrante y colorido que invita a la exploración visual de los detalles que encontramos en cada viñeta. Su representación de la Nueva York nocturna consigue ese realismo mágico que también encontramos en el texto de Martín Gaite.

La noche neoyorquina se convierte en protagonista bajo el lápiz de Bonastre. Esa ciudad que en el texto original aparecía “muy confusa en los atlas” cobra aquí una dimensión visual que permite al lector perderse por sus calles junto a Sara. Manhattan se presenta como esa “isla en forma de jamón con un pastel de espinacas en el centro que se llama Central Park”, pero las ilustraciones van más allá de la descripción y consiguen crear atmósferas que respiran por sí solas.

Catalina González Vilar, una voz muy interesante de la literatura infantil actual y galardonada con premios como el Barco de Vapor, ha realizado un trabajo de guion estupendo. Como lectora adolescente de la obra original, ha sabido destilar los diálogos sin perder las particularidades del lenguaje de Martín Gaite. Su adaptación utiliza fragmentos extraídos directamente de la novela y rinde homenaje a las ilustraciones que la propia Carmen Martín Gaite realizó para la primera edición, creando un emotivo diálogo entre épocas.

Lo más notable de esta adaptación es que consigue actualizar la historia sin olvidarse del original. Sigue transcurriendo en los años ochenta, pero los dilemas de Sara siguen resonando hoy en día. Esa necesidad de espacios propios, de pequeñas rebeldías que marquen el territorio de la libertad personal, de encontrar adultos que acompañen sin infantilizar, conecta directamente con las inquietudes de los lectores de hoy.

El cómic permite explorar aspectos que en la novela quedaban sugeridos. Cuando Sara siente que “todas las luces del mundo le empezaban a correr por dentro de la cabeza como una rueda de fuegos artificiales”, las viñetas de Bonastre consiguen transmitir esa sensación de vértigo y excitación que precede a toda aventura. Es en estos momentos donde se aprecia el valor añadido de esta adaptación a la hora de reinterpretar.

La obra funciona para quienes no conocen el original, dado que se presenta como una novela gráfica completa y satisfactoria, con personajes memorables y una trama que combina humor, ternura y rebeldía. Y también para los lectores de Martín Gaite, ya que supone un redescubrimiento que aporta nuevas capas de significado a una historia ya familiar. Se nota que Bonastre y González Vilar comprenden profundamente no solo el texto fuente, sino también las posibilidades expresivas del cómic como forma artística autónoma.

El centenario del nacimiento de Carmen Martín Gaite encuentra así una celebración idónea: una obra que dialoga con el presente manteniendo viva la esencia de una de las voces más singulares de la literatura española. Sara Allen sigue caminando por Manhattan, pero ahora lo hace en un universo visual que enriquece cada paso de su travesía hacia la libertad.

Caperucita en Manhattan

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