Autores: Myriam Dahman y Nicolas Digard
Ilustradora: Julia Sardà
Traducción: Carole Vautier y Alberto Álvarez Gil
Editorial: Pípala, 2025
Edad recomendada: A partir de 5 años
La editorial Pípala nos trae el tercer capítulo de una colaboración que ya se ha convertido en referente del álbum ilustrado contemporáneo. Tras El secreto del lobo y Leina y el señor del bosque, Myriam Dahman y Nicolas Digard vuelven a unir fuerzas con la ilustradora Julia Sardà para ofrecernos La Bruja Lechuza, una historia que continúa explorando ese universo mágico donde dialogan lo humano y lo salvaje.
Desde la primera página, el lector reconoce el estilo visual que Sardà ha construido en las entregas anteriores. Sus ilustraciones despliegan un bosque onírico poblado de criaturas fantásticas, donde cada elemento vegetal y animal parece esconder algo. La paleta cromática se mueve entre tonos tierra, verdes profundos y ocres que evocan la calidez del hogar y la oscuridad del misterio. Un universo gráfico que nos recuerda a esos cuentos que se contaban al calor de la lumbre y que han viajado de generación en generación.
La trama nos presenta a la Bruja Lechuza, una mujer que vive sola en una casa encaramada en lo alto de un acantilado. Una noche de invierno, recibe la visita inesperada de la joven Nora, quien llega con una extraña invitación de su amo, Baltasar Tintanegra, temido señor de las profundidades del mar. Este simple encuentro se convierte en el inicio de una aventura donde la Bruja Lechuza deberá enfrentar a este oscuro personaje para ayudar a Nora a recuperar su libertad.
El argumento explora temas universales como la identidad, el poder de la amistad y el coraje necesario para enfrentar los cambios que la vida nos impone. Los autores demuestran una vez más su habilidad para abordar cuestiones profundas sin caer en mensajes demasiado explícitos. Además, la narrativa fluye de manera natural, permitiendo que sean los propios lectores quienes descubran las múltiples capas de significado que subyacen bajo el texto.
La propuesta narrativa se caracteriza por su economía verbal y su sabor a tradición oral. No hay palabras de más, cada frase está medida y cumple su función específica. El ritmo de la narración alterna momentos de tensión con pausas contemplativas, permitiendo que el lector respire y asimile lo que está experimentando. Los diálogos entre personajes suenan naturales, dentro de ese estilo decimonónico de cuento de hadas, y hay cierta musicalidad propia de la literatura oral que apela a la lectura en voz alta.
Encontramos en esta historia ecos de relatos conocidos por todos, los que muestran el sometimiento que ejerce un villano sobre sus víctimas en cuentos como La sirenita o Barba azul, y también elementos más interesantes, como que la cautiva sea liberada por una mujer, que además es bruja. También tiene ecos de Baba Yaga y el resto de ancianas del bosque presentes en diferentes culturas, que viven en soledad, en comunión con la naturaleza.
Julia Sardà, que ya demostró en trabajos anteriores su marcada personalidad a la hora de ilustrar y diseñar, cuenta su propia historia paralela, añade información para que las palabras se puedan entender, y crean imágenes que permanecen en la memoria. Hay dobles páginas con una composición cuidadosamente equilibrada donde el espacio vacío cobra tanta importancia como los elementos dibujados.
Los motivos animales que pueblan las ilustraciones son también muy llamativos. Cada criatura va acompañada de su propio simbolismo, conectando con arquetipos que reconocemos instintivamente. La lechuza del título representa la sabiduría nocturna, ese conocimiento que se adquiere en la oscuridad y la soledad. Los elementos vegetales, tanto de la tierra como del mar, entrelazan las escenas.
La Bruja Lechuza es, en definitiva, un álbum ilustrado que honra la mejor tradición del género mientras aporta una voz propia y contemporánea. La alianza entre el texto de Dahman y Digard y las ilustraciones de Sardà produce una obra donde palabra e imagen se potencian. Un libro que requiere ser leído en un momento de calma para dejarse llevar por su estética y disfrutar de su ritmo evocador.


