Autora: May R Ayamonte
Ilustración de cubierta: Inés Pérez
Editorial: Anaya, 2023
Edad recomendada: a partir de 12 años
«Una historia intergeneracional sobre la importancia de conocerse a una misma, de regresar a las raíces y de valorar a quien nos quiere de verdad».
May R Ayamonte (1996), flamante ganadora de la XXXIVª edición del Premio Edebé de Literatura Infantil y que está desarrollando una carrera muy interesante tanto en LIJ como en literatura para adultos, publicó en 2023 esta historia íntima de relaciones intergeneracionales y vínculos entre abuela y nieta. En Canela y sal nos presenta a Lola, una quinceañera que tiene que pasar una temporada en Ayamonte, en casa de Amalia, su abuela paterna con la que apenas tiene contacto, por un viaje de trabajo de sus padres. La muchacha llega a su hogar temporal enfadada y sin ganas de relacionarse con esa desconocida con la que considera que no tiene nada en común. Poco a poco, la paciencia de la anciana consigue romper las barreras de la adolescente y encontrar puntos en común con los que crear una conexión entre ellas. Estos comenzarán comparando sus dos infancias y adolescencias, muy diferentes entre sí, y que seguirá con el relato de la vida de la anciana, no exenta de tragedia, y el descubrimiento de un secreto familiar.
En estos tiempos en los que desde ciertos sectores políticos y sociales se pretende reivindicar unas supuestas bondades de la posguerra y la dictadura franquista, poniéndole un disfraz de seguridad y abundancia que no existió; es importante presentar a los más jóvenes relatos que expliquen las vidas de la gente humilde, de las mujeres invisibilizadas, de los niños y niñas que tuvieron que abandonar su infancia demasiado pronto… Y esto es lo que la autora hace, basándose en las vivencias de sus parientes. Como ella misma comenta en los agradecimientos, la figura de Amalia, la coprotagonista, es una mezcla de su propia abuela Maruja y la hermana de esta, Eulalia. Unas mujeres, como tantísimas otras, que vivieron los desastres de la guerra y la posguerra en nuestro país.
Se explican los problemas para sacar adelante a la familia, con la mayoría de sus miembros trabajando de sol a sol y, aun así, pasar hambre y penurias; lo que lleva al abuelo de Amalia a arriesgarse con el estraperlo. Este es un término que resultará novedoso para muchos lectores jóvenes, pero que en su momento fue una práctica cotidiana, en especial en territorios fronterizos, y muy peligrosa. Pero sin duda, lo que más duele a Amalia no es el hambre o el dolor de perder a seres queridos por culpa de la miseria, sino la decepción de traicionarse a sí misma, sus sueños y sus esperanzas. Le ocurre cuando entiende que debe olvidar por completo su sueño de estudiar Medicina; no solo por ser mujer, sino también de familia humilde. Terminará abandonando los estudios en cuanto tiene edad para trabajar, para poco después casarse y ser madre. Aunque ella se considera afortunada, y no como su amiga Pepa, que sufre el dolor y la humillación de la violencia de género sin tener ninguna opción para huir de su maltratador. Lola descubre esa realidad tan diferente a la suya, en la que tiene todo un mundo de posibilidades y opciones esperándola a la vuelta de la esquina. Aunque al principio se enrocará en lamerse sus heridas y en autocompadecerse por no poder estar con sus amigos en su pueblo toledano, conocer la vida de su abuela y parte de sus orígenes, la llevan a entender lo absurdo de su comportamiento y a estrechar lazos con la anciana.
Las bellas y vívidas descripciones del entorno y las costumbres, tanto actuales como pasadas; la forma tan orgánica en la que abuela y nieta van forjando su relación; las escenas en las que la chica descubre el pueblo o la amistad de su abuela con la vecina; la forma de narrar de Amalia, que deja sus relatos en el punto álgido, haciendo que tanto su nieta como los espectadores quieran continuar con la lectura… son algunos de los puntos a favor de esta novela. Pero también tiene algunos detalles que chirrían, como que los personajes protagonistas, Lola y Amalia, con tantos años de diferencia entre ellas, apenas se diferencian en sus voces; o el enfado del padre de la joven con su madre por ese secreto que nunca fue tal, sino algo que su mente infantil decidió obviar, y que al redescubrirlo hizo que se alejara de su progenitora sin mucho sentido.
En conjunto es una obra disfrutable, con gran sensibilidad y que reivindica el reconocimiento entre las distintas generaciones; una práctica que enriquece a ambos lados de la ecuación y que es una forma de reconocerse uno mismo. No hay que olvidar que nuestros orígenes son parte de nuestra identidad y que conocerlos es indispensables para formar una personalidad y dar sentido a la historia personal de cada individuo. Justo lo que Lola hace al conocer en profundidad a su abuela.
