La venganza de Edison

Javier Sáez Castán
México: Nostra Ediciones, 2010

Con este libro, publicado el año pasado, Javier Saéz Castán ganó el concurso Invenciones 2009 en la categoría de narrativa, una convocatoria de Nostra Ediciones, que precisamente estos días acaba de publicar las bases de la tercera edición. En esta obra sorprendente (como cualquiera de las que escojamos de Javier) nos encontramos una historia teatral, de pocos personajes, pocos escenarios y muchos diálogos. El joven José Carlos Pradera, con nombre de cantante de boleros, llega a la oficina del famoso profesor Vonderbuttis para que este le contrate como ayudante. José Carlos consigue el puesto después de pasar un enrevesado test de diez preguntas, y el profesor se empeña en cambiarle el apellido a Navalón (“¡Vamos, hombre, ni que fuera un conejo!”). Hasta aquí el dramatis personae. La famosa y revolucionaria invención del profesor, la Máquina de Desinventar, promete provocar serios problemas, pues el afán de Vonderbuttis es desinventar la bombilla de Edison (previamente ya había desinventado la tartalufa, y si no recuerdas lo que es, no te preocupes, pues cuando algo es desinventado se borra no solo físicamente, sino de la memoria de todas las personas). Pero el profesor teme la venganza del inventor, que según él aún transita por el mundo de los vivos (si no, ¿cómo se explican los maravillosos inventos que han tenido lugar desde su muerte?). De modo que, parapetados en la oficina, ayudante y profesor se las ingeniarán para prevenir la más que posible venganza, y dilucidar si desinventan o no la bombilla, amén de otros inventos diabólicos.

Tras esta historia disparatada se esconde el no menos disparatado mundo de Sáez Castán, con personajes que parecen sacados de la cabeza del mismísimo Lewis Carroll. Es cierto que hay notables diferencias entre ambos, pese a que parecen compartir un universo común de disparates lógicos, situaciones imposibles y enredos semánticos. Si en Carroll vemos el rigor de la lógica, por muy enrevesada o disparatada que sea, en el imaginario de Javier vemos algo más que eso, una vuelta de tuerca más que nos lleva una vez más a un mundo tan original y sorprendente que solo puede salir de la mente de un genio. Un genio que no obedece las leyes de la lógica, ni de la paradoja, ni siquiera del contrasentido, que mira el mundo desde un ángulo privilegiado que el resto de los mortales no sabemos ni que existe.

Sea o no un genio, que eso lo dirá la historia o los críticos, lo que es innegable es que la voz de Javier Sáez Castán es una de las más interesantes del panorama de la literatura infantil de estos últimos años. Una voz propia, original, diferente, elaborada y atractiva. Y dotada de un sentido del humor irreverente y perspicaz, que también disfrutamos en las ilustraciones burlescas que mezclan el anacronismo de los anuncios de principios del siglo XX con la ironía y el sarcasmo de nuestro tiempo.

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