
Samuel Alonso Omeñaca Ilustraciones de Tino Gatagán Madrid: Edelvives, 2002 Junichiro quiere ser piloto. Junto con su amigo Noriaki extiende los brazos en cruz y vuelan por las calles de Nagasaki. El viento le pega en la cara. Su padre,

El tono general de los cuentos lo componen la ternura, el humor absurdo y el mundo de los adultos visto por niños curiosos e imaginativos. En algunos pasajes descubrimos una voz infantil muy parecida a la que tenía el pequeño Nicolás de Sempé: una actitud inocente, pero a la vez madura y reveladora, que a través del humor nos presenta situaciones extrañas, pero que nos transmiten sensaciones reales.

Si Ramón Gómez de la Serna inventó la greguería en el balcón de su casa, en un día de verano de 1910; Antonio Pérez Lasheras, responsable de Prensas Universitarias de Zaragoza, ideó esta colección de libros ilustrados (Larumbe chicos) en su despacho, en una tarde de mucho cierzo, en 2001. Abrió un cajón y desempolvó textos de autores poco conocidos. Que no desconocidos. Seguidamente, descolgó el teléfono y llamó a los conspicuos ilustradores.