Los tres cerditos

David Wiesner
Traducción de Christiane Reyes
Barcelona: Juventud, 2003

En verdad: ¡ay del que se atreva a manosear otra vez alguno de los cuentos clásicos! Porque, ¿se puede decir algo nuevo sobre Caperucita Roja, o Cenicienta…? Sin embargo, he aquí un atrevidísimo ilustrador que parece sentirse a gusto metiéndole un poco de mano al famoso cuento Los tres cerditos. Y encima, en los créditos aparece un agradecimiento a David Macaulay, de manera que puede ocurrir cualquier cosa. Que los puristas no sigan leyendo. Y que lo hagan los críticos, los mediadores y, sobre todo, los niños, para que vean cómo la literatura es materia viva que se transforma gracias a la imaginación y la creatividad de los que creen que aún pueden contarse cosas.

Los tres cerditos que miran embobados en la portada serán protagonistas de una inusual aventura literaria cuando el soplo del lobo les haga salirse del cuento en que tan contentos estaban repitiendo un y otra vez sus peripecias. Los tres salen de su cuento y viajan por mundos literarios diferentes, encontrando otras historias con las que sentirán más o menos a gusto hasta que deciden regresar a su propio cuento. Como las aventuras cambian a los héroes, ellos han vuelto con un dragón y un gato violinista con los que terminan, a su manera, la versión del cuento clásico.

Una joya ilustrada que juega con los espacios y los significados y mezcla estilos y técnicas diferentes (acuarela, tinta, lápices) para realzar un mundo metaliterario en el que los lectores participan con mucho agrado. En su viaje por otros cuentos caerán en la aventura sentimental, en la caballeresca y en el mundo fantástico, y completarán de manera ingeniosa una nueva versión.

Wiesner, que trabaja como diseñador gráfico de libros para niños y se formó en la Escuela de Rhode Islan (donde conoció a David Macaulay y gracias a él mejoró su concepto de libro para niños), ha sido capaz de inspirarse en el cuento clásico para modificar el código escrito y visual, y ofrecer un álbum sorprendente por su belleza y osadía. No en vano este libro recibió en el 2002 la medalla Caldecott, que pocas veces se otorga a álbumes. En Francia obtuvo el Prix Sorcières en el 2002 y aquí, pues nos conformaremos con que un puñado de buenos lectores sepa contagiar su entusiasmo y lo promocione comme il faut.

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