El viaje de Pinocho hacia lo humano

Pinocho (Bartolozzi)

Bartolozzi

El 27 de octubre de 1881, en el Giornale per i bambini, Pinocho moría ahorcado en una de las ramas de la gran encina en que unos asesinos lo colgaron. Era este el final de Las aventuras de un títere (primera versión del cuento de Carlo Collodi), pero el comienzo de la transformación de Pinocho. Dos años más tarde, Las aventuras de Pinocho apareció entonces como un libro que tiempo después se transformaría en un clásico y sería traducido a distintos idiomas sin que Collodi se enterara de la gran repercusión que tendría su bambinata (niñería), término que él mismo escribió en una carta al editor del diario.

Más allá de la influencia de los cuentos de hadas franceses, de los reflejos ideológicos del autor o del estilo narrativo, el cuento de Collodi tornea un personaje complejo que comienza como un leño burdo, pasa por el pulido de Geppetto, hasta que el viaje y sus aventuras culminan en una transformación radical: ser un niño de verdad, uno de carne y hueso, un ser humano con criterio propio. ¿Pero cómo llega el títere de larga nariz a ser un niño de verdad?

Pinocho tenía las piernas entumecidas y no sabía moverse, y Geppetto lo llevaba de la mano para enseñarle a dar un paso después de otro. Cuando las piernas se le desentumecieron, Pinocho comenzó a caminar por su cuenta y a correr por la habitación hasta que se dirigió hacia la puerta de la casa, saltó a la calle y escapó. [1]

Este párrafo inaugura toda una serie de vivencias que pondrán a prueba al títere y lo conducirán hacia la metamorfosis; cabe subrayar que una de las características más importantes del personaje y de la infancia misma es la ingenuidad, ya que Pinocho, como la mayoría de los niños, se ve envuelto en una serie de peripecias a causa de su desconocimiento del mundo y su impulso por saber de qué se trata estar vivo, pues nadie conoce el mundo si no es a través de la experiencia, enseñanza que Collodi imprime en su cuento, donde, a falta de escuela, Pinocho aprende de la maestra más estricta: la vida.

Pinocho (Roberto Innocenti)

Roberto Innocenti

Todo cambio implica una pequeña muerte: la mariposa guarda en su transformación la pérdida de una oruga, así que en el viaje hacia la metamorfosis se tendrá que dejar algo de uno mismo o del entorno, como es el caso del títere de Collodi, quien transmuta varias veces: de leño en títere, de muñeco en asno, y finalmente, de marioneta en niño de carne y hueso.

Pinocho se nos presenta desde el inicio de la historia como un leño con voz de niño, nada más y nada menos que el impulso de lo que tenderá a brotar desde lo informe para encontrar su propia forma, por ello sólo podrá aspirar al descubrimiento del mundo y de sí mismo. Maurizio Gagliano, doctor en semiótica por la universidad de Bolonia, escribió sobre el cuento de Collodi:

La metamorfosi ha dunque un duplice risvolto: da un lato ha senza dubio il carattere della maturazione psichica prima esamintato, ma ha anche e sopratutto un carattere fisico, una fisicità che condiziona l’esperienza e ne viene a un tempo condizionata. [2]

Es decir, Pinocho como títere tiene rasgos físicos y de personalidad definidos por su naturaleza, por eso cuando Marmotita le pregunta por qué le hizo caso a su amigo para irse al país de los juguetes, él responde:

¿Por qué? Porque, Marmotita mía, yo soy un muñeco sin sentido común… y sin corazón. [3]

Pinocho reconoce que esencialmente es un muñeco y actúa en consecuencia, y es al mismo tiempo, sin darse cuenta, esa naturaleza que se mueve y que lo llevará a la metamorfosis, a un cambio estructural y mental, como sucede con la idea aristotélica de la potencia. Pinocho es un muñeco que esconde una piel humana, y para llegar a ella no hay otra opción que ir aprendiendo con cada aventura, la tensión de la muerte y la resolución de la prueba, la continuación del viaje. No cabe duda de que Pinocho siempre se debate entre dos fuerzas: o se vuelve un niño bueno o transgrede las normas. Isabella Pezzini, investigadora y profesora de Filosofía y Teoría del Lenguaje de la universidad de la Sapienza, señaló al respecto:

La casa di Geppetto (come poi quella della fata) è ad esempio con tutta evidenza il luogo dell’obbligo, della sottomissione e del dover essere, tanto quanto il fuori casa è il luogo della scelta, dell’affermazione dell’autonomia. [4]

Por lo tanto, Pinocho siempre optará por el lugar de la elección, aunque eso signifique estar en riesgo de muerte.

Pinocho (Carlo Chiostri)

Carlo Chiostri

El viaje de Pinocho es el viaje del héroe, pero no del “elegido”, sino de ese que se construye a cada instante, el que pone en juego todas sus habilidades y debilidades para, a fin de cuentas, descubrirse a sí mismo, son sus elecciones las que lo transforman en algo extraordinario, otorgándole la libertad que da todo descubrimiento de uno mismo. Pinocho experimenta la realidad y es perseguido por los asesinos, arrestado, convertido en asno, tragado por una ballena… para finalmente ser transformado en niño de verdad. Así, el personaje se desprende del rígido cuerpo de madera para apropiarse de la piel y de la conciencia, pues ya ha vivido lo suficiente como para dejar atrás la infancia, ese sueño que muere una vez que llega la conciencia, la asunción de decisiones y la elección que trae consigo la verdadera madurez.

Y señaló un gran muñeco apoyado en una silla, con la cabeza vuelta hacia un lado, con los brazos colgando y las piernas entrelazadas y dobladas, de tal modo que parecía un milagro el que se mantuviera erguido. Pinocho se volvió a mirarlo. Y, después de contemplarlo durante un rato, dijo para sí con grandísima complacencia:
—¡Qué cómico resultaba yo cuando era un muñeco! ¡Y qué contento estoy ahora de haberme convertido en un muchacho de bien! [5]

En conclusión, Pinocho no puede ser un niño de verdad sin haber cometido errores, sin haber probado todas y cada una de las aventuras y obstáculos que las circunstancias le presentaron. Solo así era posible la metamorfosis física y psíquica del personaje. Para Pinocho, como para cualquiera en el mundo, la vida es un recorrido hacia la propia transformación en la búsqueda de la verdadera identidad.

Pinocho (Mazzanti)

Mazzanti

Bibliografía

Collodi, Carlo. Las aventuras de Pinocho. Colinas, Antonio (trad.). México: Conaculta/Siruela, 2012.

Egidi, Daria (coord). Pinocchio. En Corriere della Sera [en línea]. [Consulta: 28 de julio de 2014].

Manganelli, Giorgio. Pinocchio: un libro paralelo. Turín: Einaudi, 1977.

Pezzini, Isabella, Fabbri, Paolo (coords.). Le avventure di Pinocchio. Tra un linguaggio e l’altro. Roma: Meltemi, 2012.

Porras, Castro Soledad. En el Centenario de Collodi. Pinocho ayer y hoy. En: Revistas científicas complutenses [en línea]. Universidad Complutense de Madrid. [Consulta: 30 de julio de 2014].

Notas

[1] Carlo Collodi. Las aventuras de Pinocho, p. 31.

[2] La metamorfosis tiene, por lo tanto, un doble aspecto: por un lado tiene, sin duda alguna, el carácter de la madurez psíquica, antes abordado, pero abarca también, y sobre todo, un carácter físico, una dimensión física que condiciona la experiencia y al mismo tiempo es condicionada por esta. (Maurizio Gagliano. “Pulsioni di morte e destini di vita: dal burattino al replicante”. En Le avventure di Pinocchio. Tra un linguaggio e l’altro, p. 102).

[3] Carlo Collodi. Op. cit., p. 205.

[4] La casa de Geppetto (como después la del hada) es, por ejemplo, con toda certeza, el lugar de la obligación, de la sumisión y del deber ser, de la misma manera que el exterior es el lugar de la elección, de la afirmación de la autonomía. (Isabella Pezzini y Paolo Fabbri [2012, p. 17]).

[5] Carlo Collodi. Op.cit., p. 258.

4 comentarios en “El viaje de Pinocho hacia lo humano

  1. Rosa
    06/11/2015 a las 23:27

    Cada uno lee su propia historia!!

  2. Rossana Karunaratna
    09/09/2015 a las 08:00

    Interesante y me atrevo a decir que hay una jornada paralela y es que Gepetto tambien se transforma al salir de Su espacio y aceptar la tragedia de lo que significa ser marioneta.

  3. Juan Ponce
    05/09/2015 a las 20:34

    no me gustó, una sucesión de lugares comunes y para más la remata con «se construye» «no es el elegido sino que se construye» realmente que abuso del término construye, la palabra «construye» se ha convertido en una muletilla indigerible.

  4. Valeria
    03/09/2015 a las 22:10

    Qué reflexión más profunda. Todos pasamos por ese proceso de nacer a nuestra propia humanidad, a nuestra esencia cuando dejamos de responder a las demandas de lo externo. Los obstáculos y retos de la vida nos van transfigurando, ayudándonos a salir de las máscaras para llegar a ser nuestro verdadero Ser.

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