Autora: Beatriz Bernal
Adaptación: Diego Arboleda
Ilustradora:Eugenia Ábalos
Anaya, 2025
Edad recomendada: A partir de 9 años y adultos
Cuando el cura de Don Quijote reunió en el patio todos aquellos libros de caballerías que según su juicio debían ser condenados a la hoguera, seguramente estaría entre ellos Cristalián de España, una novela publicada en Valladolid en 1545 y escrita por Beatriz Bernal. Estamos ante la primera novela escrita por una mujer en lengua española (al menos, que haya llegado a nuestros días), aunque esa primera edición se publicó sin su nombre, y hubo que esperar a 1587, cuando se reeditó firmada por su autora, gracias a la insistencia de su hija Juana. Un hito literario de esos que deberían aparecer en todos los manuales escolares de Literatura y, sin embargo, no mucha gente ha oído hablar ni del libro ni de su autora. Hasta Góngora cita a este valeroso caballero en su soneto “Volviéndose a Francia el Duque de Humena“.
La historia de Beatriz Bernal es tan nebulosa como fascinante. Se sabe poco de ella: que vivió en Valladolid, que probablemente nació alrededor de 1504 y murió antes de 1584, que estuvo casada con un cristiano nuevo llamado Cristóbal de Gaytán. Lo demás son conjeturas, documentos notariales dispersos y el monumental legado de su Cristalián, una novela de caballerías que se reeditó varias veces en el siglo XVI y que influyó en autores de su época. Luego, el olvido. Quizá porque era mujer, quizá porque el género cayó en desgracia, o quizá porque la historia literaria se ha escrito demasiadas veces sin mirar con suficiente atención.
Ahora, Anaya recupera parte de ese universo perdido en una cuidada edición, con texto adaptado por Diego Arboleda a partir del original e ilustraciones de Eugenia Ábalos. Las aventuras del caballero Cristalián no es ni de lejos una edición íntegra —sería imposible condensar más de mil páginas en un volumen pensado para lectores jóvenes—, sino una puerta de entrada a ese mundo de encantamientos, batallas, linajes complejos y gestas heroicas que Beatriz Bernal construyó con tanta ambición como pericia. Arboleda ha seleccionado dos episodios representativos y los ha modernizado sin traicionar el espíritu del original: el lenguaje fluye, la aventura engancha, y uno puede imaginar perfectamente a niños y adolescentes descubriendo con asombro que hace casi cinco siglos una mujer española escribía novelas de fantasía épica.
El caballero Cristalián, hijo del rey de Trapisonda (lugar que aparece varios veces en el Quijote y en otras novelas de caballería) y heredero de múltiples reinos, emprende aventuras que lo llevan a enfrentarse con gigantes, rescatar doncellas, desencantar castillos y demostrar su valía una y otra vez. La trama, como corresponde al género, avanza entre combates, profecías, amores corteses y revelaciones genealógicas que harían palidecer a cualquier serie de televisión actual. Pero lo que hace especial al Cristalián original —y esta adaptación lo respeta— es que Beatriz Bernal no se conformó con replicar fórmulas: su novela está poblada de personajes femeninos activos, guerreras, hechiceras, mujeres que toman decisiones y mueven la trama tanto o más que los caballeros.
Diego Arboleda, que ya había rendido homenaje a Beatriz Bernal en Una librería en el bosque —donde la autora del XVI aparece como personaje en una trama que mezcla realidad y ficción—, demuestra aquí su habilidad para transitar entre registros. Su adaptación no infantiliza el texto original: conserva la complejidad de las tramas, la riqueza del vocabulario caballeresco (espadas, justas, lides, pendones) y ese sabor arcaico que hace que leer novelas de caballerías sea como entrar en un castillo lleno de ecos. Pero al mismo tiempo aligera las construcciones sintácticas más enrevesadas, poda las digresiones excesivas y mantiene un ritmo narrativo que funciona para los lectores del siglo XXI.
Las ilustraciones de Eugenia Ábalos convierten el libro en un objeto de deseo. Trabajadas con una paleta cromática intensa, sus imágenes ocupan páginas enteras y dialogan con el texto creando atmósferas. Hay una sonoridad medieval, pero tamizada por una sensibilidad contemporánea. Los personajes tienen expresividad, los fondos transmiten misterio, y cada página invita a detenerse, a mirar, a descubrir detalles. Son ilustraciones que expanden el universo narrativo, sugieren matices. A destacar, además, las capitulares que Eugenia ha elaborado reconstruyendo las que aparecen en la edición de 1587.
Pero además de sus virtudes estéticas y narrativas, este libro cumple una función reivindicativa. Beatriz Bernal merece un lugar en el canon literario español y esta edición es una herramienta perfecta para lograrlo. Porque no se trata solo de rescatar una obra del siglo XVI por motivos academicistas, sino de visibilizar que las mujeres también escribieron géneros entonces considerados mayores, que también dominaron la narrativa de aventuras, que también construyeron mundos imaginarios complejos.
En un contexto donde cada vez se habla más de la necesidad de recuperar voces silenciadas, Las aventuras del caballero Cristalián ofrece un libro bien hecho, disfrutable, que puede leerse en familia, en las aulas, en bibliotecas. Un libro que permite que niños y adolescentes descubran que hace quinientos años una mujer española escribió una novela monumental.
Queda por ver si esta edición conseguirá que el libro original se dé a conocer, que genere curiosidad. Pero hay algo en este Cristalián —quizá la combinación de texto e imagen, quizá el formato accesible, quizá el momento cultural— que invita al optimismo. Puede que niños que lean estas aventuras luego quieran saber más sobre Beatriz Bernal. Puede que docentes encuentren aquí una vía atractiva para comenzar a hablar de literatura del Siglo de Oro. Puede que simplemente alguien disfrute de una buena historia de caballeros y dragones sin sospechar que detrás hay todo un acto de justicia literaria.
En definitiva, Las aventuras del caballero Cristalián es mucho más que una adaptación ilustrada. Es una reivindicación necesaria y un hermoso libro que demuestra que el pasado literario español tiene todavía muchas sorpresas por descubrir. Beatriz Bernal escribió hace casi cinco siglos. Ya va siendo hora de que la leamos.


