
El título de este libro procede de un juego que Anthony Browne jugaba con su hermano Michael en la infancia, “El juego de las formas”. Uno de ellos hacía una figura abstracta en un papel, y el otro tenía que transformarla en algo. “Puedo decir que el juego de las formas es muy divertido, pero también veo que tiene un aspecto serio: esencialmente, se trata de la creatividad”. De lectura obligada para todo amante de la literatura infantil, y especialmente para los admiradores de Anthony Browne (que serán la mayoría), El juego de las formas (2011) es “Una retrospectiva de la vida y obra del laureado creador de Willy”, como reza en la cubierta.








