Vuela, Ertico, vuela

Joel Franz Rosell
Ilustraciones de Ajubel
SM, Col. El Barco de Vapor, nº 75
Madrid, 1997

El primer capítulo de esta pequeña novela podría hacer pensar que nos hallamos ante un libro más, que aborda con plano realismo el socorrido tema de la amistad. Sin embargo, desde ese mismo primer capítulo, la prosa precisa, ingeniosamente coloquial y no carente de ironía quiebra esa impresión de déjà vu y nos sugiere que algo novedoso contienen estas páginas.

Tampoco a primera vista la trama cuenta nada relevante: Ertico no tiene amigos y su abuela lo ayuda a conseguirlos tejiéndole objetos mágicos que lo convierten sucesivamente en gran cantante, futbolista de talento, primero de la clase, modelo de elegancia, etc. Fuera de un éxito transitorio, al final de cada uno de estos episodios, nuestro héroe se encuentra nuevamente sin los ansiados amigos.

La singularidad de la historia se revela cuando, en el capítulo 7, el chico devuelve a su abuela los objetos mágicos y ésta reteje la alfombra (mágica como sabremos en el capítulo siguiente) de la que había estado sacando el hilo. Las nuevas aventuras de Ertico le van a permitir aceptarse a sí mismo y empezar a tener los amigos que busca. El mensaje es sugerido con elegancia y no es un objetivo que pese sobre la trama y los recursos expresivos. Bien al contrario, el aspecto más singular de este libro está en el trabajo del lenguaje, en la creación de la atmósfera mágica de la casa de la abuela y en los personajes, enigmáticos y atractivos, de la abuela y la alfombra mágica.

La alfombra se llama Complexus y habla en “lenguaje alfombrio”: combinación de colores, olores y texturas que se “traduce” en el texto en palabras colocadas entre paréntesis. Al llegar a esta explicación, el lector perspicaz se da cuenta de que la alfombra ha estado ayudando al narrador a contar la historia desde el principio, y que incluso es ella quien dedica el libro a Edgar Morin.

Rosell ha declarado que fue la lectura de un artículo de este prestigioso pensador francés lo que le reveló la estructura del libro y le sugirió la personalidad de la alfombra. En ese artículo, Morin explica que la palabra latina “complexus” significa “que está tejido junto” y que la superioridad del pensamiento complejo frente a la tendencia a la fragmentación y a la especialización del pensamiento postmoderno significa un empobrecimiento en la comprensibilidad del mundo (lo que se refleja en ciertas situaciones de la historia, en que el autor ridiculiza ciertas actitudes, superficiales o burocráticas, de los adultos).

Evidentemente, los niños de 8 ó 10 años a quienes se destina Vuela, Ertico, vuela no van a enterarse de este juego de sutiles alusiones a la obra de Edgar Morin, pero tampoco les hace ninguna falta para comprender y disfrutar el libro, que seducirá al joven lector con su misterio, su humor, sus neologismos y sinestesias (olores y sonidos imposibles):

…ni siquiera podía preguntarle a la abuela. Ella estaba muy concentrada en su tejido y por nada del mundo debía perder ni una de las puntadas que, por cierto, contaba al revés:
-…nonentaytresmilseiscuantaspecientas… nonentaydosmilcerocincoytalquecientas… nonentayunmilcuatrocontrarequetecientas…
Ertico se sentía muy raro. A cada rato se quedaba como dormido y enseguida lo despertaba un coro de crujidos idéntico a una risotada de muebles viejos. Una o dos veces tuvo la impresión de que su reloj giraba hacia atrás; pero cada vez que lo miraba fijo, las manecillas, que llevaban guantecitos blancos, se veían quietecitas e inocentes.
Y entonces la abuela acababa una puntada y un versito, decía uno de aquellos números extrañilargos, y saltaban un chispazo y un olor a corto circuito.
(p.35)

Además de sus elementos lúdicos, la obra fascina a los chicos por la relación entre Ertico y su abuela, y por el abordaje del problema que enfrenta todo niño al tener que definir su identidad individual al tiempo que procura la aceptación de su grupo.

Los recursos formales y la atmósfera están inmejorablemente servidos por las ilustraciones de Ajubel, de poético caricaturismo, atrevidas perspectivas y colores osados. Lamentablemente, estas excelentes ilustraciones, hechas con pasteles, sufren mucho con la reproducción sobre el papel reciclado en que se imprime la colección Barco de Vapor.

Este mismo artista ha ilustrado otros dos libros españoles del cubano Joel Franz Rosell: La tremenda bruja de la Habana Vieja (Edebé, 2001) y El pájaro libro (Ediciones SM, 2002).

1 comentario en “Vuela, Ertico, vuela

  1. paola polett soto jorquera
    01/07/2009 a las 19:41

    es muy divertido el cuento pero no lo comprendi muy bien

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