La montaña de las tres cuevas

Per Olov Enquist
Madrid: Siruela, 2005

Deberíamos recomendar la lectura de esta novelita a los niños que conocemos. Es una historia de aventuras con una peripecia más o menos original, que transcurre en un entorno sin duda atractivo y a un ritmo narrativo agradable.

Pero no es esto lo que deseo destacar del libro. Creo que hay que ensalzar los libros en los que la relación entre un adulto y un niño es sincera, horizontal y no impide el crecimiento de los que participan de la relación sino que más bien lo favorece.

La mirada del adulto es extremadamente respetuosa con el mundo infantil, lo que es de agradecer. Quizá esto suceda en este libro porque el autor escribe las historias que imaginaba para entretener a sus nietos.

Y, quizá por eso, también el personaje del abuelo es cautivador. Se trata de un hombre vitalista, valiente, bromista y aventurero, vamos, un abuelo “de cuento”. Pero su cualidad más valiosa es otra: con él los niños pueden hablar de sus sueños, pues, al igual que estos forman parte de su mundo infantil, también pertenecen al universo veterano del personaje adulto.

Y, ¿qué supone que un niño pueda hablar de sus sueños, como parte de la realidad que vive, con un adulto?

En mi opinión supone, primero, que se propicie una relación rica y natural entre dos mundos con frecuencia distanciados: el adulto y el infantil.

Supone también que los acontecimientos sean vividos de forma consciente por el niño, pues este no es tratado como un ser inferior sino como alguien con experiencias diferentes a las del adulto.

Supone, en definitiva, un intercambio ideal para el entendimiento, y que los que propician dicho intercambio puedan ayudarse a caminar con libertad la senda que les toca, más o menos larga, según el caso.

En el libro la senda asciende por una montaña y se detiene tres veces en tres cuevas que guardan tres secretos. Como la de la vida, la senda de La montaña de las tres cuevas, es difícil de recorrer, pero merece la pena ser caminada, merece la pena desvelar sus secretos y enfrentarse a ellos.

Por esta razón es por la que he comenzado diciendo que creo que este es un libro recomendable. Es difícil que existan abuelos como el del cuento. Por eso es imprescindible que en los libros para niños existan personajes adultos con las cualidades del abuelo de esta novela. La literatura y, también, o sobre todo, la primera literatura, ha de ofrecer referentes que los lectores reconozcan, y otros que suplan los huecos que dejan los referentes por ellos conocidos. La literatura ha de brindar al lector infantil magia y fantasia, pues su mundo está repleto de sueños y magia.

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