Se acabó la invisibilidad

Por fin. Por fin dos autores, de los de verdad, van a sacar del ostracismo, el olvido mediático y la invisibilidad a la literatura infantil. Y si no, vean la página cuarenta, y media de la cuarenta y uno (la otra media es un anuncio), de la edición del diario El País del viernes 30 de abril del presente año. Una página completa y media página más, y con foto de gran tamaño de Mario Vargas Llosa y Arturo Pérez-Reverte conversando desenfadadamente en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.

Sí, sí, han leído bien: Vargas Llosa y Pérez-Reverte.

Ni Elvira Lindo en sus momentos más dulces, ni Sierra i Fabra cuando le dieron el Nacional consiguieron esta cobertura informativa.

Han sido ellos, dos escritores de larga trayectoria, los que han conseguido darle al género el lugar que desde años anhelaba y se merecía.

Y no se crean que se trata de libros así, sin más; no, van ilustrados, y a color. Fonchito y la luna, así se titula la obra de Vargas Llosa, está ilustrada por Marta Chicote; y El pequeño hoplita, de Pérez-Reverte, por Fernando Vicente, aunque por la ilustración que la crónica anticipa, no lo parece.

Pero la noticia no acaba aquí. Con estos dos títulos comienza una colección, que edita Alfaguara –dada la envergadura de la noticia no podía ser otra editorial–, y que impulsa –dirigir, lo que se dice dirigir, no sabemos aún quién la dirigirá– nada menos que el propio Pérez-Reverte, y ojo, estarán presentes en ella, según anticipa el diario: Javier Marías, Antonio Muñoz Molina y Eduardo Mendoza.

Como decía mi tía Palmira, que Dios tenga en su seno: estos de Alfaguara han echado el resto.

Me temo lo mejor.

No me cabe duda de la importancia del proyecto editorial, y decimos editorial, no literario, sobre todo por sus impulsores y hacedores, que, entre otros pensamientos lúcidos sobre el género y su conocimiento sobre él, manifiestan en el ameno diálogo –cito textualmente–: «Pensé en un niño en las Termópilas y escribí el cuento. En media hora”.

Ahí está. ¿Qué se creían? ¿Que hacía falta un año para escribir, por ejemplo, Zepelín, que es lo que confesaba su autor, Tormod Haugen (Premio Andersen, 1990), haber tardado en crear esa novela? No, hombre, no; en media hora. Ahí está, entre otras cosa, el acierto.

Vargas Llosa confiesa, en el mismo diálogo, un poco más adelante, que le leyó el cuento a una de sus nietas “… muy despacio, y le dije: ‘Ahora, por favor, cuéntamelo tú’. Me lo contó con toda precisión, sin olvidar un solo detalle. No sabes qué alivio”.

Creo que estos dos comentarios –no son los únicos, hay más–, muestran el profundo dominio que estos escritores tienen de la literatura infantil y juvenil. De ahí que sienta un profundo alivio, como el que sintió Vargas Llosa al escuchar a su nieta, de que, por fin, los libros para niños estén en buenas manos.

Solo cabe una pequeña duda, pero en estos tiempos sé que es una duda insignificante: ¿alguno de ellos, a la hora de escribir su cuento, ha sentido el temblor y el abismo que supone enfrentar la escritura de un cuento infantil? La misma duda, que no otra, que la de escribir honestamente una obra, sea cual sea el lector ideal de ese texto final. ¿Han nacido esos cuentos de la necesidad interior de contar una historia?

Da igual cuáles sean sus respuestas a estas preguntas, no tiene importancia. La importancia está en otro lugar. Quizá en el brillo de las cubiertas, que incluso puede que sean acolchadas, o en el couché del papel. Un brillo no menor que el de sus zapatos en la foto o el de sus gestos de estrellas literarias.

12 comentarios en “Se acabó la invisibilidad

  1. Rolando
    10/06/2010 a las 07:28

    Hola: excelente comentario de Brunet. Lo acabo de leer y eso me hizo recordar alguna editorial para niños en mi país que sólo publicaba a los «grandes» , ya que para dicha empresa no existe la literatura infantil, sino una literatura sin adjetivos. Octavio Paz, Nicanor Parra, Álvaro Mutis, Camilo José Cela, Mario Benedetti y Severo Sarduy, entre otros. También eso de «literatura sin adjetivos» es otro de los inventos para ningunear a los escritores que se tardan un año para escribir una novela digan para los niños.

  2. 06/05/2010 a las 17:57

    Cada diez años, más o menos, se anuncia a bombo y platillo un desembarco de autores «serios» en la LIJ. Alfaguara es la más insistense en ese tema. Parece que la LIJ necesita ser salvada, o bendecida, o apadrinada, por autores «consagrados». Pero mientras esos autores cometan el mismo error de escribir «para los niños» desde el punto de vista paternalista, considerando a la LIJ una subliteratura, esas aventuras editoriales seguirán siendo un fracaso. Me asombra esa torpeza utilitarista que desprecia a la LIJ al tiempo que envidia sus ventas.

  3. BSanjuán
    06/05/2010 a las 10:51

    La ironía es el recurso indispensable de los invisibles. ¿Salvará Pérez-Reverte a la poesía de sus escasas ventas? Y Vargas Llosa ¿escribirá obras de teatro que rescaten a este género de la pobre concepción que de él se tiene como lectura? La literatura infantil sólo dejará de ser invisible cuando la gente vea a sus propios genios (se citan unos cuantos en el comentario de PSG, pero yo no puedo dejar de mencionar a Lobel, a Lionni o a Anthony Browne). Estas maniobras editoriales están a la misma altura que los «estudios» de Brad Pitt en torno a la arquitectura contemporánea. Eso sí: los lee mucha gente.

  4. Gingerella
    05/05/2010 a las 11:36

    Añado a todos vuestros comentarios con los que estoy de acuerdo, que ayer tuve «la suerte» de ver los libros y me sorprende el contraste que existe entre la vergüenza que nos da a algunos presentar escritos, a pesar de que nos animen hasta la saciedad, y la Kra de los «consagrados» en esto de la LIJ. D. Vargas LLosa ha cogido el recurso «archiutilizado» de regalar la luna, esta vez el reflejo en un lavabo además, y D. Reverte «el historiador» con bastantes errores históricos en sus novelas, por cierto, pues un cuento bien soso, sobre la batalla de las Termópilas, q la tenemos hasta en cine (300)y bastante más poética a pesar de la violencia lógica.
    La sensación es de «I can» xq soy quién soy y de «cubrir el expediente» o el encarguito y a ver cuántos se venden. Una pena.

  5. PSG
    04/05/2010 a las 01:05

    Vaya por delante que tienen todo el derecho a dedicarse al género literario que prefieran, hasta ahí podíamos llegar.

    Pero se da la circunstancia de que la LIJ es un terreno del que sé un poco:

    Para empezar es un lodazal en cuanto a gramática se refiere. Cuando escribes una novela para adultos, da igual que el destinatario tenga 30 o 45 años. En LIJ, un lector de nueve no tiene nada que ver con uno de 7, por poner un ejemplo. Para continuar, el tratamiento de las emociones y de los sentimientos resulta bien diferente; y sin la sensibilidad adecuada uno acaba haciendo retratos de cartón piedra, por interesantes que sean los sucesos.

    Pero hay una cosa que suele ser común en la mayoría de los escritores de LIJ: tal sensibilidad les lleva a dedicarse a este tipo de literatura mucho más pronto que tarde. El hecho de que a todos estos (tan conocidos) les haya dado por embarcarse tardíamente en un proyecto común, se antoja poco menos que increíble; la verdad, suena más a diseño editorial que a verdadera vocación.

    Así que me temo lo peor: con suerte, acabados decentes; pero lejos de la maestría de plumas que hoy sonrojarían a la mismísima J.K. Rowling -me refiero a gente como Gianni Rodari, Christine Nöstlinger, Anne Fine, Maria Gripe, Pilar Mateos, Vicente Muñoz Puelles, Otfried Preussler o Carmen Kurtz; propietarios por derecho de un tipo de escritura mucho antes de que el marketing tuviera tanto peso-.

  6. 03/05/2010 a las 21:17

    ¡¡Pero están seguros de que saben escribir para niños???
    ¿Cuánto hace que han estado un día entero con alguno de ellos? ¿Cuánto hace que NO han pisado una clase, una biblioteca o un parque infantil?
    Ya estamos con la tontería de que sólo el mercado hace visible.
    Por favor, dejen a los escritores que sí conocen y saben lo que hacen, seguir haciéndolo TAN BIEN como hasta ahora y, si es posible, no les den disgustos, que eso quita tiempo para las buenas ideas que sé que tienen.

  7. 03/05/2010 a las 21:06

    Excelente nota sobre todo por la altura con la que está escrita!.Estamos en un tiempo en que lo importante ES el negocio editorial y la literatura es uno entre varios recursos que este negocio utiliza. Sucede en lo que se publica (excepciones aparte, claro está), sucede en los concursos…sucede en todo. Alfaguara es una empresa y como tal busca hacer dinero, qué mejor entonces que producir material que ya sabe le va a redituar independientemente de la calidad (y ojo no juzgo la calidad de estas obras porque las desconozco). Por otro lado subestimar la inteligencia infantil no es una novedad…En fin que da pena da pena, pero no queda más que aceptar que es el mundo que construimos.
    Gracias por tu nota.

  8. 03/05/2010 a las 20:48

    Los han presentado de un modo tan abrumadoramente estelar que, por mi parte, también tiendo a añadirlos a la categoría de «Madonna ha escrito un libro», no a la de «propuestas que leer lo antes posible».

  9. Mª Sierra Varo
    03/05/2010 a las 14:40

    No niego que estos señores sean fabulosos, pero me parecen unos oportunistas. Con su comentario en el País, han demostrado poca delicadeza, además de una arrogancia insoportable. ¡Ojalá fracasen en este intento de LIJ y en todos los que hagan en este tipo de literatura! Hay algo que olvidan, la franja de edad de los más pequeños, ¿también un niño de tres años le va a gustar el niño de las Termópilas que además se muere?

    Lo que no me parece acertado es el comentario que se hace en esta revista, al menos lo he interpretado así. No solo tira por los suelos a los grandes autores de LIJ, les llama burros porque han tardado más de una semana en escribir sus cuentos, sino que muestra a Vargas y Pérez como salvadores de este género.

    ¿Tendrán éxito editorial? No cabe duda, pero a ver si les gusta al público infantil y no a los papás.

  10. GDT
    02/05/2010 a las 17:43

    No hace falta haber leído los cuentos para señalar la chulería e ignorancia que muestran estos dos grandes escritores en sus declaraciones, que es lo que hace, con no poca gracia, el señor Brunet. Y en media hora que habrá escrito el artículo el tío. Enhorabuena.

  11. Miguel Ángel Mendo
    02/05/2010 a las 14:44

    Bien por Miguel Brunet. Agudo y elegante. Más no hace falta. Es la idea de ausencia de suficiente y necesaria implicación personal y sensibilidad hacia el «género»(?) de la LIJ lo único que se puede denunciar ahí, para que nadie piense en un «corporativismo» que todos sabemos que no existe. Y eso está. ¿Hasta cuándo seguirán siendo tan raquíticos y superficiales los planteamientos literarios de los consagrados con respecto a la LIJ? Y con ellos, claro, los de la masa. Ningún favor hacen a nadie.Y a los que menos, a los lectores.

  12. Héctor
    02/05/2010 a las 00:32

    ¿Por qué no lees primero los cuentos, hombre? ¿Los escribes tú tambièn? ¿Temes competencia? No te fastidia…

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