Entrevista a Diego Arboleda y Raúl Sagospe

Diego Arboleda y Raúl Sagospe

Raúl Sagospe ilustra una de las fases del proceso creativo: la mirada crítica del escritor

Diego Arboleda nació en Estocolmo en 1976 y ha sido un lector voraz desde muy niño, una afición que posiblemente guió sus pasos hasta la escritura: se licenció en Filología Hispánica, trabajó rodeado de libros en una de las librerías más grandes de Madrid y, como no podía ser de otra manera, hoy en día es uno de los escritores de literatura infantil y juvenil de referencia, con varios premios en su haber que lo confirman.

Raúl Sagospe nació en Madrid en 1974, también lector voraz de niño, se licenció en Geografía e Historia y cursó estudios de ilustración para dar rienda suelta a su pasión por el dibujo. También se rodeó de libros en su vida profesional y continúa trabajando en una librería como técnico de marketing al tiempo que pone cara y color a las historias de autores como Diego.

Sus vidas corrieron paralelas con el nexo común de la literatura infantil y por suerte para nosotros se acabaron cruzando. ¿Y qué mejor lugar que una librería para que eso sucediera? Estos dos genios han creado un fantástico tándem que recuerda inevitablemente a otros grandes como Roald Dahl y Quentin Blake, por su capacidad conjunta de crear historias divertidas y originales en un mundo, el literario, en el que todo parece ya inventado. Una fusión perfecta de personajes tan disparatados como encantadores que protagonizan títulos como Mil millones de tuberías, Mil millones de tuberías 2: Aventuras en espiral, Papeles arrugados, Prohibido leer a Lewis Carroll, Los descazadores de especies perdidas y (esperemos) un largo etcétera.

En esta entrevista nos cuentan, entre otras cosas, qué les gustaba leer cuando eran niños, cómo comenzaron sus respectivas carreras en el mundo de la literatura infantil y cómo es el proceso de creación de sus libros.

Creo que a la vista del éxito de vuestra «asociación» artística, la primera pregunta obligada es: ¿cómo os conocisteis y cómo surge este maravilloso tándem?

DIEGO: Trabajábamos en una librería, literalmente codo con codo. Enseguida nos hicimos amigos. Fue amistad a primera vista, o a primera dioptría, porque los dos llevamos gafas.

RAÚL: Diego y yo coincidimos como libreros hace años. Nos lo pasábamos muy bien trabajando juntos y un día se nos ocurrió enviar un proyecto que Diego tenía por ahí a una editorial, incluyéndole ilustraciones mías.

Por lo que tengo entendido, ya entonces formabais una especie de pareja cómica allí, ¿no es así?

D: Desde un primer momento descubrimos que teníamos un sentido del humor similar, que encajaba muy bien. El problema es que era un sentido del humor no vinculante. Vamos, que a algunos nuestras tonterías no les hacían ninguna gracia.

R: Las palabras trabajar y diversión no están reñidas. Siempre hay motivos para disfrutar del lugar donde se está, aunque sea el trabajo. Y yo me divertí mucho en aquellos años.

¿Cómo llegáis al mundo de la edición? ¿Teníais claro que os queríais dedicar a esto cuando comenzasteis vuestros respectivos estudios? ¿Lo sabéis desde siempre? ¿Influencias?

Mil millones de tuberíasD: En mi caso mi condición de escritor es la consecuencia natural de ser lector. Un lector voraz. Pronto, desde muy niño, comencé a escribir mis propias historias. Pero durante mucho tiempo pensar en publicar y llegar a los lectores era solo un sueño. Influencias muchas, todas las posibles. Los autores clásicos como Carroll y Wilde… Siempre menciono a Dahl y a Michael Ende, Ungerer, Lagerlöf, Lindgrenn… Y a los autores o recopiladores de cuentos tradicionales, Andersen, los Grimm, Afanásiev, Hauff… Pero creo que mis historias son un loco pastiche, hijas no solo de los libros que he leído, sino de las películas que he visto, de las personas que he conocido, de los lugares en los que estado…

R: Dibujar ha sido mi gran afición desde niño. Y claro que uno desea terminar ilustrando libros o haciendo cómics… Pero la primera vez que vi publicados unos dibujos míos tenía 35 años (los caminos de la vida son insondables). Mi influencia es un mejunje de imágenes que yo consumía adictivamente: Arthur Rackham, Bill Sienkiewitz, Los hermanos Buscema, Mortadelo y Filemón, los Don Miki, Moebius, Quentin Blake, Edward Gorey, Ronald Searle…

¿Diríais entonces que el secreto del éxito de vuestros libros es que formáis un buen equipo?

D: Sin duda es un trabajo en equipo, pero no solo del escritor y el ilustrador. También del proceso de edición. ¡Y no olvidemos a los lectores! No sé si hay un secreto del éxito pero seguro que tiene mucho más que ver con los lectores que con los autores.

R: Sí. Que hacemos lo que más nos gusta con un propósito común: intentar que el libro que creamos sea una obra digna.

Diego Arboleda y Raúl Sagospe

El escritor y el ilustrador (Ilustración de Raúl Sagospe)

Otra pregunta casi obligada: ¿cuál es vuestro método de trabajo? ¿Cómo surge la primera idea? ¿Qué va antes, el huevo o la gallina, texto o imagen?

D: Yo escribo el texto, pongo en marcha la idea, pero hay que precisar que lo hago pensando en quién va a ilustrarlo, ya sea Raúl o Eugenia, los dos ilustradores que me soportan y con los que colaboro. Su talento está conmigo desde el origen y forma parte indispensable de la ilusión que le pongo al proyecto. Hay escritores que se ponen una música para alentarse y generar una atmósfera creativa, para mí esa música es el estilo del ilustrador que va a poner imágenes a lo que yo escribo.

R: Primero el huevo y luego la gallina. Primero el texto, luego las ilustraciones y más tarde mucha flexibilidad por ambas partes. El protagonista es siempre el libro, no ninguno de nosotros.

¿En qué momento del proceso lees el texto, Raúl? ¿Es Diego de los que planifican la historia al milímetro antes de lanzarse a escribir para luego darte indicaciones?

R: Nada más acabar el texto, Diego me lo pasa y yo lo leo. Si el texto no tiene todavía una forma definitiva o se trata de una primera parte, yo voy trabajando los personajes.

¿Cuál es la parte más difícil de componer en un libro: la trama, los personajes, la primera línea o el primer trazo, el final…?

Papeles arrugadosD: Para mí lo más difícil es pulir el texto sin que pierda frescura. Yo le dedico mucho tiempo a cada libro. Soy un escritor lento, que vuelve una y otra vez sobre lo escrito. Es una tarea ardua, solitaria y en cierto modo ridícula: estás tú ahí solo, plantado frente al ordenador creyéndote un cirujano de prestigio, ¿amputo ese capítulo? Menos mal que tengo cerca una foto de Poe que me mira con cara de «relájate, chico, para atormentado ya estoy yo».

R: Difícil y a la vez apasionante es la creación de los personajes. Apasionante porque es como un casting y difícil porque al final hay que quedarse con una versión donde el lector lo vea y no se cuestione que pudiera «no ser así». Esto puede salir muy natural o me puede llevar mucho tiempo. Es como resolver una ecuación matemática, cuando das con la solución dices ¡eureka!

Diego, ¿de dónde puede venirte una idea para un libro? ¿Cómo se gesta? ¿La gente que te rodea son fuentes de inspiración?

D: La verdad es que cuando hablo del origen de un libro en concreto y doy una respuesta clara estoy mintiendo como un bellaco. Cuando termino un texto remonto el río y elijo un manantial que me sirva para decir: «el origen de este libro es este». Cada libro tiene múltiples fuentes de inspiración, puede ser un hecho histórico, o un personaje, una pasión, un conflicto, una experiencia personal… Y, efectivamente, mis textos están poblados de personajes inspirados en gente que me rodea. También los rasgos negativos. Pero mejor no hablar de eso, no sea que busquen venganza…

Eugene (Diego Arboleda y Raúl Sagospe)

Y, Raúl, la misma pregunta que a Diego: ¿cómo se gesta un proyecto? ¿Parten del texto o también hay referencias digamos «externas»?

R: Parten del texto, claro, y además las referencias que tenemos son muy parecidas. Se nos suele ocurrir lo mismo a ambos. Diego me suele decir «mírate esto, mírate aquello» y lo recojo. Otras veces soy yo el que sugiere ideas que pueden venir bien a la historia. Es fácil ponerse de acuerdo.

Hay también muchas referencias a personas y momentos históricos reales, ¿qué porcentaje de realidad hay en estas referencias?

“En nuestros libros algunos de los sucesos más inverosímiles son los que ocurrieron en realidad” (Diego)

D. La historia de la humanidad es una mina, repleta de momentos mágicos y delirantes. Sobre todo la historia con minúsculas, la de los soñadores, los desconocidos y los perdedores. En nuestros libros algunos de los sucesos más inverosímiles son los que ocurrieron en realidad.

R. En los dibujos parto de la realidad y las mantengo reales si existieron, y en otras ocasiones las varío si tengo que inventarme algo. Pero siempre me gusta partir de elementos reales que sean reconocibles por todos.

Daría la sensación de que lleváis haciendo equipo toda la vida y viendo vuestros libros uno piensa en estos dos nombres casi como si fuera el nombre compuesto de un solo individuo. Sin embargo, ambos habéis publicado libros con otras «parejas», Diego con Eugenia Ábalos, como mencionaba antes, y Raúl con Raúl Argemí. ¿Cambia mucho el modo de trabajo o seguís las mismas pautas que cuando trabajáis juntos? ¿Os echáis de menos?

Los descazadores de especies perdidasD: En este tipo de proyectos, tan personales, la verdad es que solo trabajo con dos ilustradores, Raúl y Eugenia. Ambos tienen estilos y personalidades muy diferentes, así que las pautas de trabajo no son exactamente las mismas. Como los textos han sido escritos pensando en que fueran ellos quienes los ilustraran, no puedo imaginarlos con otros dibujos.

R: Intento seguir las mismas pautas pero sinceramente no puede ser lo mismo. Diego y yo, junto a nuestras esposas, tenemos una amistad que va más allá de lo profesional. Es muy personal, por lo tanto no es comparable. Yo dibujo y en el fondo lo que quiero es que el texto de Diego luzca, que realce sus virtudes. Cuando Diego me envía su texto, veo que lo ha estado escribiendo pensando en mi forma de ilustrar, incluyendo elementos con los que yo pueda disfrutar más.

Diego, ¿te inquieta que la gente que te conoce, que también son tus lectores, puedan «leer» rasgos de tu personalidad en tus libros? ¿Cuánto de ti te gusta mostrar en tus libros?

D: Pues si estuviera bajo mi control, no mostraría nada de mí en mis libros. Pero me temo que es imposible. Si quieres que tus textos electrifiquen al lector no puedes poner aislantes. Seguro que la gente que me conoce puede encontrar rasgos míos en mis textos. Otra cosa es la gente que primero ha leído algún libro y después me conoce. Mis libros pueden dar la imagen de que soy una persona extrovertida pero es justo lo contrario.

Diferencia entre silencio y no conversacion (Diego Arboleda y Raúl Sagospe)

Y Raúl, lo mismo: ¿podemos encontrar también en tus personajes rasgos o parecidos «sospechosos» con personas reales de vuestro entorno, por ejemplo?

R: Yo he llegado a hacer fotos robadas a personas que me encuentro en el metro en la calle, en las salas de espera… sin que se den cuenta. Me fascina la gente que me rodea. Pienso que no hay que inventar mucho, están todos los personajes ahí a nuestro alrededor.

Vuestro famoso Prohibido leer a Lewis Carroll ha sido traducido a varios idiomas, entre ellos el chino y el italiano, y recientemente el coreano. ¿Creéis que la literatura infantil tiene más protagonismo en el extranjero que en España?

Prohibido leer a Lewis CarrollD: En esto, como en tantas otras cosas, depende del país con el que te compares. Es fácil sentir envidia de cómo los británicos se toman en serio su literatura infantil, hasta el punto de que sus clásicos son también los nuestros. Pero aquí, desde hace años, hay mucha gente trabajando duro por conseguir mayor protagonismo: editores, escritores, ilustradores… Gente con mucho talento hacen libros maravillosos. Pero también tenemos nuestros genios olvidados, como Francisco Meléndez. ¿Conocéis a Francisco Meléndez? Creo que a partir de ahora le mencionaré en cada entrevista que me hagan.

R: Yo creo que tiene más protagonismo en el mundo anglosajón. Se lo toman más en serio. En España esto está cambiando, pero hay que seguir trabajando para dignificarla. Me hubiera gustado que un académico de la lengua se hubiera levantado cortésmente de su sillón para que tomara asiento Gloria Fuertes. Por ejemplo.

Diego, ahora no nos dejes con la duda: háblanos de Francisco Meléndez y por qué quieres mencionarlo.

D: Uf, Francisco Meléndez es un genio de verdad, una persona con un talento descomunal. Entre los ilustradores es conocido porque estamos hablando de un ilustrador prodigioso. Pero yo reivindico, siempre que puedo, su faceta de escritor, interesantísima. Creo que, voluntariamente, ha tendido hacia el anonimato. Sus publicaciones como ilustrador pueden encontrarse (hasta donde yo sé la última fue Los diarios de Adán y Eva de Mark Twain en Libros del Zorro Rojo). Pero hoy en día sus obras como autor también del texto están descatalogadas, libros maravillosos como Leopold, la conquista del aire, El peculiar rally París-Pekín o El verdadero inventor del buque submarino.

Francisco Meléndez

Ilustración de Francisco Meléndez

Diego, ¿cómo se siente uno cuando sus libros son tan bien acogidos en países tan remotos y aparentemente alejados de nuestra cultura como China?

D: En sorpresa perpetua. Y muy agradecido a los sufridos traductores que tienen que afrontar mis desquiciados juegos de palabras.

Sigo contigo, Diego. Eres una persona introvertida y celosa de tu intimidad hasta el punto de evitar actos públicos tanto como te ha sido posible. Sin embargo, últimamente has estado dando bastantes conferencias/charlas en el extranjero: el Cervantes de la ciudad de Nueva York hace un par de años, estuviste haciendo un tour por China… ¿Qué tal llevas eso de hablar de uno mismo en público?

D: Hago trampa. El truco consiste en no hablar de mí mismo. Me encanta hablar de literatura, así que la convierto a ella en el centro de atención. Aun así no participo casi en eventos. Salvo en encuentros con lectores. Esos los disfruto mucho, son divertidos y muy estimulantes. Este año estaba en Argamasilla de Alba y quince días después en un colegio en Beijing…

Y Raúl, tú en cambio pareces estar más cómodo delante del público, especialmente el infantil. ¿Llevas los actos públicos igual de mal que tu compañero de armas?

“Existe la costumbre, sobre todo en los medios, de priorizar al escritor. Pero es una mala costumbre que a veces comienza en la misma edición del libro” (Diego)

R: No, no estoy cómodo para nada, pero si te da esa sensación… no sé. Puede que a veces a uno se le dé bien hacer cosas que no le gusta mucho hacer. Tengo que pensarlo. El único contacto público que yo desearía es el de estar con nuestros lectores. Pero también hemos comprendido que si se te reclama en algún evento hay que estar ahí. No creo que tengamos grandes cosas que contar la verdad, pero a mí también me gustaba ver una buena actitud en las personas que yo admiraba y había sacrificado tiempo y/o dinero para conocer.

Lamentablemente, cuando se conceden premios a libros ilustrados (a no ser que se trate de un álbum ilustrado, donde la imagen tiene mucha más presencia en la página), casi siempre se menciona más bien poco al ilustrador (a veces ni en la página de créditos) y parece que el premio solo lo gana el autor del texto. ¿Qué opináis? ¿Creéis que ha sido así en vuestro caso? Tú, Raúl, como ilustrador, ¿cómo lo ves? ¿Cómo te afecta a ti, a nivel profesional, los premios y reconocimientos a los libros de Diego en los que has participado? ¿Te sientes en parte reconocido a través de él?

D: Sin duda es una situación injusta. Existe la costumbre, sobre todo en los medios, de priorizar al escritor. Pero es una mala costumbre que a veces comienza en la misma edición del libro, minimizando el nombre del ilustrador en la cubierta o directamente eliminándolo.

R: Totalmente, a mí se me conoce gracias a Diego, lo tengo claro y estoy muy agradecido por ello. Esto, en sí, me parece ya un gran premio. Me siento un privilegiado con mucha fortuna porque soy muy consciente de los muchos compañeros buenísimos que he conocido que aún no han tenido una oportunidad.

Papeles arrugados

“Papeles arrugados”, ilustración de Raúl Sagospe

Supongo que para escribir y/o ilustrar LIJ, es necesario consumir LIJ, ¿qué tipo de libros infantiles os gusta leer?

D: ¡Qué difícil responder a esa pregunta! Se supone que debería tenerlo claro, ¿verdad? La realidad es que mis lecturas de LIJ son, como el resto de mis lecturas, un caos. Lo que le ocurre a cualquier bibliófago: un batiburrillo de novedades, clásicos, hallazgos encontrados en librerías de segunda mano… De todas las lecturas aprendo algo, hago músculo cerebral, pero en general disfruto mucho con la literatura más transgresora, la que supone un reto para el escritor pero también para el lector. Para que os hagáis una idea, puedo decir los libros que ahora mismo me esperan en una pila sobre la mesa: La caza del carualo de Carroll (ilustrado por Tove Jansson), Los tres gordinflones de Yuri Olesha (ilustrado por Javier Serrano), el Libro de brujas españolas de Ana Cristina Herreros (ilustrado por Jesús Gabán), Mala, malísima Marta de Carlota Echeverría (ilustrado por Votric) y Pom… Pom… ¡Pompibol! de Javier Sáez Castán.

“Me gustan los libros de autores cuyos personajes son irreverentes con los adultos y poco complacientes con los propios niños” (Raúl)

R: Me gustan los libros de autores cuyos personajes son irreverentes con los adultos y poco complacientes con los propios niños. Soy muy fan de David Walliams, Edward Lear, Edward Gorey, Roal Dahl, adoro los libros de Terry Pratchett y los ilustradores Josh Kirby, Ronald Searle, Quentin Blake…

El público al que se dirigen vuestros libros son niños, pero de alta competencia lectora, ¿son más exigentes los lectores más pequeños que los adultos?

D: Son más honestos, desde luego. Con menos lastre. Su lastre somos nosotros, que nos empeñamos en encasquetarles libros que a menudo no quieren.

R: Me doy cuenta de que, como adulto, he llegado a leer libros con los que no disfrutaba demasiado, (bien por la fama que el autor tenía, por la temática que me interesaba…) pero como niño, no tenía estos prejuicios mentales. Si un libro no me gustaba, a la décima página lo dejaba y comenzaba otro, no tenía compasión y cuidaba mucho mi dieta. Y opino que esta es la gran diferencia. Puede parecer una paradoja pero creo que los niños tienen más capacidad crítica que los adultos. Cuando crecemos tenemos la cabeza tan llena de prejuicios, arquetipos, estereotipos, clichés, publicidad, etc… que es fácil perder la facultad de elegir de una forma realmente libre nuestras lecturas. Y lo peor es que encima queremos elegir las de nuestros hijos o aconsejar y criticar la de los jóvenes.

Una de las máquinas de Raúl Sagospe

Una de las máquinas de Raúl Sagospe

Todos los artistas, escritores e ilustradores, parecen tener sus herramientas fetiches: un boli que pinta especialmente bien para escribir dedicatorias, un rotulador que pinta un fondo y al mismo tiempo dibuja un perfil… ¿Cuáles son las vuestras?

D: En mi caso no es tanto una herramienta como una compañía. Se trata de una estantería. Pertenecía a la farmacia de mi abuelo, que era un boticario de pueblo. Es una de las antiguas estanterías de la farmacia, que en su momento estuvo llena de medicamentos y que ahora cuelga sobre mi escritorio llena de libros.

R: Tú lo has dicho: me encantan los pinceles de pelo de marta y los sintéticos con cargas de tinta recargables para llevar en el bolsillo. Poder dibujar sin cambiar de pincel un fondo y a la vez detalles muy concretos.

Y por último, la pregunta obligada por excelencia: proyectos actuales, ¿podemos esperar una nueva y genial colaboración Arboleda-Sagospe para dentro de poco? Y lo que es más importante, ¿podemos esperar una nueva presentación/firma con lectores en breve?

R: Estamos con un nuevo libro sobre los orígenes del cine, pero nos vamos a tomar bastante tiempo para hacerlo, así hasta dentro de un año no nos volveremos a ver.

D: Salvo que seas un alumno de algún colegio, entonces quién sabe, igual tienes la suerte (no sé si buena o mala) de vernos antes. Y a mí es fácil encontrarme deambulando por alguna librería. Eso sí, de incógnito.

Diego y Raúl en El Gato de Cheshire (Zaragoza)

Raúl (izda.) y Diego (dcha.) en la librería El Gato de Cheshire (Zaragoza)


Bibliografía de Diego Arboleda y Raúl Sagospe

1 comentario en “Entrevista a Diego Arboleda y Raúl Sagospe

  1. laura
    16/06/2017 a las 22:24

    este cuento me encanto

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