La maravilla de lo minúsculo en “La vida de los bichos”

Título: La vida de los bichos
Autora e ilustradora: Julia Rothman
Traductora: Susana Rodríguez Álvarez
Editorial: Errata Naturae, 2026
Edad recomendada: A partir de 8 años

Los insectos tienen un serio problema de popularidad, salvo un par de excepciones —las mariposas, las mariquitas y, quizá, las abejas por su utilidad—. El resto de los bichos que viven a nuestro alrededor suelen ser recibidos con un manotazo, un bote de espray o un grito de espanto. Y a pesar de ello, casi todos tenemos en algún rincón de la memoria un momento de fascinación infantil frente a una hormiga, una mantis, un saltamontes…

Julia Rothman apela precisamente a esa memoria nada más arrancar La vida de los bichos, recordando en su introducción cómo se colaba de niña en el jardín del vecino para meter luciérnagas en un frasco, o aquel desastroso viaje a Disneyland que terminó con un brote de piojos en la familia. Con esa honestidad cercana y un poco gamberra, la autora neoyorquina nos invita desde la primera página a bajar la vista hacia el suelo con otra actitud.

Esta novedad, muy bien editada en español por Errata Naturae con traducción de Susana Rodríguez Álvarez, viene a sumarse a la consagrada y reconocible biblioteca visual de Rothman. Quienes lleven tiempo siguiendo la pista a sus publicaciones sabrán que esta obra es la continuación natural de un proyecto que ya nos ha regalado joyas como La vida salvaje, Cuaderno de naturaleza, La vida en el campo o La vida en el océano. Originalmente publicado en Hachette USA como Insect Anatomy, el libro aterriza ahora en nuestras librerías manteniendo intacta esa fórmula que la autora ha perfeccionado a lo largo de los años: el cruce entre el cuaderno de campo de un naturalista y el diario desenfadado de una ilustradora contemporánea.

En lugar de saturarnos con demasiado texto enciclopédico, impersonal y denso, Rothman nos ofrece un festín visual dividido en siete capítulos. Desde el arranque en “Bicheando”, donde ajusta cuentas con la taxonomía básica (no, las arañas no son insectos), hasta “Están entre nosotros”. A lo largo de sus páginas, transitamos por la fascinante metamorfosis en “El tiempo vuela”, o descubrimos verdaderas excentricidades de la evolución, el mimetismo y el camuflaje en el titulado “Algunas rarebzzzas”.

La voz narrativa es lo que más destaca en esta propuesta divulgativa. No vemos condescendencia didáctica ni ese tono pedagógico impostado que a veces lastra los libros informativos. Rothman investiga desde el asombro y nos hace partícipes de sus propios hallazgos. Nos cuenta cómo el aislamiento durante la pandemia en Rosendale (Nueva York) le permitió detenerse a observar una majestuosa polilla de cecropia posada en el pomo de su puerta, o cómo su hermana regresó de Uganda con una larva de mosca rezumbadora incrustada bajo la piel. Esa intrahistoria es la que involucra al lector, pues la autora nos está compartiendo maravillas que ella misma ha experimentado en sitios cercanos.

A nivel gráfico, las ilustraciones de Rothman, con trazos de tinta vibrantes y acuarelas definidas, tienen un toque artesanal y fascinante. Las flechas, las anotaciones, los diagramas de la anatomía de un escarabajo o el ciclo vital de una cigarra cobran vida gracias a un buen diseño de maqueta, que evita la saturación visual. El texto y la imagen, así, logran no competir sino estar muy integrados. De hecho, esta complejidad y artesanía de la diagramación y el diseño que tan buena impresión provoca en el lector seguramente haya sido fruto de muchos dolores de cabeza de editores, traductora y maquetistas.

Otro punto interesante de este libro es que la autora dedica varias partes a hablarnos de lo más cercano, tanto como la moqueta de nuestro salón. Nos enfrenta a realidades cotidianas y a veces incómodas: las chinches de cama, la anatomía perfecta del mosquito que nos molesta en las noches de verano, y no olvida el delicado tema de la entomofagia (comer insectos). Al final, ofrece pautas prácticas sobre cómo crear jardines para polinizadores o construir hoteles para insectos.

En definitiva, La vida de los bichos es uno de esos acertados libros divulgativos que trascienden su supuesta etiqueta de edad y funciona a la perfección como lectura compartida, donde el adulto disfruta y se sorprende tanto o más que el pequeño lector. Julia Rothman nos muestra que el asombro se cultiva prestando atención a lo minúsculo: la próxima vez que veamos una hilera de hormigas desfilando por la encimera de la cocina, nos lo pensaremos dos veces antes de fumigarlas sin compasión.

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