Carolina

CarolinaIva Procházková
Salamanca: Lóguez, 2007

Yo quería escribir un comentario sobre el penúltimo libro que he leído como suelo hacerlo siempre, inmediatamente después de terminarlo, cuando aún están frescas las emociones que me llevan al teclado. Con Carolina no pude. Quizá sea la sencillez con que está contada la historia en primera persona. Tal vez porque la propuesta narrativa se asemeja a las interminables redacciones que nos hacían escribir los profesores en el instituto; o puede que haya sido la dureza simple de algunos pasajes, o la soledad interior que no solo se narra sino que se siente al leer… Tal vez fue el cúmulo de situaciones relatadas, no lo sé, pero casi llegando al final comencé a llorar y no pude detenerme hasta mucho más tarde de cerrar el libro.

Después de una maratónica lectura que por poco me deja sin comer y con un terrible dolor de cabeza al olvidarme de encender la lámpara, ahí estaba yo, recordando mi adolescencia, mi primer amor, la desolación de la pérdida de la niñez, el primer paso hacia la vida adulta de la mano de las prohibiciones de hacer lo que se quiere y el deber de hacer lo que te ordenan.

Esta podría ser una historia más, pero no lo es y os diré por qué. Es que Carolina, muy inteligentemente, comienza el relato de su vida desde la infancia de su padre, la pérdida de la libertad de Checoslovaquia bajo el régimen comunista. El sacrificio de la voz individual por la común, el silencio del que no habla porque lleva el estigma de los traidores, la burbuja del encierro en sí mismo. Y por sobre todo esto, y más allá de todo, sobreviviendo contra viento y marea, el amor. El amor de sus padres como pareja, de su padre por el detalle, de su abuela por el arte, de la protagonista por el chico que vuelve locas a todas las niñas pero que contrariamente a lo que ella imagina, también se ha fijado en ella.

También nos cuenta sobre la caída del régimen comunista que se ve reflejada en la vida de Carolina, quien de pronto ve cambiar su mundo y puede elegir entre varias opciones de vida, y entonces nos descubre que a veces la libertad, en lugar de liberar, oprime.

Podría ser una novela de amor adolescente y punto, sin embargo, esta novela tiene un trasfondo político que nos acerca a la realidad y las costumbres de aquellos que vivieron detrás del telón de acero, escondidos detrás del puño de una dictadura.

La autora no abusa de impactos visuales, solo esboza los contornos de una sociedad y su realidad. No necesita recrearse en historias cruentas, porque su capacidad de comunicación hace que el lector entienda, vea, sintonice con el texto y el paratexto.

No digo que este libro sea para llorar, no puedo decir que es una denuncia social, tampoco puedo encasillarlo en un relato romántico. Simplemente es una historia de vida, un libro para leer disfrutando de un relato que es una pintura hiper realista de la vida de una adolescente a la que le piden que escriba una breve biografía.

Amistad, amor, dudas existenciales, meteduras de pata, comunicación, y la voz sabia, omnipresente de la abuela. Una mujer que sigue creyendo que cuando uno quiere, puede.

Al seleccionar este libro para su lectura, me dieron como referencia que Iva Procházková, su autora, fue Premio de Literatura Infantil y Juvenil en Alemania y nominada para el Premio Hans Christian Andersen. Y pensé “Interesante”. Cuando terminé de leer, necesitaba saber más de esta mujer joven que sabe contar tan bien y con tanto acierto el mundo interior de los adolescentes. Su perfil en Internet no tiene desperdicio, pero lo más interesante es que uno se queda con ganas de ir a la librería en busca de otra de sus novelas para dejar que pase la hora del almuerzo o que se vaya la luz del día y no tener que apartar los ojos del papel.

Y por aquí voy terminando mi comentario. Sin embargo, antes de despedirme quiero destacar una cuestión que para mí es importante: la cubierta del libro.

La cubierta de esta edición no hace justicia al contenido. Si tenemos en cuenta que al momento de elegir entre cientos de propuestas de lectura el primer impulso es seleccionar por lo que vemos y que eso es lo que muchas veces nos lleva al contenido, en este caso, nunca me habría sentido tentada a internarme en el mundo de Carolina. Por eso, pensad en nosotros, lectores y tristes mortales que caemos en la tentación de la primera impresión. Motivad nuestra curiosidad. Provocadnos las ganas de saber más. Poneros en la piel de vuestros lectores.

¡Seducidnos!

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