Mousse de manzana para las penas de amor. Un cuento con recetas de cocina para disfrutar de la vida.

De cómo el tigre aprendió a contar
Papá León y sus felices hijos. Pequeña guía para padres
Janosch
Traducción de Concepción Virto y Miguel Ángel Mendo
Madrid: Kókinos, 2003

Se publican de a una estos tres álbumes escritos e ilustrados por el autor alemán Janosch. Sin duda serán muy bien acogidos por el público que ya conoce otros de sus libros, sobre todo los que protagonizan el oso y el tigre. Ástos protagonizan los dos primeros cuentos, uno dedicado a las penas de amor del tigrecito que, como sufre de amores, oso se propone curarle a base de comida. ¡Y qué comilonas se suceden entonces, una detrás de la otra! Puré de manzana, patatas cocidas con sal, trucha rellena, zanahorias, musli, yogur con frutillas, ¡espaguetis con tomate! y otras delicias más, cada una acompañada de instrucciones para poder repetirla. Es un paseo gastronómico y social, pues los vecinos van ofreciendo lo que pueden, mientras dan sus consejos. Si para el alma de algunos hay sopa de pollo, para el estómago de los seguidores del tigrecito, hay comida rica en abundancia. ¿Será la receta de Janosch para las penas de amor?

En el segundo cuento, tigre decide aprender a contar porque al osito le parece una tarea urgente y necesaria. Así que comienzan por el número uno y siguen contando “todo lo que hay en el mundo”. Si con la comida todo acaba en un festín y casi dolor de barriga, aquí Janosch se divierte con sus lectores jugando sin didáctica con los números y sirviéndose de la excusa de contar para, a su vez, contar algo con palabras. De vez en cuando, para estar seguro de que sus lectores (sobre todo los adultos) no olvidan que en el libro estamos aprendiendo a contar, les recuerda que escriba en un recuadro el número que corresponde. Pero ¡seguro que ni él mismo lleva la cuenta! Eso sí, al niño que consiga anotar lo que llevan contado (peces, campesinos, animales, amigos, etc.) Janosch le asegura que es “porque ha aprendido a contar y jamás le irá mal en la vida”. De nuevo en la cama, el tigrecito se conforma con contar las estrellas hasta que se queda dormido.

El último texto, que parece dirigido a los padres (“se recomienda a todo papá y a toda mamá, y a los que vayan a serlo, el mayor parecido posible a los de este cuento”), vuelve a adoptar el tono de parodia y humor que ya tienen los dos anteriores. Aquí Janosch ha afilado más su lápiz y ha dado un contorno más expresionista y estilizado a sus dibujos, seguramente porque va a hablar de cosas más serias. Como que Mamá Leona sale de casa a trabajar mientras Papá León se queda al cargo de los siete leoncitos con el cometido de procurar “que los pequeños sean felices, como si tú fueras la mamá”. Así que Papá León se afana, además de en las tareas domésticas, a dar gusto en todos los caprichos de los niños, sean éstos querer viajar a la luna como mear por la ventana. La mamá, en la oficina, cumple su cometido de gran jefa, eso sí, con gran paciencia y cariño, como si estuviera tratando a sus propios hijos. Y así llega el final del día: todos duermen donde les da la gana y completamente felices.

Tres libros que exploran con humor temas que preocupan mucho a los adultos (la educación, contar, la comida) y que los niños disfrutarán por el tono desenfadado con que se abordan.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *