“Conejito de luna”: un salto ilustrado a la tradición coreana

Conejito de lunaAutora e ilustradora: Choi Young Ah
Editorial: Libros del Zorro Rojo, 2024
Edad recomendada: a partir de 4 años

Las librerías son un reflejo de los intereses que mueven a la sociedad. Entre álbumes de monstruos y los habituales autores locales o anglosajones, la presencia de libros llegados de Oriente va en aumento.

Estoy hablando de la incursión de la literatura asiática en nuestro mercado editorial, que ha pasado de títulos publicados en cuentagotas a editoriales exclusivamente dedicadas a ella. La LIJ japonesa ha aumentado su presencia, y otra, la coreana, ha venido arrasando con todo. Este interés viene precedido de un boom de soft power que inunda nuestro día a día: series, productos de belleza, música en la radio nacional… Corea del Sur encabeza en estos momentos el ránking de lo trendy. Que haya más diversidad en nuestras estanterías no solo alegra, sino que amplía las formas de mirar el mundo.

Las obras que se publican están a la altura de las expectativas, y es que si hay una cosa que los coreanos saben hacer mucho y muy bien es crear bellas obras de arte haciéndose valer de su propia tradición. Si recopilamos todos los álbumes publicados en los últimos años procedentes del país, veremos que todos tienen una calidad estética sutil y maravillosa, y que muchos de ellos son álbumes silentes. Las ilustraciones llevan todo el peso narrativo; el lector entiende qué está sucediendo. Esto es intrínseco a su propia cultura: no te lo voy a decir todo, has de saber leer entre líneas. Está tan extendido que incluso en lo que a las relaciones sociales se refiere, tiene un nombre: Nunchi.

Un ejemplo de este “poderío” silente es el bello álbum Conejito de luna, de la autora Choi Young-Ah, publicado por Libros del Zorro Rojo. El protagonista es un conejito ataviado con la ropa tradicional del país, un hanbok, que siente un gran afecto por la luna, quien a su vez le corresponde. Por un infortunio cósmico, un meteorito golpea a la luna y un fragmento de ella cae a la tierra. El conejo lo recuperará e intentará devolvérselo, pero la distancia que los separa es mucha.

Aquí entra en juego un despliegue de elementos de la cultura tradicional coreana fascinante: primero intentará lanzarle su trozo usando una plancha de madera colocándolo en uno de los extremos y saltando él sobre el otro. Esto hace referencia al Neolttwigi, un juego tradicional que jugaban especialmente las niñas y mujeres en el que una se ponía a cada lado y saltando se iban propulsando. Al conejo no le salió bien.

Como no se va a quedar de brazos cruzados, intenta otra cosa. Se sube a un columpio e intenta coger suficiente impulso para que la luna alcance el trocito en sus manos. Aunque se acerca muchísimo, también fracasará. Este es el juego de Geunettwigi, donde una o dos personas se sitúan de pie sobre un columpio y se dan impulso para que llegue tan arriba como les sea posible. Lo que puede parecer un mero juego era una manera para que las clases nobles se entrenaran y que luego evolucionaría en competición y culminaría en entretenimiento. Y por mucho que el conejo se impulse y la luna estire el brazo, este intento tampoco triunfará.

El conejo no se rinde y esta vez opta por pasar por encima de una cuerda tensada entre dos árboles y darse impulso saltando. Como en los dos casos anteriores, este es otro juego tradicional del país que recibe el nombre de Jultagi, y cuyos orígenes provienen de China. El que pasaba por la cuerda debía ser un verdadero acróbata puesto que caminaba hacia adelante, hacia atrás, de rodillas, y realizando todo tipo de piruetas. Ya no era un mero juego, sino que era alguien profesional que entretenía al público. Vaya, no apto para inexpertos.

Como quien la sigue la consigue, la luna cogerá al vuelo al conejo en uno de sus saltos y podrá recuperar el trocito que le faltaba. Tras tanto esfuerzo, el conejo se quedará dormido en los brazos de la luna.

De una manera de lo más simpática, Choi despliega ante nosotros las tradiciones y folclore de su país. La estética de las nubes y de la naturaleza que aparece en el libro sigue la línea de la pintura clásica coreana.

De hecho, nada es casual en este libro. Que el protagonista sea un conejo nos remite al cuento clásico del conejo y la luna que está presente en diferentes países asiáticos, cada uno con sus variaciones locales. En el caso de la coreana, un dios se presentó en la Tierra disfrazado de abuelo. Ahí pidió comida a varios animales: el zorro cazó un pescado para él; el mono le llevó frutas, y el conejo, incapaz de ofrecerle nada, se tiró al fuego ofreciéndose como alimento. Este acto conmovió al dios, que le recompensó enviándolo a la luna para vivir eternamente. De ahí la relación entre el animal y el astro.

Independientemente de que el lector sea conocedor de todo este folclore y leyendas, la historia nos llena de emoción y simplemente gusta.

En definitiva, la literatura coreana ha llegado para quedarse.

Conejito de luna

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