Un maestro zen llamado cuervo

Robert Aitken
Ilustraciones de Fidel Sclavo
Madrid: Siruela, 2004

Para aquellos que como yo no sepan demasiado del zen, este puede ser un libro de iniciación. Un libro que plantea muchas preguntas y que nos invita a indagar en muchas respuestas. Su autor es uno de los más venerados maestros zen norteamericanos y tiene varios libros publicados sobre este tema.

Bajo la clásica formula del diálogo entre discípulo y maestro, se desarrollan los breves textos que componen esta obra. La novedad estriba en que son animales los que protagonizan las conversaciones: el maestro “R_shi Cuervo” y los miembros de su comunidad: puercoespina, topo, ánsar…. todos ellos reunidos en Altoabedul. Los diálogos de los animales se centran en buscar el sentido de la vida y una mejor práctica del zazen. Así cuestiones centrales como la realización de Buda, la verdad de la mutua dependencia, Mu… se nos plantean para ir, como los discípulos, adentrándonos en su comprensión.

En el prólogo de Nelson Foster, Aitken comenta que sus historias provienen de un profundo sueño, y sin duda esto se nota a lo largo del libro. Cada texto parece ser un breve sueño que leer y dejar reposar, para poder después, como rara vez sucede mientras dormimos, visitarlo de nuevo. Las preguntas no dan, como es natural en este tipo de prácticas, respuestas obvias. Cada una abre nuevas preguntas, presenta dudas e incluso nos deja bastante desconcertados. De alguna forma se intuye que Aitken, como maestro, pretende exactamente eso, desconcertarnos, sacarnos de nuestro pensamiento lógico habitual. Quizás por eso las notas que acompañan al texto son a veces aclaratorias, pero la mayoría de las veces sugieren nuevas formas de interpretación, nuevas lecturas, nuevas puertas a las que asomarnos.

Pero a pesar de su misteriosa comprensión nos quedan siempre imágenes sugerentes, literariamente comprensibles que suenan a poesía. Quizás estas líneas, estos versos, que quedan resonando en nuestros oídos tras la lectura detenida, nos revelen su misterio algún día.

Las delicadas ilustraciones de Fidel Sclavo acompañan el texto a la perfección. Muchas de ellas son totalmente abstractas y evocan esa atmósfera de la naturaleza sumida en el pensamiento. Las ilustraciones más figurativas son también muy sencillas y evocativas y parecen tener un carácter simbólico. Como la presencia humana en varios de los dibujos, un hombre vestido de negro que no sea otro quizás que cuervo, el maestro.

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