Quizá sea reiterativo afirmar que la literatura para niños escrita en castellano adolece de una histórica subestimación en cuanto a estudios críticos que aporten significativamente a su consideración y examen. Quizá sea también demasiado obvio remarcar que la visión que ha predominado en la literatura infantil hasta hace poco tiempo -y en muchos aspectos aún vigente- la condenaba a ser un mero subproducto cultural edulcorado y jibarizante, o a funcionar como un limitado instrumento del didacticismo, en un marco moralizante
