
En 1962, Maurice Sendak experimentaba con la rima, el absurdo y los rituales cotidianos. Lo hacía en miniatura, dentro de una caja de cartón. La llamó “Nutshell Library” —biblioteca en una cáscara de nuez— y contenía estos cuatro libritos que décadas después nos ofrece Kalandraka como parte de su apuesta por devolver a librerías y bibliotecas el legado de quien fue considerado “uno de los hombres más influyentes de los Estados Unidos por darle forma a la fantasía de millones de niños”.








