Un tonel de risas, un valle de lágrimas

Jules Feiffer
Ilustraciones del autor.
Traducción de Herminia Bevia y Antonio Resines.
Madrid, Anaya, 2000.

Roger, el protagonista de esta historia, era un joven príncipe “que producía un extraño efecto en la gente”: su sola presencia hacía que todos se sintieran bien. A tal punto que nadie, al verlo, podía parar de reír. Todo el reino, los campesinos, la corte, su propio padre -el rey Comosellame-, podían llegar a morir de risa (literalmente) frente al príncipe Roger.

Esta cualidad del joven era, a la vez, su condena. Roger debía vivir aislado, en una torre alejada del castillo, “el único lugar de la Tierra donde podía rondar a su antojo sin despertar risas”. Pero lejos de preocuparse, el príncipe la pasaba bien, es más, todo le parecía divertido. Así transcurría el tiempo y Roger crecía sin preocupaciones, sin responsabilidades… sin madurar.

El rey Comosellame estaba preocupado por su hijo y por el futuro del reino. Tal como era, Roger sería incapaz de gobernar cuando le llegara la hora; nadie respetaría a un rey que fuera el hazmerreír de la comarca. Entonces, encomienda al hechicero J. Wellington, “el hombre más sabio del reino”, para que ayude al príncipe a encontrarle un sentido a su vida.

Luego de una charla con Roger, el hechicero -única persona que, gracias a su conocimiento de la magia, podía acercarse al príncipe sin morir de la risa- lo convence para que salga al mundo en busca de su destino.

La búsqueda de Roger será el camino que irá construyendo el lector de esta novela a la par del protagonista. Porque ni lector ni protagonista saben con certeza lo que están buscando pero lo irán descubriendo a lo largo de la historia. Esa búsqueda será, fundamentalmente un aprendizaje. El príncipe aprenderá a tomar decisiones, tendrá que negociar y ceder para poder salvar su vida, se enfrentará a peligros, conocerá la cara oculta de las personas, la agresión y la mentira, sufrirá privaciones pero también descubrirá que puede hacer muchas cosas por los demás, y encontrará la amistad y el amor. A su vuelta, no sabrá realmente si cumplió con la misión encomendada pero, sin duda, habrá crecido como ser humano.

Un tonel de risas, un valle de lágrimas, con todo el ambiente y los elementos de los cuentos tradicionales (príncipes aventureros, princesas raptadas por gigantes, reinos y bosques, mucha magia y fantasía) se estructura como una novela de ágil ritmo narrativo y -gracias al talento de su autor- rebozante de fino humor. El mensaje vital que lleva dentro, discurre naturalmente y va impregnando sutilmente la historia. El lector también sentirá el crecimiento del protagonista como propio y será feliz al poder participar, mediante la lectura, de la misma búsqueda que Roger.

Un párrafo aparte merecen las apelaciones al lector que realiza, por momentos, quien narra la historia, anticipando hechos, conjeturando posibles descenlaces, quejándose de algún personaje díscolo o revelando la “cocina” de la escritura; recurso que acentúa el dinamismo de la novela y entabla una complicidad afectiva con el que lee.

El logrado diseño general del libro permitió que las ilustraciones quedaran dispuestas armoniosamente dentro del relato en una secuencia sin solución de continuidad; detalle que hace evidente la faceta de dibujante y por ende, de autor integral, de Jules Feiffer.

Un tonel de risas, un valle de lágrimas se encuadra perfectamente en ese grupo de libros que no tiene un lector de edad determinada, su lectura puede ser disfrutada por todos los públicos.

3 comentarios en “Un tonel de risas, un valle de lágrimas

  1. 15/11/2011 a las 19:12

    Hola Nicholas, en la parte de abajo de la reseña encontrarás enlaces para localizar el libro en una librería de España, o para comprarlo por internet. Saludos

  2. nicholas
    15/11/2011 a las 02:17

    este libro es interesante y donde podre encontralo?

  3. carmen
    05/01/2009 a las 20:27

    sin duda alduna este es mi libro favorito no importa cual sea el libro que lea ninguna me gusta mas que este 🙂 es un libro muy bello.

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