El mundo de la LIJ en España acaba de perder a uno de sus referentes, el ilustrador Juan Ramón Alonso, cuya obra ha acompañado a generaciones de lectores, y representa un legado artístico que seguirá con nosotros.
Nacido en Madrid en 1951, Juan Ramón Alonso estudió en la Escuela de Bellas Artes de la Academia de San Fernando, donde se especializó en Pintura. Su formación académica le proporcionó una base sólida que más tarde se vería reflejada en la sensibilidad y técnica de sus ilustraciones. Durante más de dos décadas, compaginó su labor como profesor de dibujo con colaboraciones editoriales, hasta que en 1995 decidió dedicarse por completo a la ilustración.
Desde entonces, su carrera fue prolífica y diversa. Trabajó en más de 300 obras, muchas de ellas publicadas por las más prestigiosas editoriales en lengua española: Santillana, Anaya, Kalandraka, Lóguez… Su estilo, caracterizado por una mezcla de realismo poético y fantasía contenida, logró capturar la esencia de los relatos que ilustraba, dotándolos de una dimensión visual que enriquecía la experiencia lectora.
Uno de sus primeros trabajos destacados fue la ilustración de Tom Sawyer detective, de Mark Twain, publicado en la colección Austral Juvenil de Espasa Calpe a principios de los 80. A partir de ahí, su nombre comenzó a aparecer con frecuencia en los libros que marcaron la infancia de muchos lectores. Fue también colaborador habitual de medios como El País.
La noticia de su fallecimiento fue recibida con profunda tristeza por el mundo editorial. Editoriales como Loqueleo y Kalandraka expresaron públicamente su pesar, destacando no solo su talento, sino su calidad humana. Quienes trabajaron con él destacan su humildad, su generosidad y su pasión por el oficio. Nunca dejó de aprender, de explorar nuevas formas de expresión, de adaptarse a las necesidades de cada proyecto sin perder su sello personal.
Sus imágenes seguirán hablando por él, recordándonos que la belleza está en los detalles.


Mucho amor por todas partes