Las colecciones que estudian la literatura infantil y juvenil (I)

Ahora mismo, el panorama de colecciones que publican trabajos divulgativos o investigaciones sobre la literatura infantil y juvenil es muy importante. Podemos ya comprar textos de investigadores que publican nuevas redacciones de sus tesis doctorales dedicadas a temas relacionados con la literatura infantil y juvenil: análisis de textos y de imágenes, estudios sobre la recepción lectora, encuestas sobre hábitos lectores, historias de la literatura con especial atención a la ilustración, etc. Se enriquecen los análisis de críticos, bibliotecarios o docentes que mantienen una estrecha relación con el libro y sus lectores. Desde este ámbito, los análisis sobre las bibliotecas, sobre el acto de leer o sobre la cultura escrita amplían el panorama de la persona que quiere saber sobre este corpus.

Las colecciones no sólo se publican en España. Desde Colombia o México nos llegan colecciones sobre el tema donde, en ocasiones, los autores se entrecruzan abriendo un puente bien interesante entre países de una cultura compartida. El presente artículo, que tiene vocación de ir creciendo a medida que las colecciones aumenten, quiere repasar los títulos publicados en todas ellas. El objetivo es iluminar y dar a conocer la multitud de estudios que pueden enriquecer nuestros saberes sobre todo lo relacionado, no sólo sobre la literatura infantil y juvenil sino sobre la cultura dirigida a una parte de la vida del ser humano.

Una publicación interactiva como esta nos permitirá ampliar este pequeño estudio. Para presentar las colecciones, hemos optado por dedicar un apartado a cada una de ellas, iniciarlo con un párrafo de valoración general de la línea que sigue y del tipo de libro que publica. En ocasiones, hemos optado por comentar un libro más extensamente. El objetivo de Babar es incluir nuevos comentarios a medida que nuevos libros se publiquen.

La Editorial Anaya y la Sombra de la Palabra

Con un amplio catálogo de colecciones de literatura infantil y juvenil, la editorial Anaya inició en el año 2001 la colección La sombra de la palabra, que publica diferentes estudios divulgativos sobre el tema general de la lectura. Diferentes análisis sobre la biblioteca, el lector, la literatura infantil y juvenil escritos por los autores destacados en estos campos, como veremos a continuación. La colección mantiene una coherencia envidiable tanto por la calidad de las aportaciones como por las características de los estudios. La mayoría están escritos a la manera de los ensayos anglosajones, permiten una lectura ágil a la vez que rigurosa y se dirigen a un lector diverso cuya característica común es el interés que muestra sobre el mundo del libro dirigido preferentemente a los niños y jóvenes. Ahora, quien mejor puede hablar sobre el tema son los libros.

El primer título de la colección viene de la mano del Equipo Peonza y han elegido un título tan sugerente como El rumor de la lectura (2001). El Equipo Peonza está formado por Francisco Díaz Herrera, Encarnación Espinosa Astillero, Javier Flor Rebanal, Javier García Sobrino, Juan Gutiérrez Martínez-Conde, Diego Gutiérrez del Valle, Paciano Merino Merino y José Luis Polanco Alonso. Nace el 1986 en Santander y son los responsables de la revista Peonza, además de diferentes publicaciones sobre la lectura.

En El rumor de la lectura el colectivo reflexiona de una manera bien lúcida sobre temas relacionados con la cultura del libro. Aunque prioritariamente atiende al lector infantil y juvenil, no pierde de vista cualquier edad, de hecho, los lectores a los que se dirige (los padres, educadores o personas interesadas en el libro) están presentes en cada línea. A través de los cinco capítulos se construye un edificio de reflexión que atiende los más importantes focos de atención: i) la inevitable reflexión sobre el hecho de la lectura y los lectores sin olvidar la relación de la escuela con los procesos de comprensión lectora; ii) una revisión de los espacios donde se practica (la escuela, la casa o la librería) y las responsabilidades de los mediadores en cada uno de ellos; iii) las inefables prácticas para enseñar y animar a la lectura; iv) los tipos de animación más utilizadas y v) finaliza con un bloque donde expone algunos criterios útiles para elegir los títulos. No podemos olvidar las propuestas de libros que aparecen al final de cada capítulo, que nos invitan a continuar leyendo.

Mónica Baró, Teresa Mañà e Inmaculada Vellosillo son las encargadas de Bibliotecas escolares, ¿para qué? (2001). Como se declara en el inicio del libro, una de las asignaturas pendientes del sistema educativo en España. Una aportación original y útil ya desde la forma de presentarnos la información. A lo largo de los capítulos se revisan las cuestiones más interesantes para poder poner en marcha una biblioteca en el centro escolar. Se revisa cómo se puede crear, qué funciones debe tener, qué condiciones debe cumplir, cómo realizamos un proyecto de biblioteca, qué espacio es el más adecuado, qué libros elegimos o qué uso pedagógico damos. Cada capítulo se formaliza en apartados de no más de 3 páginas que, en forma de correo electrónico, responden o plantean las cuestiones relacionadas con el tema. El libro se completa con los «Anexos» donde encontraremos el manifiesto de la biblioteca escolar de la UNESCO, diferentes bibliografías, direcciones de las asociaciones de bibliotecas escolares y materiales útiles para poner en marcha la biblioteca del centro educativo.

En Historia portátil de la literatura infantil (2001), Ana Garralón revisa los hitos más importantes de la literatura infantil y juvenil mundial. Siguiendo la tradición anglosajona, la autora supera el marco de la mera descripción histórica para aportar algunas pinceladas interesantes que valoran y sitúan las temáticas, obras o autores comentados. Además, no olvida aportar los datos históricos y sociológicos que nos permiten hacer una lectura más global y cultural. Cada capítulo se completa con un «Cajón de libros» donde la autora amplia la información con una buena propuesta de lecturas que nos permite completar este recorrido histórico.

Teresa Duran recupera el trabajo que publicó en catalán en la editorial La Galera y que ahora titula Leer antes de leer (2002). El trabajo se centra en una edad lectora difícil y fascinante: los primeros contactos con los libros de los niños que, por su edad, todavía no descodifican el texto escrito. Un ensayo para padres, bibliotecarios, lectores o maestros que profundiza en lo que significa leer para un niño que todavía no sabe hacerlo como un adulto, pero que ya desarrolla habilidades que podemos aprovechar y que no olvida revisar los diferentes formatos, materiales y libros que podemos encontrar para esta franja de edad. El estudio se completa con una selección bibliográfica realizada por Raquel López de los mejores libros clasificados por temas.

La autora brasileña y Premio Andersen Ana María Machado enriquece la colección con Lectura, escuela y creación literaria (2002), donde recoge una serie de conferencias que ha distribuido en tres apartados: «En la escuela», «Lecturas y censuras» y «Sobre la creación y la escritura». Desde su propia visión, Machado nos trae una rica, apasionante y completa mirada sobre la cultura con afirmaciones como «todo ciudadano tiene el derecho de descubrir qué es leer literatura, para qué se lee, cuál es el sentido que puede tener en su vida. Y así decidir si quiere o no. Y todo profesor tiene el deber de estar en condiciones de dar al alumno la oportunidad de hacer ese descubrimiento.» (pág. 25). Machado no olvida la necesidad de leer a los clásicos, la recomendación de que los adultos se relacionen a través de la lectura con una la cultura creadora que nos llevará al desarrollo de una actitud crítica, para el rescate de la memoria y la valoración de lo imaginario. Machado no teme plantear preguntas incontestables como ¿por qué escribo?, porque de hecho la autora nos sumerge en un amplio abanico de ideas sobre la cultura en general y la del libro en particular, donde el sentido de leer va mucho más allá de la tan utilizada máxima «el placer de la lectura».

Si el lector tiene curiosidad sobre qué opinan los escritores sobre el verbo «leer», en el próximo título de la colección puede encontrar algunas respuestas: diez en concreto. Hablemos de leer (2002) recopila las reflexiones sobre la lectura, los libros y la literatura de los escritores de literatura infantil y juvenil Pep Albanell, Fernando Alonso, Eliacer Cansino, Xavier P. Docampo, Juan Farias, Agustín Fernández Paz, Mariasun Landa, Joan Manuel Gisbert, Vicente Muñoz Puelles y Patxi Zubizarreta. El director de la colección, Antonio Ventura, inicia el prólogo con unas palabras de Gustavo Martín Garzo: «se puede hablar de los libros, y transmitir nuestro entusiasmo por ellos, pero no ocupar el lugar de nadie al leerlos. La puerta que abre el acceso a ese reino secreto no puede ser descubierta más que en la intimidad del acto lector. Dudo, por ello, que se pueda «enseñar» a leer. Aunque esté bien intentarlo, por si acaso…» (pág. 9). Cada uno desde su estilo, con sus palabras, nos propone una mirada diferente y una forma parecida de vivir y llenar la acción creada por el verbo «leer».

Luis Arizaleta es miembro y director de FIRA, Fomento de Iniciativas Recreativas y Artísticas. Una sociedad que coordina programas de animación a la lectura y de formación del profesorado, radicada en Pamplona y que actúa principalmente en Navarra. En La lectura, ¿afición o hábito? (2003), Arizaleta define el objetivo del libro en la página 17: «participar en el debate sobre la educación lectora, sus objetivos y metodologías, proponiendo argumentos y reflexiones a partir de la experiencia de intervención educativa a favor de la afición a la lectura que hemos tenido ocasión de desarrollar.» Buena parte del libro describe y valora la experiencia de animación lectora que FIRA llevó a cabo en diferentes ayuntamientos navarros. Una descripción-evaluación exhaustiva que nos permite conocer el armazón que lo sustenta: la visita de los escritores y el trabajo que realizan en el contacto directo con los niños, la importancia de la narración oral y de los cuentacuentos, el lugar que ocupa la literatura en el conocimiento de otras culturas, el aprovechamiento de los medios de comunicación como amplificador del trabajo realizado en las escuelas, además de una buena selección de lecturas, son las cuestiones que el lector podrá encontrar en este libro.

Mercè Escardó reúne en La biblioteca, un espacio de convivencia (2004) la filosofía, las experiencias, las ideas y las herramientas que han transformado su biblioteca en un espacio entrañable para las personas del ramo. El libro se completa con un cedé que contiene fichas de actividades y de refuerzo. Cada una de las fichas se acompaña de los recursos materiales, humanos, tipo de fondo, o la descripción de la manera de realizarlo. Un archivo completo y útil también para las bibliotecas escolares con propuestas de dificultad diversa y que pueden llevarse a cabo en cualquier momento del año.

El nombre de Ana Pelegrín es un clásico en los temas de tradición oral. Uno de los aciertos de esta colección es recuperar y publicar en una misma colección títulos que han sido clásicos en los estudios de literatura infantil y juvenil: La aventura de oír (2004) es el ejemplo paradigmático. Publicado por primera vez en 1982, Pelegrín actualiza un estudio que no ha envejecido con el tiempo y que mantiene el mismo interés que el primer día de su publicación. Un repaso riguroso, bien documentado, con una bibliografía al día y sumamente interesante sobre los aspectos relacionados con los cuentos tradicionales y la relación con la literatura infantil. El libro se divide en tres apartados: el primero (los tres primeros capítulos) analiza los cuentos maravillosos de tradición oral y repasa las principales recopilaciones de cuentos; el segundo (capítulo cuarto y quinto) toma un carácter más práctico y describe consejos para saber contar historias en voz alta, y propuestas para trabajar la tradición oral, y finaliza con una interesante antología de cuentos de tradición oral. Tal vez debemos recordar que, cuando hablamos de clásicos, también nos referimos a los buenos estudios que, con el tiempo, ganan cuerpo.

Para los habituales de la materia, el nombre de Víctor Moreno ya es un referente ineludible. En esta publicación pueden leer la entrevista que le hizo Julia Otxoa cuando publicó Leer con los cinco sentidos. Con Lectores competentes (2004), Víctor Moreno ofrece una amplia gama de propuestas para transformar el acto de la lectura literaria en una actividad consciente y placentera. Las diferentes propuestas tienen que ver con las operaciones intelectuales que conlleva el acto de leer: la memorización, la interpretación, la valoración y la organización. Como dice el autor: «Comprender lo que se lee produce satisfacción. Cuanto más complejo sea el texto, más satisfacción genera. Importa, por tanto, ir escalonando las dificultades comprensivas de los textos, sabiendo de antemano cuál es el aspecto concreto que los hace difíciles a la inteligencia/afectividad del sujeto lector.» (pág. 9). Un interesante programa de formación lectora dirigido no sólo a los docentes sino también a cualquier adulto que quiera mejorar sus maneras de enfrentarse a la lectura literaria.

A menudo, pensar significa responder preguntas. Pero previamente es necesario hacérselas y, mucho antes, saber hacerlas. Tal vez, es la parte más difícil de nuestra maduración intelectual. Saber preguntarse sobre los detalles de una narración, organizarlos, relacionarlos y saber utilizarlos. Porque la experiencia lectora nos suministra multitud de informaciones sobre aquello que leemos pero luego tenemos que poner en marcha diferentes mecanismos para saber, por ejemplo, cómo inferir nuevos datos, cómo determinar la finalidad del texto, como ordenar oraciones de temas diferentes, cómo separar las ideas principales de las secundarias, cómo valorar el sentido de aquello que leemos o organizar las informaciones que nos facilita la lectura, etc. La amplia propuesta de Moreno será un manual necesario que oriente en el trabajo de transformar la lectura en un bien necesario.

Gemma Lluch
Profesora de la Universidad de Valencia

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