Nonsense

Nonsense (Edward Lear)Edward Lear
Traducción de Elvira Valgañón y Ángel Mª Fernández
Logroño: Pepitas de calabaza, 2014

Hace muchos años que me divierto jugando con los poemas de Edward Lear, poemas traducidos por mí de cualquier manera, con mi mucha intención y mi malogrado inglés.

Hace muchos años que me topé en el camino con Rodari, que también jugó con Edward Lear.

Hace tiempo que me encontré con gentes que también se divirtieron con esos poemas y con Rodari, y que después hicieron disfrutar a pequeños publicándoles sus versos a la manera de los de Edward, escuchar hace años a Federico Martín Nebras con su potente voz recitar esos limericks fue toda una experiencia, fue verificar que estábamos en la buena senda.

Hace tiempo que soñaba con una edición bilingüe de esos sinsentidos tan enjundiosos y que además fuese acompañada de los dibujos del propio Edward Lear.

Hace tiempo que sueño hacer libros así, y si tuviese el dinero, o la valentía, o hubiese tenido los conocimientos suficientes de inglés, ya lo hubiese hecho. Estoy segura de que si Edward Lear hubiese sido francés ya tendría traducidos todos sus versos, solo por el placer de tenerlos para mí…

Pero Edward Lear era londinense, un tipo frágil en lo que a salud se refiere, un tipo enorme en lo que a talento se refiere y escribió en inglés.

Pionero como pocos, cuando el surrealismo ni siquiera era atisbo de nada, él ya jugaba con el sinsentido, el disparate, y una mezcolanza de tristeza y absurdo que va más allá del mero juego de palabras, que ahonda en la emoción mucho más de lo que pueda parecer a simple vista, mucho más de lo que somos capaces de ver. Es, junto a Lewis Carroll, el maestro del desatino.

Si a ello le sumas su faceta de dibujante, tienes ante ti a un gran maestro. Caracterizado por su trazo ligero y rápido, su capacidad de síntesis, y su manera de ver el mundo como Carroll: “del otro lado”.

Nonsense (Edward Lear)

Y si además sabes que era “enemigo jurado de toda pintura”, porque mucho antes que nadie compartía esas ansias de perfección que, muy posteriormente, han caracterizado a Cézanne, entiendes que para él todo trazo era un ensayo, un punto de partida para la experimentación (trazos de los que bebieron grandes, me atrevo a conjeturar, como Saul Steinberg entre otros).

Sus dibujos son a sus versos lo que sus versos a sus dibujos: un espejo que nunca refleja lo mismo, porque lo que hay al otro lado del espejo, como en Carroll, es y no es lo mismo, porque no es lo mismo ser que parecer. Y Edward Lear era y sabía quién era y lo que era y era muchas cosas, pero no redundante.

Y sabía lo que quería decir, porque en la época victoriana, en medio de una asfixiante literatura de cáliz moralizante, fue capaz de sustraerse a la tendencia imperante y dotar a la literatura de su época de una frescura inexplicable y de una libertad admirable, que abriría paso a las vanguardias.

Y aquí está.

Unos valientes de La Rioja, de Logroño, han soñado grande y han publicado un libro enorme, tanto como Edward Lear, y lo han hecho en un pequeño y maravilloso formato. Una delicia en todos los sentidos.

Millones de gracias por tan buen hacer.

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