Título: Rosalía, detective
Autor: El Hematocrítico
Ilustradora: Cristina Picazo
Editorial: Rubio, 2024
Edad recomendada: A partir de 4 años
Para varias generaciones de este país, la palabra «Rubio» significa cuadernos grapados de sumas con llevadas, caligrafía y problemas matemáticos. Toda una tradición. Sin embargo, en los últimos años este proyecto editorial con un ADN tan marcado por el cuaderno de ejercicios tradicional ha dado un volantazo ampliando su catálogo hacia la literatura infantil.
Esta incursión, en concreto en la etapa de Educación Infantil, se ha materializado de manera muy sólida en la colección “Mis primeras lecturas”, secuenciada en tres escalones básicos de la lectoescritura: libros de cartón duro y letra mayúscula para 3 años, volúmenes en cartoné (tapa dura) con letra mayúscula para 4 años, y una apuesta combinada de letra minúscula, ligada y mayúscula para 5 años, donde más diversidad de niveles lectores hay. Y no solo han acertado con el formato y el diseño: también han conseguido reunir a grandes firmas de la literatura infantil como Mar Benegas, Begoña Oro, Laura Vila, Roberto Aliaga… y, por supuesto, nuestro queridísimo e irrepetible Hematocrítico.
Acercarse a Rosalía, detective encoge un poco el corazón. Publicado en marzo de 2024, vio la luz apenas unos meses después del inesperado fallecimiento de su autor. Queda una sensación agridulce al sostener este libro póstumo en las manos. Esa carga emocional la verbaliza perfectamente la escritora Ledicia Costas, su pareja, en una introducción breve y luminosa. En ella nos habla de esa capacidad irresistible y arrolladora que tenía Miguel para hacer reír a cualquiera que se cruzara en su órbita. Y nos cuenta un secreto: le encantaba compartir bombones. No es ninguna casualidad, por tanto, que el gran misterio sobre el que pivota este libro sea, precisamente, la desaparición de un trozo de chocolate.
El libro nos presenta a Rosalía, una protagonista minúscula armada con una lupa enorme y gran instinto deductivo. Para los que ya conozcan la obra del Hematocrítico, es imposible no trazar un puente directo con Agente Ricitos, aquella maravilla de personaje que resolvía misterios en el Bosque de los Cuentos. Rosalía funciona casi como su alter ego para la etapa de prelectores (y no sabemos si será también un homenaje a cierta artista). Tiene la misma energía de thriller de andar por casa, el mismo respeto por la inteligencia del lector infantil, pero destilado y ajustado a las habilidades lectores de los cuatro años.
En este libro no vamos a encontrar tramas laberínticas ni giros de guion impactantes, ni falta que hace (sobre todo a estas edades). La trama es directa: hay un enigma doméstico (el chocolate desaparecido) y hay que investigar a los sospechosos. Lo que hace que este texto brille es esa sencillez cómica tan marca de la casa. El Hematocrítico dominaba como pocos el arte de la síntesis; sabía quitar toda la paja para dejar solo la palabra justa. Consigue integrar guiños, pausas dramáticas y chistes visuales (famosos eran sus terribles bocetos donde hacía sugerencias a los ilustradores) en apenas un par de líneas por página, manteniendo un ritmo de lectura que engancha desde el principio sin que el texto resulte pesado para quien está empezando a juntar las letras.
Y hablando de letras, el uso exclusivo de la tipografía en mayúsculas es un acierto a esta edad. A los cuatro años, los niños y niñas están en plena fase de decodificación visual, buscando las letras de su propio nombre en los carteles de la calle, en las cubiertas de los libros, en los letreros del supermercado… Ofrecerles un relato divertido en el único código escrito que de momento saben descifrar les da una autonomía y una sensación de “yo puedo leer esto solo” que es una gran ayuda para fomentar el hábito lector.
Cristina Picazo se encarga de la parte gráfica, y lo hace con gran soltura. Sus ilustraciones hacen de contrapeso al texto sintético de López. Tira de una paleta de colores vibrantes y de unos personajes expresivos que capturan la atención. El diseño de Rosalía, con su actitud de sabueso incansable, resulta carismático desde la cubierta. Además, la ilustración juega a favor del misterio, ofreciendo pistas visuales y escondiendo pequeños detalles que obligan a los niños a parar y señalar con el dedo.
Y, por último, no hay que olvidar otra de las señas de identidad del Hematocrítico: ninguno de sus libros sirve a un propósito distinto al literario y humano. Rosalía, detective es fiel a sus principios y reivindica el derecho a pasarlo bien con una buena historia. Aporta la frescura y gamberrismo que pueblan las historias de Hematocrítico, y que formaban parte de su carácter. Un libro que solo quiere que te sientes un rato, investigues un poco y te rías otro tanto.


