“De la cuna a la luna”, el canon moderno de la prelectura

Autor: Antonio Rubio
Ilustrador: Óscar Villán
Editorial: Kalandraka, 2005
Edad recomendada: 0-3 años (y primeros lectores de 4-5 años)

Si la literatura infantil en español tiene una colección que ha logrado transformar la prelectura, esa es sin duda “De la cuna a la luna”. Creada por Kalandraka en 2005, esta serie de libros de cartón, ideada por el poeta y maestro Antonio Rubio e ilustrada por Óscar Villán, trasciende la mera etiqueta de “libros para bebés” para instalarse en el estatus de canon literario. Su éxito no es un fenómeno de moda, sino el resultado de una arquitectura literaria y visual tan sólida como el cartón de sus páginas, demostrando que la sencillez, cuando está cargada de rigor poético, se convierte en un vehículo de aprendizaje y disfrute inigualable.

¿Qué poemas podrían leerse a partir de los seis meses de vida? Esa inquietud, aparentemente sencilla, desencadenó un proyecto ambicioso que desafía la idea de que los más pequeños no pueden acceder a la verdadera literatura. Antonio Rubio, con una trayectoria de cuatro décadas como maestro y una pasión profunda por la lírica y la oralidad, se propuso crear algo que conectara a los prelectores con la estructura y la musicalidad del lenguaje. La respuesta llegó en forma de volúmenes que son un prodigio de la poética visual: los “poegramas”, un término que el propio Rubio acuñó para designar una nueva modalidad de poesía pictográfica.

El concepto de “poegrama” resulta revelador, ya que no se trata de poesía ilustrada o de cuentos rimados, sino de una modalidad específica donde imagen y palabra danzan al mismo compás, y el ritmo no es un adorno, sino el esqueleto mismo del libro. El objetivo central, en palabras del autor, es “educar el ojo y endulzar el oído”. Esta máxima se cumple en cada página. El tono es liviano, incluso minimalista, pero con una profundidad sutil: la sencillez se vuelve virtud.

Cada volumen es un poema completo que se sustenta en la sabiduría popular de las cancioncillas tradicionales, empleando estructuras como el encadenamiento (Cocodrilo), la suma (Cinco), o el verso y estribillo. El autor recurre a ecos, anáforas y onomatopeyas sin infantilizar el lenguaje, sino depurándolo hasta su máxima expresión. Esta colección no “narra” en el sentido clásico; no hay conflicto ni desenlace. Es más bien evocación, ritmo e invitación al juego con el lenguaje, convirtiéndose en poesía pura para primeras edades.

El ritmo es, sin duda, el gran protagonista invisible de estos libros. Al recitar, el adulto descubre un tempo casi de percusión, donde las palabras clave se repiten y generan una expectativa que el bebé aprende a anticipar y a disfrutar. No es casualidad que muchos docentes y familias hayan musicado estos textos; la naturaleza performativa de los versos de Violín o Luna ha generado versiones cantadas que se han vuelto virales, demostrando cómo esta poesía se integra en la cultura oral de la infancia.

Y si Rubio es el arquitecto poético, Óscar Villán —Premio Nacional de Ilustración en 1999— es el constructor visual. Su trabajo para esta colección es una lección de contención expresiva. Villán aporta un estilo artesanal, con pinceladas visibles y texturas que invitan a tocar la página. Las imágenes resaltan sobre fondos levemente texturizados y luminosos, evitando cualquier sobrecarga.

Lo fascinante es cómo las ilustraciones funcionan como un sistema de lectura autónomo. Las imágenes se articulan “como los versos” —ordenadas, medidas, con ritmo— y se suceden con una cadencia propia. Esta relación simbiótica entre texto e imagen permite al prelector, que aún no distingue grafías, seguir el hilo de una narración visual.

El formato de la colección también merece mención: el tamaño cuadrado de cartón contracolado, de 16×16 cm (con algunas ediciones especiales más grandes) y con esquinas redondeadas, convierte el libro en un objeto diseñado para la exploración táctil del bebé. Además, se enseña al niño que “se lee de izquierda a derecha, de arriba a abajo, y que el paso de las páginas es el devenir de los versos”.

El uso de letra mayúscula (imprenta), clara y generosa en tamaño, convierte los libros en un material idóneo para la lectura autónoma a los cuatro o cinco años. Los niños que ya han mamado el ritmo y memorizado el contenido de los poegramas descubren la profunda satisfacción de poder “leer” solos un libro completo, estableciendo un puente insustituible entre la oralidad y la decodificación. Este “doble destino” le otorga un valor añadido indiscutible.

La expansión de la colección ha sido constante pero coherente, manteniendo la uniformidad estética y sonora. Las incorporaciones más recientes, Cara y Flores, amplían el universo temático. Cara transita por el rostro propio a través de los sentidos y el espejo de la identidad, mientras que Flores establece un paralelismo entre el crecimiento de las plantas y el de las personas, jugando con los nombres en un jardín poético que celebra la identidad. Estas novedades refuerzan que el proyecto sigue vivo, flexible y fiel a su esencia fundacional.

En conclusión, la colección “De la cuna a la luna” es un material imprescindible en cualquier biblioteca que cumple su cometido y lo hace con inspiración y talento. Es una invitación honesta al lenguaje, al sonido, a la imagen y al juego del verso desde el primer momento. Su éxito radica en esa aparente sencillez que esconde mucho trabajo, mucho gusto y un profundo conocimiento de la infancia. Una apuesta segura para quienes creen que leer para los más pequeños es, también, leer con los oídos, con los ojos y con el cuerpo.

Aquí puedes disfrutar de una entrevista a Antonio Rubio en el canal de Kalandraka

Dónde conseguir este libro

2 comentarios para ““De la cuna a la luna”, el canon moderno de la prelectura

  1. Amigos y amigas de BABAR, os agradezco el análisis que habéis hecho de la colección “De la Cuna a la Luna”.
    Me parece muy completo y atinado.
    Gracias mil,
    Antonio Rubio

    1. ¡Hol, soy narradora de Argentina y la colección es hermosa y funciona super bien con las infancias y otras edades! Gracias Antonio y gracias Revista Babar por este artículo.

      @antorocchiok

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