Títulos publicados: Kira y Edu investigan / Kira y Edu dan la nota / Kira y Edu oyen algo raro
Textos e ilustraciones de Steve Roberts y Joel Stewart
Traducción de Gabriela Portillo
Editorial: Edelvives, 2025
Edad recomendada: a partir de 7 años
La premisa de esta nueva serie de cómic resulta bastante atractiva: una perra que resulta ser una detective con agencia propia metida en un bosque mágico. Quizá sea el contraste entre lo ordinario —un paseo diario por el parque— y lo extraordinario —convertirse en investigadora al cruzar el umbral de los árboles—. O quizá sea, simplemente, la fascinación que nos provocan las puertas secretas a lugares donde podemos ser versiones mejoradas de nosotros mismos. Los misterios de Villamaraña juega con esa fantasía con un ritmo que no decae y un humor que sabe cuándo guiñar el ojo.
La serie llegó a España de la mano de Edelvives en noviembre de 2025, inaugurando su nueva línea de cómic junto con la serie Aurora y el Orco de Lewis Trondheim. Se trata de la traducción al castellano de Tangletree Mysteries, publicada originalmente por Welbeck en 2023 en el Reino Unido. Los tres primeros volúmenes disponibles en nuestro idioma son: Kira y Edu investigan, Kira y Edu dan la nota y Kira y Edu oyen algo raro.
El nombre español merece una explicación: “Tangletree” evoca un árbol enmarañado, un lugar donde las ramas se entrelazan formando laberintos. La traductora ha optado por “Villamaraña”, jugando con la palabra “maraña” —que en español significa precisamente eso: enredo, lío, embrollo— y creando un topónimo que suena a pueblo pintoresco pero con cosas que ocultar. Es una nombre que funciona: mantiene la esencia del original mientras le da una sonoridad muy natural en castellano, un toque de lugar perdido en el mapa donde todo puede pasar.
Detrás de esta serie están Steve Roberts y Joel Stewart, dos nombres con un gran currículum. Roberts es conocido por haber creado premiadas series de animación infantil como DipDap y Twirlywoos. Stewart, por su parte, es un ilustrador con una trayectoria que incluye colaboraciones con pesos pesados como Julia Donaldson, Michael Rosen y Michael Bond. Además, ambos trabajaron juntos en las series de animación Abney & Teal y BOT and the Beasties. Con esta experiencia en televisión, no sorprende que Los misterios de Villamaraña tenga ritmo visual y una narrativa fluida.
Como decíamos al principio, la premisa es sencilla pero atractiva: Kira es una perra que, durante su paseo diario, corre hacia el bosque de Villamaraña y se transforma en una brillante detective. Tiene oficina, casos que resolver y un fiel compañero, Edu, una musaraña tan pequeña como ingeniosa. El primer volumen presenta dos misterios independientes: “Tiempo de pringue” y “Carrera de barro”. En el primero, los vecinos del bosque aparecen dormidos y cubiertos de una sustancia pegajosa y maloliente. En el segundo, la carrera anual de obstáculos se vuelve peligrosamente complicada debido a una excavadora descontrolada.
Lo que hace de este un cómic interesante son dos elementos clave: el humor genuino y las ilustraciones expresivas. Roberts y Stewart saben que el público infantil detecta cuando le están subestimando, así que no escatiman en giros argumentales ni en detalles absurdos que provocan carcajadas. Hay referencias visuales que solo los adultos captarán, pero el grueso de la historia funciona a cualquier edad. Los chistes escatológicos —sí, hay barro, babas y porquerías así— están dosificados con inteligencia, al servicio de la trama.
El estilo de ilustración es cartoon, con líneas dinámicas y personajes antropomorfos llenos de personalidad. Los colores son vivos pero contenidos, y cada página está construida pensando en la legibilidad: las viñetas fluyen con naturalidad, los bocadillos están colocados estratégicamente y el texto, en minúsculas —para lectores que están consolidando su autonomía—, resulta accesible sin ser condescendiente. Stewart domina la expresividad de los personajes; una oreja caída, una cola levantada o una ceja arqueada dicen tanto como los diálogos.
Uno de los mayores aciertos de la serie es que cada libro contiene dos casos completos de unas sesenta páginas cada uno, lo que ofrece una experiencia de lectura satisfactoria sin hacerse largo. Para niños y niñas que están dejando atrás los álbumes ilustrados pero todavía no se sienten cómodos con libros muy extensos, este formato es ideal. Además, la autoconclusión de cada misterio permite leerlos en cualquier orden, aunque hay personajes recurrentes que van ganando profundidad.
La única pega que podríamos encontrarle es que habrá quien considere que la fórmula pueda volverse repetitiva después de varios volúmenes. Pero para el público al que va dirigido —primeros lectores autónomos de unos 7 años, con un tipo de letra más pequeño que el de Policán— la previsibilidad es tranquilizadora, no aburrida. Saber que habrá un misterio, pistas, algún malentendido cómico y una resolución ingeniosa forma parte del placer de leer.
La apuesta de Edelvives por incorporar esta serie a su catálogo, junto con Aurora y el Orco, señala una intención clara de posicionarse en el mercado del cómic infantil de calidad. Son títulos que funcionan tanto en el ámbito escolar —donde el formato cómic cada vez está más presente en planes lectores— como en casa, porque combinan entretenimiento con un diseño cuidado.
Los misterios de Villamaraña es, en definitiva, una de esas series que hacen bien su trabajo: engancha, divierte, respeta a sus lectores y, de paso, abre puertas a nuevos aficionados. Kira y Edu merecen un sitio en nuestras bibliotecas, y Villamaraña, ese bosque enredado de secretos y risas, es un lugar al que muchos querrán volver.



