Soñario, el diario de un visionario

Javier Sáez Castán
México: Océano Travesía, 2008

Supe de la creatividad desbordante de Javier Sáez Castán  (Huesca, 1964) cuando leí Pom… Pom… ¡Pompibol, un delirante relato editado por Anaya en 2001. Luego vino Animalario del Profesor Revillod (Fondo de Cultura Económica, 2003), en colaboración con Miguel Murugarren, exploración combinatoria patafísico-naturalista, estupendísima incursión en los laberintos del reino de fantasía: allí se encuentra uno con el Corfante, ruidoso pajarraco de majestuoso porte de las selvas de la India; y aquí, en Soñario. Diccionario de sueños del Dr. Maravillas (Océano, 2008), con el “Bosfante, lugar poblado de árboles que vive en las selvas de África”. Tanto monta…

Como un Alonso Quijano diluido en la ensoñación de un mundo idealmente imaginado, abandonado al devenir de la ilusión y entregado al gracioso fluir de lo inesperado y la belleza: así, justo así es como me gusta esperar a la incertidumbre algunas tardes, mientras contemplo las olas del mar acercarse al horizonte y al sol poniente, componiendo y recomponiendo imágenes, memoria, palabras, emociones vividas, diálogos y paseos. “Soñario” propone ir hacia allí, hermanarse con lo aleatorio, renunciar a las convenciones, jugar, jugar, jugar y dejar que sea lo que realmente somos, eso que –como dice Rafael Argullol en Visión desde el fondo del mar” (Acantilado, 2010)– muy pocas veces llegamos a ser: nuestros secretos, lo que ya fuimos, aquello que esperamos y aún no llegó.

Somos cuanto anhelamos, nuestro ser verdadero reside en los sueños y en las estrellas, a la espera de esa rara revelación que, en ciertas ocasiones, muy de cuando en vez, nos visita. A eso juega el autor, a acercarnos a la maravilla, a provocar la tentación de lo posible, a recordarnos que aún aguardan promesas más allá de la reiteración anodina, de la percepción acomodaticia, de la confirmación de lo consabido: “¡Salte, baile, sonría, déjese llevar” –como hace el protagonista del vídeo de animación El pez que sonreía, recomendado aquí por Beatriz Bejarano el pasado 17/12/2010, una preciosidad de Jimmy Liao–, “y viva, viva esa vida que se tiene prometida a sí mismo y siempre queda a la espera.”

Un festín, pues, de sensaciones en la lectura de este álbum ilustrado que se configura y reconfigura entre las visiones del autor y las elecciones del lector que elige los itinerarios de un celestial rompecabezas.

Luis Arizaleta
luisarizaleta@telefonica.net

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