Título: El jardín
Autora e ilustradora: Beatriz Martín Vidal
Editorial: Baobab, 2022
Edad recomendada: A partir de 5 años
Hace ya algunos años que en las páginas de Babar nos deteníamos a conversar con Beatriz Martín Vidal sobre la naturaleza de sus criaturas e imágenes. En aquella entrevista, como también en las lecturas de obras suyas tan interesantes como Enigmas, El pacto del bosque o Birgit, quedaba al descubierto una capacidad inconfundible para retratar la infancia no como una etapa meramente placentera y plana, sino como un territorio denso, impregnado de misterio, ritos de paso y presencias inquietantes. Con El jardín, publicado en Baobab (Destino) en 2022, la creadora vallisoletana vuelve a internarse en esa frontera entre el mundo reglamentado del adulto y la dimensión libre y estimulante de la imaginación infantil.
En esta ocasión, la premisa parte de una tensión cotidiana tan simple como demoledora: la voz narrativa de una niña reconoce la existencia de un espacio maravilloso oculto en algún lugar que le atrae con fuerza, pero decide refrenar su deseo de buscarlo porque siente que sus obligaciones diarias son más importantes. A caminar por la calle para ir al colegio o a su casa, las criaturas del bosque echan las garras suavemente sobre su rutina e intentan convencerla para que se quede a jugar. Sin embargo, la protagonista se fuerza a mirar hacia otro lado; sabe que si ignora a estos seres, terminarán por regresar a su sitio, dejándola a ella libre para volver a la seguridad del hogar, ese espacio aséptico donde no crecen plantas ni habitan bestias extraordinarias, pero donde es posible hacer los deberes en tranquilidad y olvidarse de lo demás.
A partir de este conflicto interior, Beatriz construye una alegoría sobre la domesticación del pensamiento. El texto, lírico y contenido, dialoga de una manera fascinante con la ilustración. Apenas unas pocas frases guían la lectura, pero su peso es enorme. La casa y la escuela representan el orden, el deber ser y el adiestramiento social; el jardín, en cambio, encarna el juego sin riendas, el desorden vegetal, la belleza fascinante y al mismo tiempo inquietante del instinto creador. La tensión se resuelve con un acto de resistencia íntima: la decisión consciente de no olvidar que ese edén salvaje continúa ahí fuera.
Beatriz despliega, como de costumbre, su reconocible destreza para transmitir emociones y verdades con la imagen. Sus personajes poseen la serenidad del arte clásico combinada con la atmósfera de los cuentos de hadas. El uso de la paleta cromática, sobria y contenida, contrapone los tonos oscuros, grises y terrosos con destellos de azules luminosos. Las criaturas del jardín no están infantilizadas: son figuras orgánicas, nacidas de la maleza, que encarnan lo salvaje, la libertad de la imaginación. La mirada de la protagonista, firme e introspectiva, conecta directamente con quien contempla estas páginas.
El jardín reflexiona sobre la pérdida de la capacidad de maravillarnos y sobre la constante negociación entre el principio de realidad y el principio de placer, entre el mundo adulto y el potencial de la infancia. En otros trabajos suyos anteriores, la muerte, la transformación física o los dilemas morales adquirían una dimensión más oscura o dramática. Pero El jardín opera con una delicadeza luminosa que apela tanto a los primeros lectores como a los adultos que han arrinconado sus ganas de imaginar.
Beatriz Martín Vidal muestra, una vez más, su respeto por la inteligencia y el gusto estético del lector. No hay sermones ni moralejas, sino un montón de estímulos abiertos. Un recordatorio de que los jardines están ahí, aunque con el paso del tiempo se hayan quedado tapados bajo la hojarasca, esperando a que tengamos la valentía de volver a habitarlos.

