Luisa quiere ser princesa

Doris Dörrie
Ilustraciones de Julia Kaergel
Salamanca: Lóguez, 2004

¡Toda una sorpresa! Ni más ni menos que Doris Dörrie… y, ¿qué hace esta alemana tan tierna, profunda y sarcástica, escribiendo para niños? Yo conozco sus novelas e historias cortas para adultos, también sus películas -de hecho es uno de mis puntos de referencia en la literatura alemana actual-, pero si pudierais verme en estos momentos, veríais unos ojillos recelosos que miran con desconfianza la cubierta de este álbum, que además (y en esto estoy de acuerdo con un amigo), ¡tiene como cosas doradas! Lo siento, es que no me gusta el color dorado. He de admitir que después de leer el libro y ver el conjunto de las ilustraciones (en las que la realeza refulge con bastante esplendor), si a Luisa le gusta el dorado, ¡se lo ha ganado!

Como todos los libros de Lóguez que he visto hasta el momento, la edición es una delicia: tan cuidada, tan bonita… Sólo tengo algo que objetar (llamémoslo simple corazonada, ya que no he podido conseguir el original para cotejar, aunque desgraciadamente sin cotejar nos damos cuenta), hay ciertos “detalles” de la traducción que suenan raro, y es una pena.

Supongo que después de tanto melindre, querréis saber algo de la reseña: para variar la Dörrie se va por la tangente. ¿Qué por qué se va por la tangente? Tengo pendiente con ella, un día de estos, una entrevista en la que se lo preguntaré, pero ahora no la tengo a mano… El caso es que nos pilla, nos sorprende, elige como siempre el camino menos esperado. Luego intentaré explicarme.

El título, es sin duda alguna, un buen resumen del libro; sólo hay que añadir que, justamente, es ese día de invierno cuando Luisa quiere ir a la guardería vestida de princesa. Obviamente la madre va a intentar dialogar razonablemente con la niña para bajarla del castillo: es tarde, hace frío, ella llega tarde a la guardería y Luisa al trabajo, ¡ay, no, si es al revés! Nada. Después de un diálogo estéril, el chantaje emocional: en cinco frases nos descubre que los padres de Luisa están divorciados o separados, que la niña no lo tiene superado, y en cierta manera está demasiado consentida, ya que la madre, intentando cubrir esa carencia, educa a la niña comprendiendo demasiado y muy libremente. Nada. La niña sabe defenderse del chantaje emocional. Tercer paso: el ataque de ira, comentario de Luisa: “No está mal, […], pero aún así, quiero dejarme puesto el vestido de princesa”. No os voy a desentrañar todo el libro, pero al final salen madre e hija vestidas de princesa y más contentas que unas castañuelas.

Las ilustraciones son todo un acierto (incluso empiezo a ver el dorado integrado en el texto, el contexto). Asombra que sea el primer trabajo publicado de esta ilustradora, ya que texto e imagen se complementan a la perfección, y la imagen, es el mundo en el que vive Luisa, sus ojos y pensamientos.

¡Ay, sí, la tangente de Dörrie!: ella no escribe para niños, ella es la niña que escribe para los mayores: ¿no ves que si se te pega algo de mí, te va a ir mucho mejor?, parece decir Luisa con ojos maliciosos a su madre.

¡Habrá que pedir a Babar que abra un apartado especial de álbumes y libros destinado a salvaguardar a aquellos, que intenten rescatar al niño/a que todavía vive en nosotros! Parece que es nuestra única solución.

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