
Este es uno de esos libros en los que el equilibrio entre texto e ilustración es tan perfecto que le hace a una preguntarse qué fue primero: ¿el huevo o la gallina? Y, sobre todo, ¿qué sería el huevo y qué la gallina? No es de extrañar: el resultado lógico cuando se juntan artistas de la talla de Antonio Ventura y Noemí Villamuza es, ni más ni menos, un libro perfecto, redondo (si es que se puede aplicar este adjetivo a un objeto que se define por tener cuatro lados). Un resultado que quizá ya venga anticipado por el nombre que firma el prólogo, Daniel Nesquens, otro grande del género.









