La gran pregunta

Wolf Erlbruch
Madrid: Kókinos, 2005

Existe un refrán para glosar este libro extraordinario: lo bueno, si breve, dos veces bueno (y no importa añadirle más veces al refrán).

Lo más sorprendente de este álbum de respuestas quizás consista en el hecho de que la pregunta no aparece escrita por ninguna parte. Y sin embargo es esta pregunta enorme la que sirve para titular el libro.
De hecho, las veintiuna magníficas ilustraciones a doble página que el lector hallará tras la cubierta constituyen el contenido del contingente. Una frase así de pedante merece una aclaración práctica: si se coge el libro, que aparentemente es de formato vertical, y se abre de modo que la cubierta de un giro de noventa grados, se observará que el formato pasa a ser un cuadrado que Wolf Erlbruch ha llenado hasta los bordes con un circulo sobre el que un niño chico parece estar en equilibrio dudoso. El gran maestro alemán de la ilustración obtiene así no sólo una metáfora plástica de esa ardua tarea que consiste en dibujar la cuadratura del círculo, sino también y ante todo, una ingeniosa imagen comunicativa que traducida al lenguaje verbal vendría a ser algo así como: ¿qué hace un chiquillo como yo en un mundo como este?

Pues bien, esa es la pregunta oculta a la que veintiún sujetos aportan respuestas simples, concisas, variadas y lúcidas: “Has venido al mundo para que te acaricien”, dice el conejo; “Para tener paciencia” dice el jardinero;  “Para amar la vida”, dice la muerte; etc.  Ninguna de estas respuestas resulta excluyente respecto a las otras. Es más, incluso al final del libro cada cual puede escribir las que considere más afines con sus objetivos vitales. En este aspecto se trata de un libro abierto a cualquier sugerencia, a cualquier punto de vista, a la pluralidad de opiniones y destinos.

Convendría quizás explicar un poco de la historia de su gestación. Cada año, el departamento francés de Val-de Marne, encarga a un ilustrador de reputación internacional un libro que será regalado a todos los niños y niñas que hayan nacido en esta región (hermosa iniciativa por parte de unas instituciones públicas interesadas en la lectura). En el año 2004 encargaron este trabajo a Wolf Erlbruch, quien, como todos los ilustradores que han participado en la iniciativa, tuvo total libertad de creación. Según confesión propia, Erlbruch pensó en seguida que la mayor duda que se plantean en común un recién nacido y un creador es  la arquetípica “¿Por qué?”. Y se decidió a buscar respuestas plasmándolas gráficamente una tras otra hasta obtener un montón de ellas. El trabajo más costoso vino después, al plantearse por qué orden iban a aparecer en escena  los personajes y sus respuestas, y cuales de ellos iban a ser descartados, con el objetivo de conseguir un libro de lectura sencilla hasta la transparencia, admirativa, flexible, ingeniosa, estimulante, y de efectos enriquecedores para todos sus destinatarios, fuesen de la edad y condición que fuesen.
¡Qué duda cabe de que se cumplieron dichos anhelos! Los numerosos premios locales e internacionales obtenidos por ese álbum exquisito avalan con creces su innegable mérito.

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