Autora e ilustradora: Stéphanie Desbenoit
Editorial: Librooks, 2026
Edad recomendada: A partir de 7 años
¿Sabías que la salicornia, esa planta que crece en los bordes salados de las marismas, es comestible? Tiene un sabor salino y crujiente, se usa en alta cocina y aparece en este libro con su propia receta. Es un buen ejemplo del contenido de este libro, El mar. No se trata solo de mirar el océano desde lejos y saber qué contiene, sino de conocer y poner en práctica su fauna, olores, texturas, sabores…
Este tercer volumen de la colección “Vive la naturaleza”, publicado por Librooks en febrero de 2026, llega después del buen recibimiento que tuvieron El campo (2024) y El bosque (2025), consolidando así una interesante propuesta editorial en el panorama de la divulgación naturalista para niños. La obra es la adaptación española de La mer, título de la colección francesa “Les mains dans la nature”, publicada originalmente por Hatier Jeunesse y que consta de cuatro títulos que tratan sobre el campo, el bosque, el mar y la montaña, todos ellos escritos e ilustrados por la misma autora.
Stéphanie Desbenoit es ilustradora independiente con más de dos décadas de trayectoria en el mundo editorial francés, colaborando con sellos como Hatier Jeunesse, Flammarion, Didier Jeunesse o Gautier-Languereau, entre otros. Su trabajo abarca desde libros documentales a álbumes de ficción, pasando por libros sonoros. Con formación en la EPSAA de París y una especialización en ilustración, Desbenoit ha construido un estilo muy reconocible: exuberante, lleno de color, entre lo decorativo y lo naturalista. En paralelo a los libros de “Les mains dans la nature”, acaba de publicar también Mon histoire de baleine à bosse (Hatier, 2025), una obra de docu-ficción en la que una ballena jorobada es la protagonista, lo que da buena pista del tipo de sensibilidad que mueve a esta autora.
El mar organiza sus contenidos en torno a cuatro ecosistemas concretos (y muy relacionados con la geografía francesa, aunque los editores españoles hayan incluido referencias a lugares de España): las salinas, el mar Mediterráneo, el océano Atlántico y el Canal de la Mancha junto al mar del Norte. Esta decisión estructural, en lugar de ofrecer una panorámica genérica y algo inabarcable del “mundo marino”, ancla al lector en lugares reconocibles y con personalidad propia. El Mediterráneo y el Atlántico no son lo mismo; no comparten ni los mismos animales, ni las mismas plantas, ni las mismas dinámicas ecológicas. Al distinguir estos ecosistemas, el libro invita a una forma de mirar más fina y más honesta.
Cada sección combina información divulgativa, datos curiosos y actividades o manualidades. Estas últimas son uno de los sellos de identidad de la colección: no se quedan en el típico “dibuja un pez” o “colorea la medusa”, sino que proponen experiencias con los elementos que la naturaleza misma pone a disposición. Fabricar un mosaico con los vidrios pulidos que el mar deposita en la orilla, elaborar una flor con conchas recogidas en la playa o preparar una receta con salicornia son propuestas que exigen salir afuera, observar y recoger (siempre y cuando se tenga el mar a mano, claro). Eso sí, las actividades no son invasivas, no implican capturar animales ni alterar el entorno, solo aprovecharse de lo que ya está ahí esperando ser encontrado. Es, en el fondo, una lección de relación responsable con el ecosistema.
El tono del libro es accesible, pero Desbenoit no simplifica el vocabulario hasta vaciarlo de significado, sino que introduce términos específicos —posidonia, salicornia, mareas, ecosistemas de pradera marina— confiando en que los lectores sean capaces de absorberlos si el contexto los acompaña. Esta apuesta por un lenguaje riguroso pero amigable hace de este un buen libro de divulgación.
Pero si hay algo que destaca a primera vista en este libro son sus ilustraciones. El trabajo visual de Desbenoit es muy espectacular. Su estilo mezcla la minuciosidad científica de las ilustraciones naturalistas clásicas con una paleta de color arriesgada, vibrante, irreal en ocasiones. Los animales y las plantas tienen fuerza, y los paisajes marinos consiguen transmitir sensaciones. El formato del libro refuerza todo esto: 25 x 32,5 cm en tapa dura, con 64 páginas y una producción cuidada. Es un libro que no parece diseñado para durar una tarde sino para sobrevivir años en una estantería.
El mar no es un enciclopedia ilustrada al uso, y tampoco es un libro de actividades puro, donde el contenido queda supeditado al juego. Es una hibridación bien construida: conocimiento, estética y manipulación conviven en cada doble página. Merece un sitio visible en cualquier biblioteca escolar, en la mochila de un campamento de verano o en la estantería de los niños curiosos amantes de los libros informativos.


