¿Yo y mi gato?

Satoshi Kitamura
Fondo de Cultura Económica, 2000

Con una historia de transformaciones nos deleita el ilustrador Satoshi Kitamura, a quien, como él mismo dice* , le ha tomado años aprender a contar con palabras. En este álbum, amalgama los dos oficios y a muy buen ritmo, involucra al lector, desde el inicio, en una historia cautivadora e interesante que, al solo abrir la primera página, se nos viene encima.

Alterando la estructura convencional del libro, el autor antepone al título una ilustración que muestra la habitación de niño en penumbra. Una bruja entra por la ventana, mientras Nicolás, el niño, y su gato Leonardo, despiertos en la cama, la ven.

Pocas frases acompañan la imagen, la última dice: “Sacudió su escoba frente a mí, escupió algunas palabras y se fue sin decir adiós…”

El cuento continua con la mañana del día siguiente. Escenas de aparente cotidianeidad muestran a la mamá despertando a Nicolás, arrastrándolo hasta el baño y enfureciéndose con el desayuno elegido por Nicolás (una lata de comida de gatos). Leonardo, en primer plano, los observa hasta que se van. Pero para Nicolás (y también para Leonardo), algo muy raro ha sucedido…

El texto, con la voz del narrador en primera persona, advierte del extraño fenómeno: Nicolás sigue en casa, a pesar de haber salido:

“Que extraño pensé”, atuzándome los bigotes.

¿BIGOTES!

Kitamura sorprende al lector, al mismo tiempo que a los protagonistas, con el descubrimiento de lo que está sucediendo. Con mucho humor cuenta las peripecias del niño que vive en el cuerpo de un gato y la extraña jornada del gato convertido ahora en niño.

Y también hace pensar, porque, en ese niño-gato en cuatro patas, se plantea dónde está, finalmente, la identidad:

“Era “yo”, de regreso de la escuela tratando de entrar por la puerta para gatos. ¿Pero él era yo, Nicolás? ¿O era el pobre Leonardo metido en mi cuerpo?

Pero, no todo es pensamiento y sorpresa, el autor también sabe conmover. Especialmente hay una página muy tierna, donde la madre angustiada abraza en su regazo al niño- gato mientras el gato-niño le acaricia la mejilla y une su ronroneo al de Leonardo, gato con cuerpo de niño.

Las ilustraciones no escatiman detalles. La línea suelta de la plumilla dibuja el contorno de infinidad de objetos, cuya función va más allá de describir el ambiente; rellena las formas con acuarellas bastante saturadas logrando colores vibrantes y contrastados. El “desorden” originado por la disposición de multiples elementos, crea patrones visuales muy estéticos, al mismo tiempo estas texturas sinuosas describen estados anímicos.

Estos hermosos patrones constituyen el sello de este ilustrador.

Es genial la manera cómo están tratados los personajes. Aquí Kitamura da muestra de su talento al lograr mantener la identidad a pesar del cambio de forma siendo los personajes identificables, independientemente de su apariencia. El expresivo dibujo de los protagonistas reproduce posturas, movimientos y gestos que trascienden a la forma encarnada. Un despliegue de la habilidad del ilustrador de completar la personalidad con la expresión corporal, queda ejemplificada en la secuencia de imágenes de Leonardo, el gato con cuerpo de niño, donde no solo dibuja rasgos gatunos para el niño-gato, sino que va mas allá, plasmando su nerviosismo, su vitalidad contenida, en fin, su incomodidad por estar metido en un cuerpo que no le va.

En las imágenes de este álbum hay mucho humor, que se manifiesta también en el guiño que hace, al colocar en las paredes unos cuadros con imágenes que entran en correspondencia con las situaciones de la historia. Muchos de los cuadros son temas religiosos (otra encarnación) tomados de la obra de Rafaello que, a pesar de lo extemporáneos que pudieran resultar, son como ventanas cuyo contenido interactúa con lo que sucede en ese momento.

Al final en una segunda incursión a la habitación de Nicolás, la bruja enmienda su error y pide disculpas por haberse equivocado. Todo vuelve a la normalidad, por lo menos aparentemente. Y cierra el libro un segundo final humorístico, demostrando que la bruja encontró otra víctima para sus sortilegios.

En la portada, la negra caligrafía del título, dibujada a mano por el autor, corona una figura frontal donde se funden Leonardo y Nicolás mirando de frente al futuro lector de esta historia.

1 comentario en “¿Yo y mi gato?

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