“Mila y el pedrolo del espacio exterior”, cómo encontrar tu lugar en el universo

Título: Mila y el pedrolo del espacio exterior
Autor: Fran Collado
Ilustradora: Bea Tormo
Editorial: Anaya Infantil y Juvenil, 2024
Edad recomendada: A partir de 10 años

Los libros con mapas y los que comienzan con la caída de un meteorito reúnen muchas papeletas para ser interesantes. Mila y el pedrolo del espacio exterior tiene ambos ingredientes, y además es una disparatada aventura de ciencia ficción, humor y amistad en lugares aparentemente tranquilos que luego resultan ser extraordinarios.

Publicada por Anaya en 2024, esta novela supone el debut del ilustrador Fran Collado como autor de literatura infantil, después de una larga trayectoria vinculada al dibujo. Esa experiencia gráfica se nota en la escritura: las escenas tienen una gran fuerza visual, los personajes resultan inmediatamente reconocibles y muchas situaciones poseen un ritmo cinematográfico.

La protagonista es Mila, una niña recién llegada a un pequeño pueblo, que contempla el mundo con una mezcla de lógica muy personal, curiosidad desbordante y seguridad en sí misma. Nada más instalarse, conoce a Lucas, un chico aficionado a la lectura con mucha imaginación que se ha convertido en objetivo de los abusones locales.

Cuando ambos observan la caída de un meteorito en las afueras del pueblo, deciden acercarse a investigar. Allí descubren algo aún más extraño que una roca llegada del espacio: un perro callejero que, tras el impacto, ha adquirido la capacidad de hablar y pensar. A partir de ese momento, la historia se transforma en una carrera contrarreloj para proteger a Batman, el perro parlante, de una misteriosa organización empeñada en capturarlo.

Aunque el argumento podría resumirse como una aventura de ciencia ficción y humor, el verdadero atractivo del libro reside en cómo está contado. Fran Collado utiliza una voz narrativa repleta de observaciones absurdas, comparaciones inesperadas y comentarios que descolocan constantemente. El humor no aparece únicamente en los diálogos; forma parte de la propia narración. Las descripciones, las digresiones y hasta las explicaciones de temas astronómicos tienen ese tono chispeante que convierte la lectura en una experiencia adictiva.

El ritmo es uno de los puntos fuertes de la novela. Cada capítulo introduce un nuevo problema, una nueva ocurrencia o un nuevo personaje extravagante. Sin embargo, no hay sensación de arbitrariedad o caos, porque todo gira alrededor de una idea central: la importancia que tiene conectar con quienes aceptan nuestras rarezas. Bajo la apariencia de una aventura descabellada, el libro habla de pertenencia, amistad y autoestima.

Mila es un personaje muy conseguido. Su rechazo a su propio nombre, tratado desde el humor, funciona como una metáfora de la búsqueda de identidad. Es una niña inteligente, valiente y de verbo ágil, capaz de enfrentarse a un matón o de discutir con un agente secreto sin perder la compostura. A su lado, Lucas representa otro tipo de fortaleza. Es sensible e imaginativo, cualidades que lo convierten en objetivo de los abusones. La amistad entre ambos resulta creíble porque nace de la complicidad entre dos personas que se ven diferentes a los demás.

Mención aparte merece Batman, el perro callejero y desaliñado que se convierte en uno de los motores cómicos y emocionales de la historia. Sus reflexiones tienen una lógica perruna muy particular combinada con preguntas muy profundas sobre identidad y libertad. Es un personaje muy divertido pero también entrañable. Y luego hay secundarios también muy destacados: la excéntrica Cloris, obsesionada con los ovnis, el camarero astrofísico Rémulo o los agentes de gabardina que ejercen de villanos.

Otro aspecto interesante es la manera en que la novela aborda cuestiones como el acoso escolar, que aunque aparece desde las primeras páginas, no es el eje principal del libro ni cae en discursos simplones. También aparecen temas como el miedo a la diferencia, la autoridad mal entendida o la tendencia humana a desconfiar de todo aquello que no se comprende.

Las ilustraciones de Bea Tormo, como no podía ser de otro modo, casan perfectamente con el texto. Su estilo tan enérgico, caricaturesco y expresivo termina de definir la personalidad de los personajes y el humor de la narración. Son esenciales para crear los gags visuales, caracterizar a los protagonistas y generar la personalidad gráfica del libro tan reconocible.

No podemos dejar de mencionar el anexo con “extras” incluido al final del libro. A través de un supuesto diario de Cloris –la vecina que podría ser perfectamente un personaje de Expediente X debido a su obsesión con los ovnis, los fenómenos astronómicos y todo aquello que pueda tener un origen extraterrestre–, el libro incorpora información sobre cometas, eclipses, orientación mediante las estrellas, auroras boreales o el cinturón de Kuiper. Estas páginas, a pesar de tener contenido divulgativo, poseen el mismo toque de humor que la novela y seguro que despiertan la curiosidad científica de muchos lectores.

En definitiva, Mila y el pedrolo del espacio exterior es una gran combinación de aventura, ciencia ficción, comedia y temas profundos. Recuerda a relatos clásicos de pandillas enfrentadas a misterios extraordinarios, pero con esa voz humorística tan personal y una mirada contemporánea sobre la amistad y la diferencia. Fran Collado ha conseguido una primera novela inteligente, sólida, divertida y llena de imaginación y grandes personajes.

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