En el principio era el rayo: “Los orígenes de lo sagrado”

Autor: Patrick Banon
Ilustrador: Antoine Pateau
Traductora: Iballa López Hernández
Editorial: Errata Naturae, 2026
Edad recomendada: jóvenes y adultos

Hubo un tiempo en que mirar al cielo no era solamente un gesto distraído (cada vez menos), sino algo trascendental. Medir el paso de los astros significaba comprender el tiempo, anticipar las estaciones y, de paso, intuir que allí arriba habitaba algo más grande que uno mismo. Patrick Banon parte precisamente de esa idea tan sencilla como importante en Los orígenes de lo sagrado: antes de los templos, antes de los libros sagrados, incluso antes de los dioses con nombre propio, lo sagrado estuvo en la naturaleza.

Publicado originalmente en francés por Dargaud en 2024 bajo el título Les origines du sacré, este volumen llega ahora al castellano de la mano de Errata Naturae con la traducción de Iballa López Hernández. Estamos ante un libro objeto, con un formato generoso cercano al A4, encuadernación en cartoné y un diseño limpio que respira en cada página. Pero sobre todo, estamos ante un híbrido difícil de encasillar: no es exactamente un ensayo, tampoco un cómic, ni un libro ilustrado. Es todo eso a la vez, una propuesta que combina divulgación rigurosa, relato mítico, secuencias de cómic, ilustraciones a página completa y mapas simbólicos en una mezcla muy atractiva.

El autor, Patrick Banon, es un antropólogo francés especializado en ciencias de las religiones y sistemas de pensamiento, investigador asociado a la Universidad París-Dauphine. Ha dedicado décadas a explorar cómo funcionan las creencias humanas, desde sus manifestaciones más ancestrales hasta sus formas contemporáneas. Con más de veinte libros publicados —biografías sobre Jesús o Moisés, ensayos sobre diversidad cultural, guías sobre laicidad— Banon domina el arte de moverse entre lo académico y lo divulgativo. En Los orígenes de lo sagrado, ese equilibrio se nota: el autor nos habla con cercanía mientras nos cuenta los secretos mejor guardados de nuestros antepasados.

El libro se estructura en siete crónicas que funcionan como ventanas a distintos elementos naturales que despertaron en la humanidad primitiva esa sensación de asombro, temor y veneración que llamamos “lo sagrado”. Cada crónica se adentra en un territorio: el cielo como origen del tiempo sagrado, el rayo que cambia el destino de nuestra especie, el agua fuente de vida y diluvios, la tierra como centro del mundo, las piedras que guardan memoria, los espíritus del viento y, finalmente, los árboles y bosques sagrados. No son compartimentos estancos, sino capas superpuestas que dialogan entre sí, igual que lo hacían los mitos de diferentes culturas que, sin conocerse, llegaban a conclusiones parecidas sobre el funcionamiento del cosmos.

Banon nos muestra cómo los fenómenos naturales no eran para nuestros ancestros simples eventos físicos, sino manifestaciones de fuerzas que escapaban a su comprensión y que, por tanto, requerían ser interpretadas, ritualizadas, incorporadas al tejido simbólico de sus comunidades. ¿Por qué ciertas piedras se convirtieron en símbolos? ¿Qué llevó a tantas culturas a considerar los árboles como ejes que conectan cielo, tierra y subsuelo? Cuando un rayo partía el cielo durante una tormenta, no estaban viendo simplemente una descarga eléctrica: estaban presenciando la cólera o el mensaje de algo superior. Esa capacidad de crear significado donde solo hay caos, de construir narrativas que ordenan el universo, es lo que nos hace humanos.

La prosa de Banon es accesible pero precisa. Sabe cuándo detenerse en un detalle arqueológico fascinante y cuándo abrir el zoom para que veamos el panorama completo. No cae en la tentación de adornar cada párrafo con adjetivos grandilocuentes o de convertir cada dato en una revelación apocalíptica. Confía en la inteligencia de los lectores y por eso mismo se permite hacer conexiones sutiles, plantear preguntas abiertas y dejar espacios para que saquemos nuestras propias conclusiones.

En cuanto a la parte visual, el ilustrador francés Antoine Pateau ha creado una narrativa visual que amplifica, complementa y dialoga de igual a igual con el texto. Pateau utiliza una paleta cromática suave —ocres, azules profundos, tonos terrosos— que remite directamente a esos elementos naturales que son protagonistas del libro. Sus ilustraciones a página completa nos transportan a paisajes remotos, a rituales ancestrales que siguen latiendo en algún rincón de nuestro imaginario colectivo. Y cuando introduce secuencias de cómic, cada viñeta aporta información, con una composición pensada para que la mirada fluya sin tropiezos. Texto e imagen se combinan muy bien en cada página.

La inclusión de mapas es otro acierto notable en la parte gráfica, ya que Banon salta del antiguo Egipto a Mesopotamia, de las culturas precolombinas a las tradiciones nórdicas, del hinduismo al chamanismo siberiano. Y esos mapas nos ayudan a situar geográficamente las creencias, a entender cómo la geografía condiciona la cosmología, a ver las rutas por las que viajaban las ideas mucho antes de que existieran internet o los libros impresos.

Banon no predica ecologismo New Age ni cae en idealizaciones románticas del “buen salvaje”, pero sí nos recuerda que hubo un tiempo en que los humanos no nos sentíamos dueños del planeta, sino parte de un entramado mucho más vasto y complejo. Esa humildad, esa consciencia de que somos apenas una gota de agua en el mar, se ha ido diluyendo en las sociedades industrializadas. Y quizá volver a mirar cómo nuestros antepasados percibían el mundo es una herramienta útil para repensar nuestra existencia en el planeta.

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