Versos que el viento arrastra

Karmelo C. Iribarren
Ilustraciones de Cristina Müller
Madrid: El Jinete Azul, 2010

“La mirada inédita”

Suelo decir que un poeta, aún antes que la alquimia de los versos con los que fija el instante, ha de poseer una mirada capaz de descubrir ese instante singular que quiere detener. Porque el poeta es ante todo una inédita manera de mirar.

Karmelo C. Iribarren posee esa mirada y así lo ha mostrado en este atractivo libro de poemas que es Versos que el viento arrastra, que acaba de publicar la recién nacida editorial El Jinete Azul.

Es este un libro poético, sobre todo, porque la mirada del autor ilumina aspectos de la realidad que estaban ocultos y que una vez desvelados producen una viva iluminación en el propio lector. Se cumple así una vez más esa función desveladora que la poesía posee.

Hay en estos versos que hoy comentamos una voluntad de sencillez y cotidianidad que los hará más cercanos a los jóvenes y que atrapará al lector desde el primer momento. Nada más abrir la primera página, K.C. Iribarren nos dice que

los libros
no son para mirarlos,
son para tocarlos,
abrirlos,
y leerlos
que es como entrar en ellos

y esto, unido a la delicadeza con que está confeccionado el propio libro, aumenta nuestro deseo de entrar en él.

K.C. Iribarren tiene la capacidad de adentrarse en esas fisuras de la realidad que despiertan nuestro asombro y de ese asombro surge, unas veces, la interrogación que nos despierta, y otras, el conocimiento que nos sitúa.

Los poemas de este libro son pequeñas brújulas que indican nortes ignorados, lugares privilegiados de un mundo paralelo que existe bajo las brumas de la rutina, y sobre el que transitamos sin darnos cuenta. Alertarnos de ello, de esa presencia singular, es lo que se ha propuesto Iribarren.

Baste como botón de muestra este “Bolsa de plástico”:

Mírala
ahí
en mitad de la calle
sola
quieta
temerosa
de que aparezca el barrendero
soñando
con un poco de viento
para sentirse
nube.

O la reflexión implícita en el poema titulado “Con lo serias que parecen”, en el que las estatuas nos dan una lección de filosofía:

Las estatuas
se ríen
del tiempo:
lluvia, calor,
invierno, verano…
¡Bah!
Tonterías
de seres
humanos.

Junto a estos poemas de vuelos más reflexivos, existen otros que se sustentan en el impacto de una impresión, o en el ingenio de su autor, muy cercanos a las greguerías de Ramón Gómez de la Serna. Así:

Los sombreros
parecen tan serios
porque están llenos
de pensamientos.

o

Cuando llueve sobre el mar
a las gotas les parece
que bajan a visitar
a un pariente millonario.

A esta impresión de sorpresa, de hallazgo inesperado, contribuyen de forma decisiva las sugerentes ilustraciones de Cristina Müller. Unas ilustraciones que enriquecen el texto dándole desde “la página de al lado” una nueva vuelta de tuerca al significado del poema. Son imágenes de gran sencillez, de un esquematismo cercano a la sutileza, ilustraciones que nunca mimetizan el poema sino que completan o amplían su significado. Poseedoras todas ellas de un fuerte sentido enigmático, en cada imagen se esconden claves que el lector o el observador intentará descifrar en busca de su sentido.

Valiente apuesta, pues, esta del Jinete Azul, que no tiene miedo a la poesía y que desde aquí animamos a continuar.

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