“El diablo en la botella”: edición ilustrada del clásico de Stevenson

Autor: Robert Louis Stevenson
Ilustración: Emilio Urberuaga
Traducción: Colectivo Stevenson BdL
Editorial: Nórdica Libros, 2026
Edad recomendada: A partir de 12 años

El diablo de la botella es un cuento de Robert Louis Stevenson escrito en 1891, cuando el escritor escocés se había instalado en Samoa. Aunque no es, ni mucho menos, la primera vez que se edita en español, Nórdica lo ha rescatado en una edición que combina una nueva traducción con las expresivas ilustraciones de Emilio Urberuaga, que ya en esta misma colección nos ofreció su visión sobre Los muertos de Joyce.

Cuando Stevenson escribió esta historia, estaba lejos del cielo gris escocés que le vio nacer. Llevaba meses explorando las islas del Pacífico, aprendiendo sus leyendas, sus gentes y su geografía. En 1889 pasó cinco meses en el Reino de Hawái, visitó la colonia de leprosos de Molokaʻi, donde conoció al padre Damien, paseó por el pueblito costero de Hoʻokena, escuchó tocar a la banda del rey Kalākaua. Todo ese mundo, con sus contradicciones entre lo tradicional y lo colonial, entre la magia y el pragmatismo, acabó cristalizando en este relato, que se publicó primero por entregas en 1891, tanto en inglés como en samoano (una traducción que el propio Stevenson supervisó).

Como dato curioso que demuestra la popularidad de esta historia, encontramos que ha sido adaptada a varios formatos. En 1917 se rodó una película muda dirigida por Marshall Neilan, con el actor japonés Sessue Hayakawa en el papel principal. En los años treinta hubo dos versiones europeas: una alemana (Love, Death and the Devil, 1934) y una francesa (Le diable en bouteille, 1935). Más tarde se hizo una adaptación con marionetas de los hermanos Diehl, en 1952. Aquí en España hubo una edición ilustrada en 1989, en la mítica colección Austral Juvenil de Espasa-Calpe, con dibujos de Fuencisla del Amo.

El diablo de la botella arranca con una premisa de cuento tradicional: una botella con un diablo dentro que concede deseos. Keawe, un joven hawaiano que siente la necesidad de conocer otras tierras, viaja a San Francisco. Allí descubre una casa hermosa cuyo dueño parece triste y asustado. Al hablar con él, el anciano le muestra una botella de vidrio blanco, lechoso, en cuyo interior habita un diablo rodeado por el fuego del infierno que puede conceder cualquier deseo. Pero, ojo, tiene truco: la botella hay que venderla siempre más barata de lo que te costó, no se puede regalar ni tirar (vuelve solita), y si te mueres con ella en tu poder, tu alma arde en el infierno. Keawe la compra por cincuenta dólares. Y, como cabría esperar, el diablo cumple: le da una mansión, tierras y fortuna. Aunque a cambio tiene que pagar un alto precio: la muerte de su tío y sus primos en un accidente de barco. Cuando Keawe consigue deshacerse de la botella, cree que ha esquivado la condena eterna. Pero entonces contrae lepra, una enfermedad que en aquel tiempo te condenaba al exilio de por vida, y no le queda más remedio que tratar de conseguir de nuevo la botella endemoniada… Cuando Keawe la recupera, ya solo vale dos centavos. ¿Cómo diablos la va a vender más barata, quién se la compraría sabiendo que es imposible revenderla?

Tendemos a considerar a Stevenson como uno de los mejores representantes de la literatura juvenil y de aventuras. La isla del tesoro, El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, Secuestrado… Obras maestras del género, pero que a veces han eclipsado otros trabajos suyos igual de interesantes. Como escribió Jorge Luis Borges: “Stevenson es una de las figuras más queribles y más heroicas de la literatura inglesa”. En sus últimos años, instalado en el Pacífico, la escritura de Stevenson viró hacia un realismo más áspero y con dilemas morales. Ya no le interesaba tanto el heroísmo como los dilemas éticos de personas corrientes metidas en situaciones extraordinarias.

El diablo de la botella se enmarca en esta última fase vital, aunque mantenga el envoltorio del cuento fantástico. Stevenson reflexiona sobre el colonialismo, sobre la injusticia del destino (la lepra como metáfora de la condena social), sobre los límites del sacrificio amoroso. Y lo hace con ese estilo directo que le caracterizaba. El relato también muestra que la racionalidad perfecta no existe: hay quien ama tanto que prefiere condenarse. Stevenson juega con estas grietas de la lógica humana para resolver su historia de manera inesperada y profundamente humanista.

Esta edición de Nórdica se enmarca en una línea editorial que desde 2006 apuesta por los libros ilustrados para adultos. Tenemos las Noches blancas de Dostoievski con ilustraciones de Nicolai Troshinsky, El duelo de Chéjov con Javier Olivares, o la que comentábamos antes, Los muertos de Joyce con Emilio Urberuaga. En todos estos casos, hablamos de ediciones muy cuidadas que prestan atención no solo a los textos y traducciones, sino también a la tipografía, al papel y a la encuadernación.

El diablo de la botella encaja perfectamente en esta línea: un clásico que merecía volver a circular en una buena edición. La traducción es del Colectivo Stevenson BdL, un grupo de estudiantes de la escuela Billar de Letras, y mantiene el pulso narrativo y la musicalidad del original.

Un cuento que sigue funcionando hoy como metáfora de nuestro propio tiempo, donde cada deseo cumplido esconde letra pequeña y puede convertirse en una maldición. Stevenson nos muestra que es imposible escapar de las consecuencias, y que el amor verdadero a veces implica grandes sacrificios.

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