Literatura al borde del caos

Intarsia of the choir of Santa Maria Maggiore (Bergamo)¿Enseñar o entretener? Las obras de arte, ¿deben contener un elemento didáctico, una “moraleja” si así se desea, o es preferible que sean pura belleza, el arte por el arte? Este debate ha estado universalmente presente en todas las formas artísticas, y cobra una especial relevancia al tratar la literatura infantil y juvenil.

Cuando el público al que nos dirigimos está compuesto por niños y jóvenes, la responsabilidad de autores y editores se hace más palpable que nunca. A la hora de valorar, recomendar o adquirir los libros, los padres y educadores se preocupan especialmente por el contenido didáctico y moral de la obra, que ha de contribuir a la a la educación y a la formación en valores de nuestros niños y jóvenes. No obstante, ¿hasta qué punto esa obsesión no destruye el contenido literario de los libros?

Si extrapolamos este debate a la literatura para adultos, nos encontramos con un tema aún más profundo: ¿hasta qué punto la personalidad del escritor debe influirnos a la hora de juzgar su obra? Ha habido escritores cuyas ideas políticas o experiencia vital han llevado al público a rechazarlos como auténticos artistas. Valgan los ejemplos de literatos que se han visto asociados a regímenes tan monstruosos como el nazismo en Alemania o las dictaduras de Chile o Argentina.

Este tema ha sido tratado con frecuencia en la propia literatura. Roberto Bolaño, por ejemplo, se adentra en la exploración del monstruo como artista en Estrella distante, donde el protagonista lleva la creación artística al paroxismo cuando intenta convertir el asesinato en una forma de poesía. Sin caer en el absurdo, es cierto que arte y moral tienen una relación imposible de obviar, pero quizá más compleja de lo que podríamos suponer.

Memorias de IdhunVolviendo al ámbito de la literatura infantil y juvenil, nos encontramos con otro debate similar que está directamente relacionado con el anterior: ¿las obras destinadas a niños y jóvenes deben dulcificar el mundo, o mostrarlo tal cual es? ¿Existen temas tabú que no debemos tratar en las historias dirigidas a los más jóvenes?

En este sentido, es obvio que los libros juveniles de la última década se han decantado por una aproximación más realista, incluso cuando se trata de novelas de fantasía. Memorias de Idhún, de Laura Gallego, trataba el sexo adolescente hasta el punto de que la protagonista femenina se quedaba embarazada. Aún más allá va la saga Canción de hielo y fuego, cuya principal originalidad radica en la crudeza con que el autor trata las escenas de sexo y violencia. Si de esta última se trata, qué mejor ejemplo que Los juegos del hambre, donde nos enfrentamos a adolescentes que no dudan en matarse unos a otros en su lucha por la supervivencia. Sobre todo en estos dos últimos casos, parece evidente hacia qué lado de la balanza se ha decantado el dilema entre enseñar o entretener. Sin embargo, parece legítimo preguntarse si la abundancia de historias (libros, películas, videojuegos… el espectro es casi infinito) violentas contribuyen de forma positiva al desarrollo de los jóvenes.

Un loto en la nieveDejando sexo y violencia al margen, hay otros ejemplos que reflejan ese mundo no demasiado dulcificado que los autores de hoy quieren mostrar a nuestros jóvenes. Un loto en la nieve, de Gonzalo Moure, habla abiertamente de la represión religiosa en el Tíbet, y La evolución de Calpurnia Tate nos guía hacia un mundo de paradojas relativo a la igualdad de género y el papel de la mujer en nuestra sociedad. Hasta Harry Potter quiere mostrarnos un universo donde no todo es fácil, y hasta un mago como el protagonista se ve asolado por cuestiones como la muerte de sus padres o la búsqueda de un lugar en el mundo. En estos casos el dilema desaparece, ya que un mostrar un mundo real con preocupaciones reales sí contribuye, definitivamente, a ensanchar la amplitud de miras de los lectores.

Sin embargo, encontrar una solución definitiva a la dualidad entre arte y moral parece imposible. Un campo aparentemente tan alejado del arte como es la teoría del caos nos ofrece una posible respuesta. Esta teoría asegura que, en los sistemas complejos, el exceso de orden lleva al anquilosamiento y al deterioro lento pero continuo, mientras que el exceso de caos conduce a la autodestrucción. Esto es verdad en biología, en ciencias sociales (pensemos en términos de civilizaciones: las más exitosas y longevas han mantenido en su seno elementos de orden y de caos)… y en arte, incluida por supuesto la literatura.

Quizá la buena literatura juvenil tenga que salir del caos creativo del escritor, que rebusca en su propio arcón de memorias y experiencias y traumas y primeros amores adolescentes, pero sin olvidar el elemento apolíneo, de orden, que nos ha dado el dejar atrás la pubertad.

Quizá el arte sólo sea posible al borde del caos. Igual que la vida.

3 comentarios en “Literatura al borde del caos

  1. Daniel
    02/06/2013 a las 19:03

    ¿Canción de Hielo y Fuego es una obra juvenil?

  2. Inma
    24/05/2013 a las 15:53

    Muy interesante, ¡pero con un gran spoiler de Memorias de Idhún! 😛 Y no estoy de acuerdo con que la «principal» originalidad de la obra de Martin sea la crudeza de sus escenas de sexo y violencia. Un rasgo distintivo sí, pero ¿su principal originalidad? ¿Con lo rico, detallado y único que es el mundo de Poniente? Ni de broma.

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