Mi vecino de abajo

Daniel Nesquens
Ilustraciones de Fran Collado
Madrid: SM, 2011
Premio El Barco de Vapor

Con este libro, Nesquens ganó este año el Premio Barco de Vapor, mientras que otra zaragozana, Begoña Oro, se alzaba con el Gran Angular. Está siendo un buen año para esta región, ya que otra paisana, Ana Alcolea, se alzaba por las mismas fechas con el Premio Anaya. Y quién sabe lo que puede deparar el resto del año…

Nesquens, como ya ha hecho en alguna otra ocasión, nos presenta en este texto infantil a una misteriosa figura adulta vista a través de los ojos de un niño que, ya crecido, recuerda ese episodio de su niñez (“Dicen que el tiempo lo borra todo. Puede ser. Aunque tengo la sensación de que aún soy demasiado joven para saberlo. Probablemente sea verdad, pero todavía guardo fresca la imagen de un antiguo vecino que vivió un tiempo en el piso de abajo”).

El misterioso adulto es un nuevo vecino, S. Peltoonen (“Así como suena: Pel-too-nen. Con dos oes. Sí, también con dos es. Pero las es no van seguidas, va una en cada lado”) que acaba de mudarse a la calle Montevideo, nº 32, justo en el piso de abajo. Es de Islandia, pero poco más se sabe de él. Y el protagonista de esta historia no dejará de elucubrar e indagar sobre este nuevo vecino, tan interesante y diferente a los demás, con el que llegará a entablar amistad.

Merecido premio para un autor que vuelve a demostrar su habilidad para crear personajes carismáticos, extravagantes y estimulantes que nos enseñan, con su forma de estar y de vivir, una manera diferente de relacionarse con el mundo. Y también demuestra que su prosa sigue siendo divertida, original, divergente, cargada de referencias y de guiños que, más allá del humor, esconden inteligentes miradas sobre nuestra vida cotidiana. Nesquens defiende la inteligencia de los niños no solo en sus declaraciones, sino en toda su obra literaria. Y este libro es una prueba más, por si alguien aún lo dudaba.

Las ilustraciones de Fran Collado y el diseño de Felipe Samper dan a este libro un aire antiguo, de Rue del Percebe, y huele a escaleras de madera, manteles de hule, colada tendida en el patio de vecinos y libreta de tapas negras con goma elástica donde todo se anota con lápiz.

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