
El tono general de los cuentos lo componen la ternura, el humor absurdo y el mundo de los adultos visto por niños curiosos e imaginativos. En algunos pasajes descubrimos una voz infantil muy parecida a la que tenía el pequeño Nicolás de Sempé: una actitud inocente, pero a la vez madura y reveladora, que a través del humor nos presenta situaciones extrañas, pero que nos transmiten sensaciones reales.



