Tras las huellas del policial infantil y juvenil: entre lo clásico y la subversión

Murders-Rue-MorgueLa literatura infantil se enfrenta en la actualidad a un lector distinto a otros tiempos, inmerso en una sociedad que le ofrece diferentes posibilidades lúdicas y distintas formas de lectura. Frente a estos “movimientos”, la LIJ incorpora nuevos temas que se desprenden del entorno social y cultural de su destinatario, como también nuevas formas narrativas que enriquecen y complejizan esta literatura.

Este cambio de perfil, de concepciones, intereses y valores por parte del lector han provocado una nueva mirada sobre las producciones de los clásicos. Así como han aparecido diferentes versiones de los cuentos tradicionales, también se han generados nuevas en otros géneros que nacieron como géneros para adultos. Esta reformulación supone la aparición de maneras de narrar en las que juegan un papel importante las estrategias de subversión [1].

La adaptación de géneros específicos de adultos a los destinatarios infantiles es una característica de la LIJ postmoderna. Entre ellos encontramos la narrativa policial, que es el tema que nos incumbe en este artículo.

La proliferación en los últimos años de novelas y cuentos policiales para niños y jóvenes no es directamente proporcional a la selección que hacen los docentes de estas nuevas versiones para trabajar con sus alumnos en el aula o a aquellas obras elegidas por los estudiantes en la formación inicial para sus propuestas didácticas. Sin embargo, el lector infantil y adolescente, fuera de la escuela, suele entusiasmarse con estas nuevas propuestas. Esta brecha existente entre el corpus que presenta la escuela y la lectura personal de niños y jóvenes es lo que motivó a indagar sobre este tema y poder profundizar sobre los núcleos de cambios que llevan al interés de los niños sobre este género en la actualidad.

Por la senda del policial

Study-ScarletEl género policial asoma a la literatura de la mano de Edgar Allan Poe a mediados del siglo XIX. Con la aparición de Los crímenes de la calle Morgue, el autor norteamericano pone en escena una nueva narrativa que se alimenta de ejes vertebradores que prometen al lector un recorrido interesante: un detective cuya función es ser el héroe del relato, una víctima cuya presencia desata el conflicto, el victimario, delincuente que propende el daño a la manera del antihéroe y un enigma a resolver que, según Daniel Link [2], se articula con el conflicto planteado en la ficción narrativa.

Esta nace con una característica fundamental: el desborde de los límites del propio género. A diferencia de otros, la narrativa policial va más allá de lo literario y logra una vinculación directa con otras tipologías textuales: el cine, el cómic, la crónica policial y, más lejos todavía, la relación directa con la realidad circundante del lector.

Es a través del cuento y de la novela como se da a conocer el policial. La trilogía de relatos de Poe –Los crímenes de la calle Morgue, El misterio de Marie Rogêt y La carta robada– no solo inicia el camino del policial, sino que también marca el rumbo de unas de sus formas narrativas: la novela de enigma o detectivesca. Con ella surgen también por un lado la figura del protagonista de estos relatos, que será uno de los elementos más perdurables en el tiempo: el detective, y por otro la estructura ternaria que caracteriza hasta hoy este tipo de relato: un hecho criminal, la investigación y la resolución del hecho.

El policial tiene como índice caracterizador que lo que hay que develar no está en la superficie. Sacar el velo, desenmascarar al culpable, es tarea del lector y del detective.

Después de la segunda guerra mundial aparecen -según Todorov [3]– “especies” nuevas hacia el interior del género: la novela negra y la novela de suspenso.

El policial infantil y juvenil: el camino se hace al andar

El investigador JimenezEl escritor de la narrativa policial infantil y juvenil tiene un doble desafío: por un lado presentar las pistas para que el lector pueda ir solucionando el enigma, y por el otro usar todo su ingenio con el fin de que esas pistas no sean tan fáciles de descubrir para que el lector no pierda el interés por la lectura. Su objetivo es que el lector acompañe al narrador en la investigación, pero al mismo tiempo no desvelarle demasiado para que no se retire de la tarea.

El escritor sabe que cuenta con un lector afín a la propuesta que le presenta: el niño y el joven son curiosos, creadores de preguntas y teorías para dar respuestas a esos cuestionamientos. A esta característica del destinatario debemos agregarle un condimento más: la narración se presenta en forma de juego, un juego lógico que supone armar un rompecabezas a partir de los indicios ofrecidos por el texto.

En esta experiencia lúdica aparece como figura esencial el detective, elemento vertebrador en este tipo de policial, quien mantiene una estrecha relación con el lector, generando a partir de ella la unidad narrativa. Su estructura es la básica de la novela detectivesca tradicional: la presentación de un enigma alrededor del cual gira la trama, preguntas, pistas, deducción y solución.

La trasposición del policial como género de adultos a la LIJ se ha construido a partir de diferentes estrategias de subversión. El concepto de subversión remite a la relectura y reescritura que se hace de aquellos paradigmas literarios que son cuestionados y sacudidos desde sus elementos temáticos, estructurales, narrativos, desde la configuración de los personajes y/o el manejo de los géneros literarios. Esta modalidad apela a un lector que se apropia del texto, lo actualiza y lo resignifica [4].

Estas estrategias de subversión no se dan separadamente, sino que se relacionan y vinculan como vasos comunicantes. En este artículo abordaremos dos de esas estrategias: la intertextualidad y la parodia.

Intertextualidad

El misterio del mayordomoPara Teresa Colomer [5] la transposición del policial a la LIJ ha transitado por dos vías a partir de una construcción intertextual: la relación con el policial de enigma o clásico y la vinculación con la novela negra.

En el caso del policial infantil, el enigma a resolver no está relacionado con un asesinato sino con la pérdida de un objeto o persona que debe encontrar, o con la revelación de un misterio que encierra un lugar o un personaje particular. A medida que el destinatario deja de ser un niño para convertirse en un adolescente, el crimen comienza a plantearse como misterio a resolver.

La escritora argentina Norma Huidobro ha construido sus tramas policiales utilizando ambos tipos de enigmas, según sea lector infantil o adolescente. En la novela El misterio del mayordomo, el pequeño investigador Tomás va a pasar unas vacaciones con su tía, que es ama de llaves de una vieja casona en el campo. Al llegar, Tomás se da cuenta que han cambiado el mayordomo. Al preguntar por él, todos evaden la respuesta. Además, todas las noches escucha ruidos en el altillo de la casa grande donde se le ha prohibido ir. Poder responder qué sucedió con el antiguo mayordomo y quién vive en el altillo será el enigma al que se enfrentará Tomás.

En el caso de Sopa de diamantes -policial de la misma autora cuyo destinatario es el lector adolescente-, Malena viaja a Córdoba a pasar unas vacaciones con su abuelo tratando de escapar de ciertos conflictos familiares. Al llegar se topa con el asesinato de una enfermera del pueblo que encierra cierto misterio y un acusado que parece no ser culpable.

El proceso de investigación deductivo es el método que eligen los detectives de la narrativa policial infantojuvenil para la resolución del caso: se presenta el enigma, se comienzan a seguir las pistas, se interroga a sospechosos o testigos y a partir de la conexión de todos los datos se descubre al verdadero culpable..

Sopa de diamantesEn ambas novelas de Huidobro hay referencias explícitas a la influencia de la figura de Sherlock Holmes en la tarea llevada a cabo por los protagonistas. No solo sus aventuras son libro de cabecera de los personajes, sino que sus métodos se han convertido en máximas para un buen investigador.

En este diálogo intertextual haremos especial referencia a la figura del investigador. Desde su nacimiento en el policial clásico esta figura se encuadra en el perfil del arquetipo del héroe cuya mayor virtud es la inteligencia. Los personajes principales del policial se presentan generalmente desde una perspectiva antitética: el policía, detective o inspector y el asesino o criminal. Por lo general son figuras con caracteres bien definidos y que no evolucionan a lo largo del relato. El detective, inspector, policía o simplemente un testigo o perjudicado por la acción del malo, es quien lleva a cabo la investigación recolectando indicios para poder descifrar la identidad del delincuente o para entender sus móviles.

En el policial infantil y juvenil podemos encontrar también esta oposición tipológica. Se conoce al personaje a partir de su nombre, de sus atributos físicos y psicológicos relevantes y, sobre todo, por su función en el texto, que queda delineada desde las primeras páginas del relato. Las características del protagonista están basadas en las virtudes necesarias para este género: valentía, sagacidad, astucia e inteligencia. Suelen en algunos casos presentarse al lector a partir de su propia voz subrayando los puntos de contacto con el destinatario de su historia, que a veces tienen que ver con la cercanía en la edad y en las situaciones cotidianas vividas, creando una suerte de afinidad.

La dupla del detective y ayudante que lleva adelante con éxito cada una de sus aventuras se mantiene. Sin embargo, en su configuración los escritores han elegido, en algunos casos, transgredir ciertas reglas del género. Los ayudantes dejan de cumplir la función de narradores para convertirse en el alter ego del detective principal. No cuentan la historia, sino que la viven en todas sus dimensiones con el detective. Muchas veces estos ayudantes no tienen el mismo sexo o la misma condición natural que el investigador. En la novela El investigador Giménez de Griselda Gámbaro, la figura del detective está representada por Facundo Giménez, un ayudante de policía retirado de un pueblo alejado de la ciudad que pasa sus días entre largas siestas en su hamaca paraguaya y sus cuatro horas de trabajo como personal de vigilancia del Registro Civil. La monotonía de su cotidianeidad se quiebra cuando le llega el caso de un rico empresario de la capital. Como detective, necesita un ayudante. Sin que pueda intervenir en la elección, la función es cubierta azarosamente por su esposa Paulina, que termina incluida en el caso y resolviéndolo.

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Yvan Pommaux, “Detective John Chatterton” (Ekaré)

En otros casos de construcción intertextual, el escritor apela al juego con el intertexto lector para lograr este acercamiento. Es el caso de Detective John Chatterton, de Yvan Pommaux. El detective-gato es un héroe policial, un detective conocido por su astucia, habilidad e idoneidad para resolver casos difíciles. El uso de la referencia explícita a los cuentos tradicionales (Caperucita Roja, Blancanieves y La Bella Durmiente) y la tradición de los animales antropomórficos de las fábulas cumplen con este cometido.

En esta lectura intertextual propuesta al lector es importante subrayar que la caracterización presentada por Pommaux del detective nos lleva a un cambio de perfil: el detective ya no es un símil de Holmes, sino que presenta características del detective de la novela negra. Marcela Carranza [6] refiere que el nombre mismo del protagonista establece un juego de palabras entre “Chat” (“gato” en francés), y Chesterton, el famoso escritor inglés autor de las historias del Padre Brown, pero el distanciamiento se produce a través de la extrapolación de elementos ajenos al policial clásico: la imagen de la ciudad, los vehículos y los vestidos de los personajes nos remiten a la época clásica del policial norteamericano. La trama narrativa está armada a partir de elementos convencionales que nos remiten a la literatura, el cine y el cómic.

Parodia

Lucas LenzEn la misma línea de juego intertextual, la parodia es otra estrategia de subversión en el policial infantil y juvenil. Según Alicia Origgi, un texto paródico incorpora en su estructura al texto parodiado que aparece visible, como fondo en una lectura inferencial. La utilización de esta estrategia permite al policial infantil y juvenil dirigirse a un doble destinatario: por un lado al lector niño y adolescente, y por el otro al lector adulto, que realizarán procesamientos de información en forma distinta [7].

Pablo De Santis, en su saga de Lucas Lenz, construye el relato policial a partir de la parodia como estrategia de subversión. De Santis presenta a Lenz referenciando indirectamente al personaje de Chandler. En la novela negra el investigador es un observador mordaz de la sociedad en la que vive, lucha contra las situaciones que se producen pero también es un hombre común, casi un desclasado que deja de lado el método intelectual para su investigación haciendo uso de todas las herramientas a su alcance para lograr su objetivo.

En la construcción parodiada de su protagonista, De Santis no busca contraponer las imágenes de los personajes, sino crear una relación de proximidad entre Lucas Lenz y el tipo de detective que encarna Marlowe.

En estos casos citados la parodia está estrechamente ligada al humor, que provoca un efecto de ruptura de restricciones del género en el lector infantojuvenil y se vincula directamente con su actividad lúdica.

A modo de cierre y apertura

El género policial infantil ha generado en los últimos años innumerables obras que suponen la inclusión y revisión permanentes de nuevas formas narrativas que lo enriquecen y jerarquizan.

El policial infantil atrapa a su lector porque le permite pensar, buscar, relacionar, sospechar. Es una invitación a adentrarse en una propuesta transgresora que se construye a sí misma desde la subversión. Subvertir el clásico sin abandonarlo como fuente a través de la intertextualidad y la parodia lo convierte en un texto dinámico, sin convenciones fijas, que logra provocar al lector convirtiéndose en llave hacia otros libros y otras lecturas.

Notas

  1. Guerrero Guadarrama, L. “La neo-subversión en la literatura infantil y juvenil, ecos de la posmodernidad”. OCNOS n.º 4, pp. 35-56, 2008. [Volver]
  2. Link, D. Prólogo en El juego de los cautos. Buenos Aires: La Marca, 2003. [Volver]
  3. Todorov, T. “Tipología del relato policial”. En Link, Daniel. El juego de los cautos. Buenos Aires: La Marca, 2003. [Volver]
  4. Guerrero Guadarrama, L. “La neo-subversión en la literatura infantil y juvenil, ecos de la posmodernidad”. OCNOS n.º 4, pp. 35-56, 2008. [Volver]
  5. Colomer, T. Introducción a la Literatura infantil y juvenil. Madrid: Síntesis, 1999. [Volver]
  6. Carranza, M. “Detective John Chatterton“. Imaginaria n.º 84, 2002. (Visto 22 de enero de 2012). [Volver]
  7. Origgi, A. “Aspectos polifónicos en el discurso humorístico de escritores con destinatarios infantiles”. En Decir, existir. Actas del I Congreso Internacional de Literatura para Niños, Producción, edición y circulación. Buenos Aires: Editorial La Bohemia, 2009. [Volver]

Bibliografía

  • Lluch, G. Cómo analizamos relatos infantiles y juveniles. Bogotá: Grupo Norma, 2004.
  • Mendoza Fillola, A.  El intertexto lector: el espacio de encuentro de las aportaciones del texto con las del lector. Cuenca: Universidad de Castilla La Mancha, 2001.
  • García, L. (2004). “Apuntes sobre la novela policial”. Enlace con la crítica, n.º 10, junio-diciembre, pp. 1-7, 2004.
  • Pérez Díaz, E. “Historias detectivescas para niños“. Cubaliteraria. Portal de Literatura Cubana. Mayo, 2008. (Visto 7 de enero de 2012).
  • Cerillo, P., Cañamares Torrijo, Cristina y Sánchez Ortiz, Cesar. Literatura Infantil: nuevas lectura, nuevos lectores. Cuenca: Universidad de Castilla La Mancha, 2006.
  • Soriano, M. La literatura para niños y jóvenes. Buenos Aires: Colihue, 2001.

Obras de literatura infantil y juvenil

  • Huidobro, N. El misterio del mayordomo. Buenos Aires: Grupo Norma, 2007.
  • Huidobro, N. Sopa de diamantes. Buenos Aires: Grupo Norma, 2006.
  • Gambaro, G. El investigador Giménez. Buenos Aires: Alfaguara, 2011.
  • Balcells, J. Mi querido Fantasma. Santiago de Chile: Andrés Bello, 1994.
  • Pommaux, Y. El detective John Chatterton. Caracas: Ekaré, 2002.
  • De Santis, P. Lucas Lenz y el museo del universo. Buenos Aires: Alfaguara, 2011.

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