“Miss Charity”, el arte como refugio y rebelión

Título: Miss Charity. Las primeras aventuras de una joven dibujante
Autor: Loïc Clément (Inspirado en la novela de Marie-Aude Murail)
Ilustradora: Anne Montel
Traductora: Regina López Muñoz
Editorial: Errata naturae, 2026
Edad recomendada: A partir de 9 años

En la Inglaterra victoriana de finales del siglo XIX, las familias de la alta burguesía perfeccionaron el arte de convertir sus grandes mansiones en hermosas prisiones para sus hijas. Las «niñas bien» debían ser ornamentales, predecibles, silenciosas y dóciles, limitándose a aprender a tocar cuatro piezas de salón al piano, bordar iniciales en pañuelos de seda y esperar un matrimonio de conveniencia que asegurara el estatus familiar. Por fortuna, la naturaleza humana tiene la tendencia a rebelarse.

Dicen que la pequeña Beatrix Potter, fuente de inspiración para esta historia, pasaba las tardes en su solitaria habitación de la planta alta escondiendo un auténtico zoo clandestino que incluía desde erizos y conejos hasta ratones de campo, e incluso llegó a diseccionar animales muertos junto a su hermano para estudiar su anatomía y dibujar sus esqueletos a escondidas de su estricta madre. Es esa curiosidad insaciable la que late en el corazón de Miss Charity. Las primeras aventuras de una joven dibujante, una de las novedades en formato de novela gráfica que nos trae Errata Naturae en su cuidada colección «Los pequeños salvajes».

Cotsen Children's Library, Department of Rare Books and Special Collections, Princeton University Library.

Beatrix Potter y su ratón Xarifa en 1885.

Se trata de la traducción al castellano de Miss Charity, 1: L’enfance de l’art, publicada originalmente en Francia en 2020 por el sello Rue de Sèvres. El cómic es una adaptación libre de una aclamada novela de Marie-Aude Murail, un clásico contemporáneo de la literatura juvenil que lleva a la ficción, con mucho ingenio, los primeros años de vida y el despertar creativo de la creadora de Peter Rabbit. Llevar este universo al lenguaje de las viñetas fue un empeño personal del guionista Loïc Clément y de la ilustradora Anne Montel, una pareja artística que ya ha demostrado en obras previas (como Les Jours sucrés o Chaussette) una química estupenda a la hora de retratar la cotidianidad con delicadeza, huyendo de sentimentalismos y clichés.

La trama de esta historia nos presenta a Charity, una niña que vive en una enorme y sombría mansión londinense. En su casa, el afecto se raciona con cuentagotas y el silencio es la norma que nadie puede romper. Charity es, para sus estirados padres, una niña incómoda y ruidosa: una criatura que hace demasiadas preguntas y que se niega a encajar en el molde de la perfecta damisela. Por suerte para ella, el desinterés de sus padres termina beneficiándola: libre de miradas vigilantes, Charity decide ocupar el cuarto de la planta superior y transformarlo en un espacio propio: un zoológico en miniatura repleto de ranas, conejillos de indias y erizos; un laboratorio de ciencias naturales casero donde analiza setas y hojas secas con un microscopio viejo; y, sobre todo, un taller de arte improvisado donde plasma el mundo que la rodea.

El ritmo de la narración recuerda a esa época de la infancia donde las tardes de lluvia parecen eternas y el descubrimiento de un pájaro muerto puede transformarse en una aventura histórica. El guionista Loïc Clément sabe ser tierno sin caer en la cursilería y gamberro sin perder la elegancia. La voz de Charity, que actúa como hilo conductor mediante textos de apoyo muy ingeniosos, tiene mucha ironía.  Además, la traducción de Regina López Muñoz consigue mantener el equilibrio del texto con expresiones llenas de chispa y viveza.

Marie-Aude Murail, la autora de la novela original, siempre ha destacado por su habilidad para abordar traumas y realidades complejas —como el abandono emocional, la rigidez social o las pérdidas de seres queridos— con una ligereza fascinante, y esta adaptación a cómic hereda esa virtud, logrando que el drama de la soledad infantil se diluya en el humor, la ironía y la pasión por el aprendizaje.

La obra destaca no solo por Charity, sino gracias a un abanico de grandes secundarios que expanden los horizontes de la niña. Por un lado, está Blanche, la institutriz francesa que llega a la casa como un soplo de aire fresco. Lejos de imponer rígidas normas de etiqueta o castigar sus excentricidades, Blanche introduce a Charity en el mundo de la acuarela, enseñándole a mirar el color real de las cosas y dándole la técnica necesaria para aprovechar su talento. Por otro lado está Tabitha, la doncella escocesa cuyas truculentas historias de fantasmas aportan una gran dosis de misterio y terror gótico. A través de estas interacciones, vemos cómo el amor de Charity por los seres vivos y el dibujo deja de ser solo un pasatiempo para transformarse en el germen de una identidad artística sólida que definirá su destino adulto.

Las ilustraciones de Anne Montel consiguen una atmósfera de texturas, cálida y envolvente, con su uso de la acuarela y el lápiz. Consigue plasmar el contraste entre el gris de las estancias familiares y la explosión de color de la naturaleza que tanto fascina a Charity. Los animales están retratados con rigor casi científico, pero dotados también de ternura y expresividad. Se puede sentir el crujido de las hojas secas, el frío de la nieve o el olor a pintura húmeda sobre el papel.

Como guinda del pastel, en las últimas 4 páginas encontramos un bello apéndice con bocetos de trabajo, estudios de los personajes principales, pruebas de gamas de colores para las cubiertas y el primer boceto de portada que terminó siendo descartado por los autores. Un broche final que en este libro en particular encaja perfectamente con la propia temática del libro: ver el proceso de trabajo de Montel es una alusión al propio despertar como dibujante de la pequeña Charity.

En definitiva, el sabor de boca que nos queda tras leer esta novela gráfica es el amor por la creatividad y a la libertad de trazar un camino propio cuando todos los demás se empeñan en escribirlo de antemano. Una obra de gran belleza literaria y visual que además tiene mucho humor, y que resulta especialmente conmovedora (sobre todo para los adultos), puesto que nos recuerda que los grandes proyectos de vida casi siempre comienzan con pequeños detalles como un pincel sucio, un microscopio y una curiosidad infinita.

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