Entre pinceles y secretos de palacio: “La manga roja”

Guion: Dopamine (basado en la novela de Mikang Kang)
Ilustraciones: CreativeSUMM
Guion gráfico: Lee Ji Yong
Traducción: Ana Barragán
Editorial: Maeva, 2025
Edad recomendada: A partir de 14 años

Imagina escribir tu primera novela a los diecisiete años y que, unos pocos años después, acabe convertida en un fenómeno cultural con millones de lectores, una adaptación televisiva protagonizada por un ídolo del K-pop y una versión en webtoon que no deja de sumar episodios. Eso es lo que le pasó a Mikang Kang con La manga roja, una historia que empezó en 2017 como una novela autopublicada y que ahora, gracias a Maeva Ediciones, llega a España en formato manhwa (manga coreano). No es exactamente un manga japonés, sino un webtoon adaptado a papel, un formato de historieta digital vertical que los coreanos han perfeccionado para leerse en el móvil, con su ritmo y características propias.

La manga roja nos sitúa en pleno siglo XVIII, durante la dinastía Joseon, una época en la que las mujeres —más si eran plebeyas— tenían las opciones de vida muy limitadas. En ese escenario asfixiante, conocemos a Seong Deokim, una niña que desde pequeña demuestra ser todo lo contrario de lo que se esperaba de ella: es lista, traviesa, ambiciosa y, sobre todo, está obsesionada con la caligrafía y los libros. Tanto, que cobra a sus compañeras un par de monedas por seguirles leyendo en voz alta las novelas románticas que caen en sus manos. Deokim no es de las que se conforman con barrer patios de palacio y agachar la cabeza.

La trama arranca cuando Deokim es apenas una cría en formación como dama de la corte. A través de sus ojos —y de los de Migang, otra aprendiz que, décadas después, lee un libro sobre la vida de la protagonista—, asistimos al despertar de una vocación poco convencional: Deokim quiere dominar no solo el hangul, el alfabeto coreano, sino también los complicados ideogramas chinos (hanja) que le darían acceso a un conocimiento vedado para las mujeres de su condición. Esa habilidad la hace visible ante el rey y luego ante el príncipe heredero, del que se rumorea que es el hombre más guapo de la corte pero también el más intratable.

La historia no se deja llevar por el costumbrismo ni por la solemnidad del género histórico. Deokim tiene gracia, desparpajo, y eso le trae numerosos problemas. En una corte llena de intrigas, envidias y juegos de poder, destacar siempre es arriesgado. Y cuando la protagonista empieza a transcribir textos que ninguna mujer debería tocar y acaba siendo transferida al servicio personal del príncipe heredero, las cosas se complican.

La primera mitad del volumen se dedica a presentar a Deokim de niña, a establecer su carácter y a mostrarnos el ambiente palaciego con sus jerarquías, sus reglas y sus personajes secundarios, que van a tener peso en el resto de la historia. Quizá algunos lectores puedan sentir que la trama tarda en arrancar, pero cuando Deokim cumple quince años y las piezas empiezan a moverse, la cosa se acelera.

Uno de los puntos interesantes de La manga roja es su tratamiento de la caligrafía como elemento narrativo central. No es solo un oficio, sino también una forma de resistencia y también un riesgo constante. Deokim imita caligrafías ajenas, corrige errores, accede a textos prohibidos. Eso la convierte en alguien valioso pero también peligroso. Y el manhwa no pierde ocasión de recordárnoslo a través de pequeñas notas al pie que explican las referencias literarias coreanas y chinas que van apareciendo. Es un detalle que enriquece la lectura sin volverse pesado, y que el lector que quiera puede pasar de largo.

Visualmente, todo es a color, con una paleta que oscila entre azules, rojos y amarillos. El trazo es limpio, las formas algo redondeadas, lo que le da al conjunto un aire acogedor, casi de cuento, que contrasta con la dureza de algunos momentos narrativos. Es un estilo que seduce, especialmente para quien venga del blanco y negro del manga clásico.

Aunque títulos coreanos ya se han abierto hueco antes que este, sigue siendo un mercado pequeño comparado con el manga japonés. La manga roja llega con el respaldo de un fenómeno cultural ya consolidado, con varios millones de visualizaciones en la plataforma Webtoon, una serie de televisión en 2021 (con Lee Junho de 2PM como protagonista) y una novela original que vendió muy bien. Es una apuesta segura para una editorial, pero también una puerta de entrada para quien quiera descubrir qué se cuece más allá del manga japonés.

Las historias palaciegas no son novedad, pero la perspectiva de una plebeya que se abre camino a golpe de talento y astucia en un mundo ajeno resulta interesante. Deokim no es una heroína perfecta, comete errores, se mete en líos, pero tampoco es una víctima pasiva que se deja aplastar, y eso la hace creíble. La ambientación histórica está bien construida, al igual que el dibujo. Es entretenimiento de calidad, con cierto toque adictivo, y que, además, abre una ventana a la cultura y la literatura coreanas sin hacer pedagogía forzada.

Maeva ya ha publicado los tres primeros volúmenes de la serie —el tercero acaba de salir en octubre—. Si el nivel se mantiene, La manga roja puede convertirse en una de esas series que funcionan: buenos personajes, buena trama y el gusanillo de querer saber qué va a pasar después.

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